13 julio, 2019

La noticia en la era digital (III)

Verdad vs Posverdad

Junto al cambio climático, el hambre, la desigualdad, el populismo y la escasez de agua, la posverdad es uno de los seis problemas del mundo moderno. No es que la desinformación no haya existido antes. Por el contrario, como mecanismo de confusión, tergiversación, manipulación, existe desde siempre. Lo que hoy asombra no es ni su existencia, ni su esencia, sino su velocidad de propagación; la viralización.

El monopolio de la desinformación no está más en los gobiernos, empresas o medios de comunicación. La democratización de las nuevas tecnologías de la información pone al alcance de cualquier persona la posibilidad de intoxicar el espacio informativo, contaminando noticias reales con falsas. 

En nuestro país el ejemplo más cercano es el suicidio del ex presidente Alan García. Desde que se supo la noticia de la gravedad de su estado hubo gente que se resistió a creerla. La red se inundó de fotografías reales y falsas del ex presidente en la sala de emergencia, de tomografías del cerebro dañado, de relatos hechos por terceros a partir de transmisiones de televisión. Esa sensación de incredulidad se mantuvo tras el entierro del ex presidente. Aún hoy existe gente que no cree que Alan García se haya suicidado. Esas personas están convencidas de que el ex gobernante se libró de la justicia, urdió un plan para escapar y salió caminando tranquilamente por el aeropuerto disfrazado de mujer.

Vivimos la era de la posverdad. Cualquier persona tiene los elementos de comunicación al alcance de la mano para fabricar historias reales o falsas. Puede a la vez crear o ayudar a crear corrientes de desinformación. La posverdad vive de la gente escéptica por naturaleza dispuesta a consumir ese tipo de noticias fantásticas, increíbles, escabrosas, burdas o asombrosas y que se retroalimenta de ellas. Antes solo los gobiernos utilizaban estos sistemas de desinformación. Hoy cualquier chico en redes es un potencial perturbador informativo.

Los Algoritmos

La clave para que esto ocurra es la velocidad en que se codifican, transmiten y decodifican las informaciones. Eso es posible gracias a los algoritmos, expresiones matemáticas, que analizan datos y que están en todas partes. Lo controlan todo, desde las operaciones que hacemos en el supermercado, en el cajero del banco, en las atenciones que recibimos en la clínica, hasta en los sistemas educativos que escogemos, la deudas financieras, las veces que viajamos, la forma en que gastamos nuestro sueldo.

Esos códigos matemáticos examinan nuestras búsquedas en internet, nuestro comportamiento en redes sociales, chequean los sistemas de seguridad de nuestras tarjetas de crédito y hurgan en nuestros teléfonos móviles. 

En la mayoría de los casos facilitan las tareas informáticas complejas, pero también hay quienes mal utilizan la información. ¿El resultado? El lado oscuro de la modernidad: fraudes financieros, fake news, discursos de odio, democra-redes, ciberataques y guerra electrónica.

Dura Lex

La respuesta del mundo real no se ha hecho esperar. Alemania, desde el 2018, tiene una ley que impone sanciones a los medios sociales hasta de 50 millones de euros sino eliminan las publicaciones cargadas de odio. La Asamblea Nacional de Francia acaba de aprobar un proyecto de ley similar que exige a las empresas tecnológicas propietarias de redes sociales como Facebook o Twitter la eliminación de los mensajes de odio en un plazo máximo de 24 horas. Si la falta es grave, se propone sanciones económicas hasta 1 millón 250 mil euros. El presidente Emmanuel Macron pretende, además, que el nuevo marco legal pueda detener la propagación de contenido falso en este tipo de servicios.

Pero, no se confundan. El problema de fondo no son las redes, sino quienes las manejan. Sin principios, valores o ética, cualquier tecnología puede generar más daño que provecho.  Los científicos consideran que el  verdadero desafío del presente consiste en pensar «cómo sacaremos (en el futuro) el mejor provecho a la inteligencia artificial para beneficiar a la sociedad y minimizar su daño potencial». El poder de las nuevas tecnologías requiere, como todo poder, un control. El primero, es usarlo con responsabilidad y para solucionar los problemas —reales y virtuales— que el mundo padece. Si eso no funciona, está la ley.



06 julio, 2019

La noticia en la era digital (II)



