Politikha / Blog de Luis Alberto Chávez

07 agosto, 2017

Venezuela: ¿en el nombre del padre o del hijo?


¿Puede la política separar al padre del hijo?

Sí, por supuesto, y allí están los cientos –acaso miles– de historias de familias venezolanas desgarradas por la insania de un gobierno que no lo detiene ni el rechazo, ni las movilizaciones, ni la sangre.

Más de 120 muertos, estudiantes universitarios en su mayoría, pero también menores de edad y hasta infantes. Todo el horror necesario para mantenerse en el cargo y sustituir una a una las piezas de poder.

Hijos que salen a las calles a protestar. Padres sometidos al poder de turno.

Es el caso del recientemente nombrado fiscal general de Venezuela, Tarek William Saab, ex defensor del Pueblo de ese país, enfrentado y distanciado políticamente de su hijo, Yibram Saab.

En abril de este año, cuando la violencia arreciaba en diversos puntos de Venezuela, y los disparos de las fuerzas de seguridad cobraban vidas de inocentes jóvenes universitarios, el joven Yibram, estudiante de Derecho, salió a protestar a las calles.

Y, de paso, se enfrentó a su padre.

Tras ser agredido por las fuerzas de seguridad, Yibram preparó un comunicado en el que protestó por la muerte del joven Juan Carlos Pernalete.

Lo escribió, lo grabó con su teléfono y lo subió a las redes.  (http://www.bbc.com/mundo/media-39738732)

“Ese pude haber sido yo”, acusó Yibram.

Allí mismo le pedía a su padre que reflexionara sobre la situación de violencia que vivía su país e “hiciera lo correcto”, para ponerle fin.

Tarek William Saab era en ese momento el defensor del Pueblo, sumiso al régimen de Maduro.

Padre e hijo marcaron posiciones diferentes. Enfrentados por principios antagónicos.

Yibram representa a todos los hijos que salen hoy a las calles en Venezuela para reclamar que su país reencuentre su cauce democrático.

Tarek es el padre que no escuchó, ni respondió al hijo, y que acaba de renunciar a la Defensoría del Pueblo para ser nombrado fiscal general por una Asamblea Constituyente espuria.

El problema es la perversión de la política, su transformación en dictadura pura y dura.

Quien mancha el poder con sangre; corrompe, degrada, envilece, el fin supremo de la sociedad que es el ser humano, es decir, la política.

Entonces, ¿puede la política separar al padre del hijo? Si se envilece, claro que puede. Pero también puede reivindicarse, separar al hijo del padre y recuperar los valores en la política. 


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