Tecnología vs investigación
El periodismo es una industria y como tal, desde el lado de la producción, está ligado al desarrollo industrial. La invención del tipo móvil en la imprenta inició la producción en masa del proceso de difusión de ideas. De la impresión de la biblia a los primeros libros, no pasó mucho tiempo para que las noticias se produjeran en cantidades industriales. Las máquinas aceleraron la fabricación de periódicos y luego con la era moderna se extendió y profesionalizó el servicio de venta, distribución y publicidad de los medios. 
La nueva era de las tecnologías de la información siguen impactando e innovando el periodismo. Los buscadores de información ayudan en la producción de  contenidos. Hay, incluso, una nueva especialidad periodística basada en la búsqueda, análisis y procesamiento de información contenida en múltiples plataformas on line, creíbles y serias: el periodismo de datos. Lo que no ha cambiado —ni lo hará— es el valor de la veracidad, el procedimiento obligatorio, deontológico, ético, de contrastación de la fuente, la búsqueda de equilibrio informativo, la imparcialidad y objetividad que tienen o deben tener las noticias.
La automatización de la información no puede reemplazar la esencia misma del periodismo que es la búsqueda de la verdad. Tecnología sin ética es avance, pero no desarrollo, ni personal ni social. El ejemplo del proceso de modernización del  The Washington Post puede ayudar a entender este tema. Hace cinco años, el diario fundado en 1877 fue comprado por el magnate de Amazon, Jeff Bezos. El hombre que inventó una nueva forma de vender libros por internet inició, entonces, el proceso de modernización y transformación digital del legendario periódico. Entre sus periodistas figura Bob Wodward, el mítico periodista de investigación quien junto a Carl Bernstein destapó el CasoWatergate.
Bezos ha hecho una millonaria inversión para colocar al Post en la era digital. Y lo ha conseguido. Hoy el legendario diario norteamericano ha recobrado su crecimiento apostando por una fuerte revolución tecnológica. Pero, al mismo tiempo, ha recuperado prestigio, reputación, credibilidad de marca, apoyando el trabajo de sus periodistas de investigación que tienen hoy todas las herramientas necesarias —incluidas las tecnológicas— para hacer su trabajo.
Las Fake News 
El verdadero peligro que enfrenta el periodismo digital no es la automatización de las noticias, sino su credibilidad. Puede que los robots avancen en la identificación, desarrollo y redacción del “qué”, “quién”, “cuándo” y “dónde”, pero el “por qué” y “cómo” es todavía un coto reservado para la interpretación humana. Los optimistas dicen que siempre se necesitará un editor para contar una historia. Los pesimistas señalan que no por mucho tiempo más. En todo caso, en el terreno de la información profusa que existe en el internet, existe una nueva modalidadse que amenaza el flujo informativo, al punto que ha alertado a diversos gobiernos y entidades públicas y privadas del mundo: las fake news
Los acontecimientos políticos más importantes —Brexit, elecciones en Catalunya, Estados Unidos—han sido contaminados por esta nueva amenaza del periodismo, como especialidad, pero de la sociedad en general; una forma viralizada de escalar noticias abiertamente mentirosas o no reales. Una fake news es una información falsa, engañosa, distorsionada intencionalmente con el objeto de causar daño reputacional. 
En Europa, a raíz de campañas electorales y casos de consulta ciudadana en los cuales aparecieron noticias que perturbaron dichos procesos, se tuvo que nombrar una comisión especial para estudiar este fenómeno y establecer recomendaciones que, en ningún caso, pasaron por leyes reglamentaristas o que signifiquen un límite a la libertad de expresión.  Lo que la comisión de expertos encontró fue que el problema central de las noticias falsas se encuentra en su corazón: los datos.
Los datos son el material de base con el cual el periodismo construye la información. Si estos no corresponden con la realidad, entonces, lo que conviene es corregir la información de manera rápida y eficiente. Esto ha hecho que surja un nuevo tipo de profesional dedicado al “fact-checking”; es decir, a la verificación y al estudio de la desinformación. Por ahora, son grupos independientes de periodistas u otros profesionales que confrontan los datos —con ayuda de la tecnología, el periodismo de datos o el datamining—, para verificar su autenticidad. Por la salud del periodismo, deberán ser las propias empresas periodísticas las que especialicen a sus profesionales en chequear, detectar, escudriñar y aclarar noticias falsas.
Los Fact-Checkers
El otro detalle con la difusión masiva de noticias irreales es su viralidad; y eso se debe a que detrás de ellas hay algoritmos —pequeños demonios convertidos en fórmulas matemáticas—que las hacen crecer de manera exponencial. Estos algoritmos seleccionan la información y la disparan a la estratósfera virtual, aumentando su visibilidad. Algo que deberían aprender las noticias auténticas.
 Si bien la comisión europea concluyó que la desinformación a escalas siderales es un problema, no tuvo el mismo convencimiento para identificar sus causas, el nivel de impacto, las estructuras de amplificación o los intereses asociados a este fenómeno. Señaló, en cambio,  que se trata de un problema multifacético, sin una sola causa potencial y, por lo tanto, con varias aristas en su solución. 
Por lo tanto, la manera de enfrentar las fake news va más por apoyar o promover medios informativos independientes o grupos de profesionales expertos en verificación de datos que hagan uso de fuentes confiables y que a su vez tengan un rápido acceso a los medios multiplataforma.  En otras palabras, crear una comunidad de fact-checkers —al interior de los medios o independiente de ellos— parece ser el mejor camino por ahora para mejorar la credibilidad y reputación de las noticias que circulan en la red. 
Las oficinas públicas y las instituciones privadas tienen aquí el reto enorme de mantener equipos bien afiatados que compartan información y que tengan una relación fluida con las principales compañías tecnológicas para estimular etiquetas de verificación en artículos. En España nacieron, por ejmplo surgieron “Maldita Hemeroteca” y “Maldito Bulo”, dos organizaciones privadas dedicadas a cazar noticias falsas. Pero no solo noticias, sino todo tipo de información que no cumpla con los estándares de veracidad; esto incluye memes, whatsups, posts o cualquier otra pieza digital que navegue el la red y que se viralice.
Aquí en el Perú empezamos a tener ONGS de periodistas que van por ese camino. Periodismo de investigación, de datos. RPP tiene una sección semanal para analizar si las declaraciones de sus entrevistados son verdad, mentira o medias verdades. El Comercio también dedica un espacio —La posverdad de la política— para escudriñar las declaraciones de los políticos y calificar sus declaraciones de verdaderas, falsas o imprecisas. Son avances. Nuevas formas de enfrentar la desinformación. En una era de vértigo informativo, lo más sensato es tomarse un tiempo para meditar, analizar y discernir lo que existe en la red. Porque, como dijo Marco Aurelio, hace cientos de años, todo lo que escuchamos es una opinión, no un hecho. Y todo lo que vemos es una perspectiva, no la verdad.

29 junio, 2019

La noticia en la era digital (I)



Desde el primero de setiembre de 2018, la versión internacional del diario El País de España, que se vendía en papel en el Perú, dejó de circular. Un escueto aviso aparecido semanas antes explicaba que a partir de esa fecha los lectores podrían acceder a su versión on line, gratuita en un primer momento, pero que luego tendría un costo por suscripción.
Es la tendencia mundial. La era de la tecnologización está cambiando nuestra vida a pasos agigantados. Y el papel soporte material que acompañó la difusión de las ideas desde la aparición de la imprenta en el siglo XVestá siendo reemplazado en la era de la información por una pantalla táctil. Estos cambios que empezamos a experimentar son solo las primeras señalas de la llamada Revolución Tecnológica o Cuarta Revolución Industrial. Estamos en medio de una sociedad dominada por la tecnología donde el mundo real se fusiona con el mundo virtual y donde la realidad objetiva se traslapa con la realidad virtual o aumentada. 
Redacción automatizada
En este nuevo mundo, todo acontece a la velocidad del byte. La noticia no es más un producto de profesionales especializados: los periodistasNi siquiera de personas con un teléfono móbil en la mano, corresponsales de todo en todas partes. La noticia hoy en día puede incluso prescindir del ser humano y ser el resultado de sucesivos algoritmos que arman palabras, las unen en conceptos y construyen párrafos enteros hasta elaborar una nota informativa.  Esto es lo que hace un procesador con inteligencia artificial, un robot. 
La pionera en utilizar este nuevo ciberedactor ha sido la poderosa agencia Asociated Press(AP). Desde el 2014, cuando se asoció a un gigante tecnológico,  AP logró desplazar a un grupo de periodistas encargados de producir información y publicar estadísticas sobre la Bolsa de Valores. Los Angeles Times también ingresó al mundo de la redacción automatizada de noticias al viralizar su información sobre un incendio redacatada íntegramente por un procesador de información. The New York Times utiliza ciberedactores en su sección deportes. Su procesador de datos es tan desarrollado que no solo puede redactar resultados, sino que ensaya textos con valoración de las jugadas y sopesa las decisiones del entrenador. 
Andrés Openheimer contaba el año pasado, en una conferencia ofrecida en Lima, cómo él mismo ya empezó a usar los programas de desgrabación para procesar sus entrevistas. “Ese trabajo de desgrabar, corregir y editar ya no lo realiza una secretaria ni un periodista, sino una máquina”, reveló. Su afán por investigar hasta donde estamos avanzando en la relación hombre-máquina  lo llevó a un viaje por los países más desarrollados del planeta.  Luego de conversar con académicos, científicos y empresarios de diversos sectores, encontró que la relación es más bien entre tecnología y trabajo. “El 47% por ciento de los trabajos existentes corren el riesgo de automatizarse o volverse obsoletos debido a los avances tecnológicos y el crecimiento de los productos y servicios en línea que están por venir en los próximos veinte años”, afirma en: “¡Sálvese quien pueda!, el futuro del trabajo en la era de la automatización”.
Diversos informes y estudios confirman esta hipótesis y han empezado a arrojar estadística sobre la automatización industrial; y el periodismo es una industria.Los más cautelosos señalan que en los próximos 25 años, la mitad de los procesos industriales que conocemos estarán completamente automatizados. Los algoritmos están ganando la batalla. Su velocidad de uso es tan  acelerado que no se escapan actividades tan subjetivas, subliminales y artísticas, como la música o la pintura. 
En busca del cibertalento
Por 10 mil euros, lGalería Central de Londres, Christie's, puso en venta “la primera obra de arte pintada por un algoritmo”. Se refería al resultado que arrojó un procesador de información al que se le cargó más de 15 mil pinturas del Siglo XIV y XX: “Retrato de Edmond de Belamy, la imagen de un hombre. La firma al pie del cuadro no dejaba dudas sobre su autor:

Fueron tres artistas franceses de 25 años de edad —Hugo Caselles-Dupré, Pierre Fautrel y Gauthier Vernierquienes crearon esta nueva expresión ¿artístico-tecnológica?, compuesto por millones de pixeles. El reto no fue crear una pintura hecha por una inteligencia artificial. Lo que buscaron sus autores fue que la inteligencia artificial creyera que la pintura ¡fue hecha por un ser humano!

Los jóvenes franceses explicaron así su lógica artístico-logarítmica: "Esta nueva tecnología nos permite experimentar sobre la noción de creatividad para una máquina, y el paralelismo con el papel del artista en el proceso de creación. Queremos que el espectador se centre en el proceso creativo: un algoritmo normalmente funciona replicando el comportamiento humano, pero aprende usando su propio camino".
En un futuro cercano, cibertalento será una palabra que identifique  no tanto a cerebros humanos extraordinariamente hábiles en el manejo de las nuevas tecnologías, sino a procesadores automatizados capaces de pensar por sí mismos y aprender a resolver situaciones inesperadas, incluso  resolver problemas o crear cosas nuevas por sí solos.  (... continuará).



22 junio, 2019

Partidos: no más firmas de adherentes

La reforma política aprobada recientemente en la Comisión de Constitución del Congreso de la República —que sustituye la inscripción de adherentes por la de militantes para legalizar la inscripción de un partido— es un experimento electoral que busca fortalecer la institucionalidad política restringiendo el número de partidos políticos. 

Ya no se necesitará buscar el 4% de electores hábiles, las 700 mil firmas de adherentes que en la práctica significaba acopiar cerca de 4 millones de firmas de manera fraudulenta, para inscribir una nueva organización política, sino, por el contrario, bastará adherir el 0.1% del padrón general de votantes y contar con el respaldo diligente de mínimo 23 mil ciudadanos.

Es el primer cambio de las reformas políticas que reestructura la organización. Pasamos del respaldo pasivo y anónimo al compromiso activo y militante.

Los partidos políticos y las organizaciones políticas regionales tendrán un año de plazo para elaborar su padrón de afiliados, identificar sus cuadros directivos —en especial quienes asuman responsabilidades de índole económico-financiera— y solicitar su inscripción ante el Jurado Nacional de Elecciones.

Los comités partidarios serán conformados por ciudadanos que domicilien en la localidad organizados en grupos de no menos de 50 afiliados debidamente identificados. El partido nacional deberá tener comités en función en al menos 20 de las 25 regiones y en 65 de las 196 provincias que tiene el país. Los movimientos regionales deberán tener comités partidarios en al menos 4/5 de las provincias que conforman sus respectivas circunscripciones.

Hoy con la valla de las 700 mil firmas válidas tenemos 24 organizaciones políticas inscritas en el Jurado Nacional de Elecciones y los peruanos inscritos en algún partido suman 1 millón y medio (6.25% del padrón electoral). Las organizaciones políticas más antiguas en nuestro país sobrepasan los 150 mil militantes, pero en sus elecciones internas difícilmente se movilizan más de 20 mil partidarios. Es muy probable que al desaparecer el requisito de las 700 mil firmas —complicado, trabajoso y sumamente oneroso, tanto económica como logísticamente—se pueda pensar en una explosión de partidos políticos.

Depende de lo que se entienda por partido político. Si calificáramos a los partidos por sus comités de base en funcionamiento, difícilmente quedaría una organización en pie. Mantener, pues, vivo un partido político no es tarea fácil.

Tener comités de base de 50 militantes activos en al menos 4/5 de las provincias o las regiones requerirá algo más que un solvente poder económico —grande o mediano, limpio u oscuro— que se infiltre en la política, organice estructuras a nivel regional o nacional y pretenda subirse a cuanta tómbola electoral se realice. 

Mantener una organización política viva requiere convicción, ideario, pasión. Un partido es un concierto de voluntades en pos de un objetivo común. Una lista de ciudadanos no hace un partido. Se requiere el vigor de las ideas, la fuerza de la organización y el iderazgo de sus militantes para estudiar los problemas locales, regionales y nacionales y proponer alternativas de solución.

Sin ideas no hay partidos. Solo templos de reunión.  



15 junio, 2019

Partidos: pensar en el Perú

En un interesante artículo sobre el tipo de partidos políticos que debiera tener el Perú, Carlos Meléndez propone tener una especie de think-thanks que abordan, estudian, analizan, temas relevantes y transforman las ideas en iniciativas que podrían ser incluso legislativas.

Touché. Es el debate de fondo. Qué tipos de organizaciones políticas tenemos y qué tipo de partidos necesitamos. Por ahora, nuestras casas políticas no ingresan en las categorías ni de partido de masas, ni de cuadros, ni en la de catch-all party.

No tenemos partidos. Tenemos clubes de barrio abandonados. Ventanillas de empleo precario. Bolsas de trabajo a futuro. Cuadrillas de cargadores que se activan cuatro meses antes de la campaña electoral.

En principio, carecemos de partidos con ideología. No tenemos tampoco organizaciones con estructuras democráticas, sino producto de artilugios legales, componendas sectoriales, cuando no, resultado de imposiciones económicas.

No existen equipos que se dediquen a pensar en los problemas del país. Ni siquiera a conocer su realidad local o regional. Ni qué decir de la dimensión nacional. El factor internacional, simplemente no existe. 

Los partidos tienen estructuras organizacionales del siglo XIX. Las secretarías responden a un ordenamiento vertical, jerarquizado, muchas veces autoritario, que mantiene el control, pero también lo viejo. No permite que fluya el cambio.

Se requieren partidos que funcionen no como shadow cabinet, escondidos, en la sombra, sino como luminous cabinet, abiertos, interdisciplinarios; un gabinete luminoso en ideas. Que estudie el país. Que proponga soluciones. Que aporte puntos de vista. Que debata con altura. Que fortalezca las instituciones, afirmando la democracia en lugar de conspirar contra ella. 

Belaunde tuvo esa práctica desde que apareció en política. En 1956, cuando se presentó por primera vez y no ganó, se reunía todos los lunes con sus diputados electos para analizar la realidad nacional. Algunas veces, invitaba a un experto a exponer un tema de actualidad. De esas conversaciones y debates intensos emergían proyectos de ley y luego normas que cambiaban la realidad.

En el 62 y 63 –antes de llegar al poder–, los encuentros fueron almuerzos, todos los lunes en el Maury. En una de esas reuniones se analizó la obsolescencia del sistema electoral a través de papeletas que cada partido debía llenar en busca de votos y Belaunde le encargó a Javier Alva Orlandini que estudiara el caso. El resultado fue una nueva ley general de elecciones, bajo el principio de votación secreta y universal que usamos hasta hoy.

La premisa básica del partido y su rol fundamental debiera ser pensar en el Perú. Organizar equipos, estudiar a fondo temas de actualidad, problemas sociales que preocupan a la gente y generar consensos para aportar a su solución. Eso, mientras no están en el gobierno. Cuando llegan, su obligación es poner en práctica lo estudiado. Un partido debe ser primero que nada una casa de ideas.


09 junio, 2019

Confianza a plazos


La cuestión de confianza aprobada recientemente por el Congreso de la República (77 a favor, 44 en contra y 3 abstenciones), no cierra definitivamente la crisis de poderes. Es apenas el primer capítulo. Una confianza a plazos.

El segundo y definitivo round vendrá tras la forma final que tendrán los seis proyectos de reforma presentados tras su deliberación y aprobación en el Congreso.

Lo único claro es que el Congreso no tiene vocación de mesa de partes. Y que el ejecutivo defenderá la esencia de los proyectos. 

¿Aceptará, entonces, el gobierno los cambios que introducirá el Congreso a los proyectos presentados? O, por el contrario, ¿inferirá que los mismos han sido modificados, tergiversados, desnaturalizados? Y si esto es así ¿interpretará que la confianza solicitada no le ha sido otorgada por lo que, la disolución del Congreso, volverá nuevamente a la palestra?

No hay coincidencia en la opinión de los constitucionalistas. Sus razonamientos están en uno y otro lado. 

Hay quienes consideran que, aprobada la confianza, se supera el incidente y el Congreso tiene la potestad de reformar la constitución sin que penda sobre su institucionalidad una espada de Damocles. Pero hay también letrados que señalan todo lo contrario y que de alterarse la esencia de los proyectos se entenderá que la confianza otorgada ha sido traicionada y quedará expedito el camino para que el ejecutivo disuelva el Congreso.

Este segundo capítulo, entonces, no se dirimirá por la vía legal-constitucional, sino por el político. El ejecutivo levantará la bandera de que las reformas políticas son necesarias para avanzar en la modernización del país y el legislativo defenderá la autonomía de su fuero en materia de reforma constitucional. Quien venda mejor su respectiva posición ante la opinión pública, inclinará la balanza.

En las próximas semanas sabremos si el espíritu de diálogo y acuerdo que desplegaron varios congresistas durante el primer tiempo de la cuestión de confianza, se mantiene o si, por el contrario, asistimos a un nuevo capítulo de crispación, desentendimiento y choque de poderes, que volverá a zarandear el país. Una confianza a plazos y en dos armadas.

01 junio, 2019

Confianza y esencia


Entre trabajar y construir el consenso en torno a las reformas políticas o coincidir con la calle y patearle el trasero al legislativo, el ejecutivo prefirió lo segundo. Estamos a punto de una colisión de poderes. El ejecutivo pretende que el Congreso le apruebe, de manera express, cinco proyectos de reforma política empaquetados en un corsé de tiempo y forma que deja al primer poder del Estado casi como una mesa de partes.

El cierre o disolución del Congreso es inminente. La confianza solicitada por el ejecutivo no puede estar basada en un acto de fuerza. Ni en una atribución que no se tiene. El Art. 206 de la Constitución lo señala expresamente: “La ley de reforma constitucional no puede ser observada por el presidente de la República”.

El presidente carece de la facultad de observar una ley de reforma o modificación constitucional. Si no tiene esta atribución, ¿cómo podría el ejecutivo argumentar que el Congreso ha variado la esencia de una norma de reforma constitucional y, por consiguiente, interpretar que no se le ha dado la confianza? 

Un poder no puede reclamar una función que la ley no le faculta. Sin esencia no hay confianza, That´s the question.

Además, ¿ha reparado el ejecutivo en la incongruencia insalvable que existe entre realizar elecciones internas, abiertas, simultáneas y obligatorias para toda la ciudadanía con la finalidad de elegir a los candidatos de las organizaciones políticas (Proyecto de Ley N.- 4187/2018-PE) y el proyecto que elimina el voto preferencial en las listas parlamentarias y establece la alternancia y equidad de género en la composición de dichas listas (Proyecto de Ley N.- 4186/2018-PE)?

Si las organizaciones presentan listas alternas y con equidad de género en las primarias, estas variarán apenas termine el escrutinio de esos resultados. Y si, por el contrario, lo que se pretende es que la lista final presentada a las elecciones generales y parlamentarias tenga el criterio de equidad de género y alternancia ¿para qué hacemos primarias si no vamos a respetar el orden dictado por el electorado?

Lo más sensato es realizar primarias y que se ordenen las listas según los votos obtenidos. Alterar este orden electoral meritocrático traerá más injusticias que remedio.

Una reforma política requiere tiempo, debate más allá de las organizaciones políticas y mucho trabajo para construir consensos. El Acuerdo Nacional puede convertirse en un foro de discusión en el que se expresen los diversos grupos políticos, económicos y sociales. Es la hora de las instituciones. El Tribunal Constitucional debe ser consultado.

Estamos a punto de tirar todo por la borda y entrar a una vorágine electoral interminable. Nuevo Congreso. Referéndum. Elecciones generales. Otra vez nuevo Congreso. Una cosa de locos. Dejemos que este Congreso termine sus funciones y que sea un nuevo Parlamento, el 2021, el que asuma, sin urgencias, ni presiones, la tarea de reestructurar, reformar, modernizar, nuestras reglas de juego y convivencia social. No juguemos con la democracia. 


25 mayo, 2019

Juego de Tonos


El ejecutivo y el legislativo han elevado sus decibeles.

Esta semana, ambos poderes del Estado cruzaron declaraciones altisonantes, estridentes, de uno y otro lado, al punto de volver a zumbar en la opinión pública el cierre o disolución del Congreso.

A todas luces, un diálogo de sordos. Un fracaso más de la política, entendida como diálogo y construcción; y más bien un punto a favor del espíritu de confrontación y ataque.

El quid del asunto es la reforma política. Un conjunto de 12 proyectos elaborados por una comisión de expertos a pedido del ejecutivo que el Congreso ha decidido entrampar, cuando no fondear, en el tacho de basura.

El primer despojo fue el proyecto que buscaba arrebatar la inmunidad parlamentaria para entregarla a la Corte Suprema. Un proyecto atractivo para el pueblo —siempre opuesto al Congreso—, pero imposible para una representación encabritada, arisca, mayoritariamente opositora como la que tenemos.

En lugar de persuadir y trabajar los votos para la aprobación de la reforma, el gobierno prefirió la pechada al Congreso y la denuncia a la opinión pública.

Pero, ¿es realmente la inmunidad parlamentaria la principal de las reformas o acaso el principal problema del país? Ni uno ni otro. Es más bien un estilete contra la autonomía legislativa. 

El castigo a los congresistas por demorar, entrampar o encubrir a un colega en problemas con la justicia, se paga en las urnas. 

La inmunidad legislativa es un principio del equilibrio de poderes. Tiene su origen en el abuso de cualquiera de los otros poderes. Permite a los congresistas actuar sin una espada de Damocles sobre sus cabezas.

Es cierto también que hay un abuso de parte de los representantes ante el pedido de la justicia de levantamiento de su inmunidad por delitos que no son inherentes a su función pública o, mejor dicho, por delitos abiertamente comunes.

En ese caso, una buena salida es colocar un plazo prudente para hacer efectivo el requerimiento judicial y aplicar el silencio administrativo positivo. Si el Congreso no resuelve el pedido de la justicia en el plazo previsto; la justicia, procede en consecuencia.

Nada se consigue elevando el tono de la disputa entre poderes. Más bien, el ruido que genera la disonancia, acompañada de estridencia, preocupa a la sociedad y desalienta la economía. Modulemos, pues, el debate.


05 mayo, 2019

Pisco: sana competencia


Hay consenso en diversificar la producción como mecanismo para mejorar la canasta exportadora y dejar de ser una economía primario exportadora. Lo que se discute es el cómo. Los Centros de Innovación Tecnológica son un modelo para, desde el Estado, ayudar a los pequeños productores a mejorar sus productos, estandarizar los procesos de producción, dinamizar su comercialización y potenciar su participación en el mercado interno como externo. 

Hemos tenido, sin embargo, desde el propio gobierno, en diferentes etapas, experiencias que han apoyado estas iniciativas y otras que las han relativizado y hasta desincentivado. El argumento para no apoyar los CITE ha sido producto de la visión ortodoxa de la economía que indica que el Estado debe abstenerse de cualquier actividad productiva que signifique competencia desleal a las inicitivas privadas.

¿Pero puede calificarse de competencia desleal la transferencia tecnológica que genera el CITE Agroindustrial Ica (CAI) para cientos de pequeños productores que sin tener tierras ni bodegas se atreven a procesar Pisco de calidad en las  instalaciones del CAI?

Inaugurado en abril de 2002, el entonces CITE Vid Ica tenía 4 técnicos especialistas en manejo de la uva y procesamiento del Pisco. Desde entonces, su labor fue investigar, promover mejoras y prestar asistencia técnica a toda la cadena de producción de Pisco; desde la siembra de la uva y manejo de suelos y plagas, hasta la cosecha, post cosecha y fabricación del destilado de uva.

A lo largo de estos 17 años de existencia el ahora CITE Agroindustrial Ica logró asesorar e incubar 118 exitosas empresas productoras y exportadoras de Pisco, y formó y capacitó a más de un centenar de pequeños productores, quienes, en conjunto, han elaborado más de 500 mil litros del mejor destilado de uva.

El CAI no es competencia para las grandes bodegas productoras de Pisco. No puede serlo con sus menos de 50 mil litros/año que produce en un mercado que registra una producción anual entre 6 y 10 millones de litros de Pisco. 

Hoy, este centro de innovación tecnológico tiene 40 técnicos de primer nivel expertos en diferentes rubros agrícolas —no solo uva—, que desarrollan investigación y asesoramiento en control de plagas, desarrollo y manejo de cultivos, procesamiento y transformación industrial de diversos productos agrícolas.

El CAI no es competencia desleal. Su servicio está a disposición de todos, pequeños, medianos y grandes productores. Los laboratorios del CAI, en todo caso, compiten con los laboratorios privados de las grandes bodegas en exigencia y búsqueda de calidad. Y este tipo de competencia es bueno, porque exige a todos los productores a innovar, renovar. Incentiva a mejorar.

La transferencia tecnológica del CAI es por tres años para cualquier productor. El primer año es de aprendizaje, el segundo de consolidación y el tercero de expansión. Así hemos pasado de 16 marcas más o menos reconocidas que habían hace 20 años a casi 400 que existen ahora. 

Esta semana, el renovado CAI fue visitado por el fundador presidente de USIL, Raúl Diez Canseco Terry, su creador, en el marco del Récord Guinness alcanzado con la degustación de Pisco más grande del mundo. 899 degustadores reunidos en un mismo lugar para probar tres tipos de Pisco. Es la manera de incentivar el consumo del Pisco y llevarlo más allá de nuestras fronteras: Innovar, probar, competir, promover. Hay que incentivar la competencia, no desalentarla. ¡Salud!




18 abril, 2019

La Historia lo juzgará


Entre la humillación de la cárcel y el fin de su vida, Alan García eligió su destino. Antes que verse acusado por la justicia, entregó lo más preciado que tiene el ser humano. Ante la disyuntiva de perder la libertad o la vida, decidió hacer justicia por mano propia. Con los agentes esperándolo en la sala de su casa para detenerlo, se encerró en su dormitorio, tomó su arma y se disparó un balazo en la sien.

La vida es solo un entrenamiento para la muerte, sostenía Platón. Una manera de resumir el sentido de vivir. Una pugna entre la pasión y la virtud; entre lo banal y el conocimiento. Entre la ética y lo inmoral. 

Si esto es así para el común de los mortales, qué es la vida para los políticos. Un entrenamiento para la Historia. O debiera serlo, en todo caso. Una oportunidad para dominar los caballos alados de Fedro y elevar el carro sin perder el equilibrio de conducirlos con mano firme.  

¿Dónde se ubica la política? En ambos mundos. En la luz y en la oscuridad. En la teoría y la práxis. En el mundo de las ideas, pero también en el de las pasiones, en la dura, pragmática, realidad. En la ética y su permanente lucha de contrarios.

La decisión de García no fue un acto desesperado. Ni cobarde. Fue un acto político. Razonado. Quizás algo alterado por el desequilibrio emocional del momento. Pero, de todas maneras, una circunstancia pensada que requiere valor para convertirla en una decisión final. 

Cuando eres político y libre de culpas la cárcel no es un castigo, sino una pascana en el camino. El acto de terminar con su vida no lo vuelve inocente. Ni lo exime de los errores o delitos cometidos. La muerte no lo redime. Pero no se puede negar que la muerte por honor, aún cuando sea por temor,  acorralado por la justicia, otorga dignidad a la política. 

Entre la Justicia o la Historia, Alan prefirió el juicio de la Historia. La muerte así meditada, no es un acto de locura, sino de razón pura, mirando no lo efímero y cotidiano, sino lo trascendente y permanente. Ahora, ya no serán solo los hombres, sino la Historia, la que finalmente lo juzgue.

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ACTUALIZACIÓN

(Viernes, 19 de abril de 2019) En el segundo día del velatorio de Alan García, en local central del Partido Aprista, una de sus hijas, Luciana García Nores, leyó una carta que el padre dejó a sus hijos. Con este documento, se esclarece que la decisión fatal del expresidente fue un acto pensado y planificado; el último acto político de un hombre político. "... le dejo a mis hijos la dignidad de mis decisiones; a mis compañeros, una señal de orgullo. Y mi cadáver como una muestra de mi desprecio hacia mis adversarios porque ya cumplí la misión que me impuse".

Carta de Alan García


“Cumplí la misión de conducir el aprismo al poder en dos ocasiones e impulsamos otra vez su fuerza social. Creo que esa fue la misión de mi existencia, teniendo raíces en la sangre de ese movimiento.
Por eso y por los contratiempos del poder, nuestros adversarios optaron por la estrategia de criminalizarme durante más de treinta años. Pero jamás encontraron nada y los derroté nuevamente, porque nunca encontrarán más que sus especulaciones y frustraciones.
En estos tiempos de rumores y odios repetidos que las mayorías creen verdad, he visto cómo se utilizan los procedimientos para humillar, vejar y no para encontrar verdades.
Por muchos años me situé por sobre los insultos, me defendí y el homenaje de mis enemigos era argumentar que Alan García era suficientemente inteligente como para que ellos no pudieran probar sus calumnias.
No hubo ni habrá cuentas, ni sobornos, ni riqueza. La historia tiene más valor que cualquier riqueza material. Nunca podrá haber precio suficiente para quebrar mi orgullo de aprista y de peruano. Por eso repetí: otros se venden, yo no.
Cumplido mi deber en mi política y en las obras hechas en favor de pueblo, alcanzadas las metas que otros países o gobiernos no han logrado, no tengo por qué aceptar vejámenes. He visto a otros desfilar esposados guardando su miserable existencia, pero Alan García no tiene por qué sufrir esas injusticias y circos.
Por eso, le dejo a mis hijos la dignidad de mis decisiones; a mis compañeros, una señal de orgullo. Y mi cadáver como una muestra de mi desprecio hacia mis adversarios porque ya cumplí la misión que me impuse.
Que Dios, al que voy con dignidad, proteja a los de buen corazón y a los más humildes”.


07 abril, 2019

El Bono Joven Bicentenario


La Contraloría General de la República que dirige Nelson Shack ha iniciado un cambio, acaso una revolución, y antes de que lo perdamos —como dijo el premier Del Solar en el Congreso—, ha echado mano al bono demográfico, el bono joven. 

El contralor ha realizado una convocatoria para captar 10,598 jóvenes voluntarios que colaboren en la supervisión y monitoreo de 5,454 obras públicas contenidas en el Plan Integral de la Reconstrucción con Cambios. 

Pero, además, ha anunciado que tomará autoridad de las Oficinas de Control Interno de las municipalidades para convertirlas en unidades profesionales y operativas que no dependan del alcalde, sino de la propia Contraloría en la que participen, debidamente contratados, abogados, auditores, ingenieros, economistas.

Es una manera espectacular de apostar por los jóvenes. Y por el cambio. Por hacer las cosas de manera diferente. Apelando a  la mística que tienen los chicos y chicas por colaborar con su país en actividades concretas de lucha contra la corrupción.

Me hace recordar a una propuesta que hice hace varios años, para crear el Servicio Civil Universitario, un sistema remunerado de participación de nuestros jóvenes bachilleres para trabajar en las comunidades más necesitadas del país.

El sistema permitía a jóvenes universitarios aplicar sus conocimientos en las comunidades más necesitadas de las zonas urbano marginales y/o rurales del país. La idea tenía un doble impacto. Por un lado, los profesionales conocerían mejor su país y tendrían además la oportunidad de aplicar los conocimientos adquiridos en las aulas en la realidad; y por otro, nuestra gente pobre aprovecharía los conocimientos de sus mejores hijos y mejorarían su calidad de vida.

El Servicio Civil Universitario para todas las profesiones sería emprender una verdadera reforma universitaria, vinculando a jóvenes profesionales egresados de todas las carreras profesionales. Miles de jóvenes profesionales egresados de las universidades públicas y privadas se incorporarían rápidamente a trabajar con las comunidades campesinas, organizaciones rurales, barriales y juveniles, pero también con las municipalidades o gobiernos regionales, para asesorar técnicamente a poblaciones pobres del campo y de las ciudades. O, como ahora, ayudar al contralor general a luchar contra la corrupción.

El sistema de movilización y participación universitaria se aplica en México, Costa Rica, Chile, Argentina, entre otros países de la región. En nuestro país existe el Servicio Rural Médico (SERUM) para los estudiantes de Medicina y el Servicio Civil de Graduandos (SECIGRA) para los estudiantes de Derecho. La convocatoria de la Contraloría demuestra que se necesitaba ampliar el sistema otras carreras profesionales.

Los bachilleres en Arquitectura y Urbanismo, Ingeniería Civil, por ejemplo,  podrían trabajar con los asentamientos humanos de Lima a través de los gobiernos locales o regionales o ayudando a formar Núcleos Ejecutores para desarrollar proyectos en habilitación urbana, titulación, mejoras en autoconstrucción de casas, escuelas, cunas, calles o lozas deportivas.

Los administradores o economistas podrían asesorar a las poblaciones de escasos recursos en cómo obtener un título de propiedad, cómo abrir un negocio, alquilar un bien o constituir una empresa. Los abogados, en reclamos de pensiones, juicio de alimentos o procedimiento legal frente a actos de violencia familiar.

Los educadores, los trabajadores sociales, los comunicadores se integrarían a proyectos locales de reforzamiento escolar, alfabetización, preparación pre-universitaria, clubes de lectura, talleres de ciencia o enseñanza del idioma inglés. Los politólogos podrían ayudar a las organizaciones locales o regionales a diseñar mejores políticas públicas.

En el campo, operarían equipos multidisciplinarios de ingenieros agrícolas, zootecnistas, industriales, nutricionistas, profesionales de cocina, administradores en hotelería y turismo, etc., para ayudar a los pobladores de las zonas más pobres a poner en valor sus activos culturales, agropecuarios, ecológicos.

Los jóvenes esperan sólo la oportunidad de ser útiles. La fuerza de voluntariado existe. Y la necesidad de trabajar también. El Servicio Civil Universitario no sería oneroso para el Estado. En el Perú existen unos 780 mil estudiantes universitarios, de los cuales, 50 mil terminan cada año su carrera. En una primera etapa se podría convocar a 20 mil estudiantes. Si se les paga 1,200 soles a cada uno de ellos, sería 288 millones de soles anuales, menos de la cuarta parte de lo que pagará el gobierno este año en consultorías.

El Perú es un país joven en edad. Pero si no hacemos algo ahora, corremos el riesgo de que en pocos años, como advirtió bien el presidente del Consejo de Ministros, Salvador Del Solar, citando un informe de la CEPAL, el Perú y América Latina perderá el bono demográfico.

Apostemos por los jóvenes. ¿Qué tal si  empezamos por aquilatar la idea del contralor —podríamos hacer un esfuerzo por transformar la medida de voluntaria a remunerada— y la convertimos en una política de Estado, en honor a los jóvenes del Perú Bicentenario?