24 junio, 2018

Laboratorio político


El Perú no deja de ser un laboratorio activo para la ciencia política.

A lo largo de los últimos tiempos hemos experimentado: gobiernos militares vía golpes de estado directos, retorno a la democracia vía un proceso constituyente, violencia política y terrorismo, autogolpe de estado y autoritarismo competitivo, crisis de partidos políticos y surgimiento de los autodenominados independientes, coaliciones locales y regionales de líderes antipartidos, movimientos y partidos penetrados por los poderes informales (narcotráfico, minería ilegal), República sin ciudadanos, democracia sin partidos y partidos sin democracia manejados por familiares o grupos de poder económico.

Pero lo que ahora conocemos abre un nuevo capítulo.

Estamos ante un gobierno constitucional sin representación parlamentaria oficial. Un modelo que desbarranca al partido que lo llevó al poder para depender o aliarse con el partido al que derrotó en la campaña general.

Todo en aras, no de la gobernabilidad, sino de la sobrevivencia del régimen.

No es una alianza ni tácita ni explícita, ni un pacto o acuerdo, ni un co-gobierno. Es una estrategia de ocupación y manejo del gobierno. Un estado de situación y de hecho.

Una constatación de la realidad que esta semana se desbordó por boca de los integrantes de Peruanos por el Kambio, la agrupación política que ganó las elecciones, pero que al caer su presidente fue relegada de los nuevos círculos del poder del sucesor constitucional.

Es un gobierno legítimo, por cierto, pero sui generis. Es un gobierno sin bancada parlamentaria. Un aporte del cambiante proceso político peruano a la ciencia política.

Es la expresión de un nuevo grupo de poder gestado al interior del grupo que ganó las elecciones. 

Si esta facción hubiera acordado con el grupo opositor un operativo para sacar al presidente de turno, sería complot, conspiración. Si no, estamos simplemente ante una sucesión constitucional.

Pero, si al asumir el gobierno —legítimamente heredado—, esta nueva facción sellara por lo bajo un acuerdo o asociación con el grupo que perdió las elecciones, sería un acto censurable.

Llegar a un acuerdo con tu enemigo o rival es válido, lícito y hasta común, siempre que sea sobre la mesa. Hacerlo en las sombras, bajo la mesa, es contubernio.

Por ahora, lo concreto es que el gobierno no coordina con la bancada original con la que llegó al poder. La ignora. No le hace caso. No le consulta. Ni le contesta el teléfono.  Un poco avanzaron esta semana, luego de la pataleta de sus principales voceros. Se reunieron y convinieron en seguir coordinando. Algo es algo.

El Ejecutivo requiere un interlocutor válido en el Legislativo. Una bancada que le permita desplegar su estrategia de gobierno, tejer alianzas o buscar votos para aprobar las reformas o leyes que necesite.

La lógica y la ética indican que esa bancada debe ser la que ganó las elecciones y con la que se llegó al gobierno. Excepto que estemos ante una nueva re-alineación de fuerzas y tengamos no solo un nueva expresión de gobierno, sino una nueva conformación del poder. Allí sí, todo encaja. 

*** ACTUALIZACIÓN***

48 horas después de publicar este post, el Presidente Vizcarra se reunió con la bancada parlamentaria de Peruanos por el Kambio en un restaurante. Fue una reunión informal, amigable hasta donde se sabe, con el objetivo de reafirmar lazos y reconstruir puentes. Esta semana que viene volverán a reunirse, esta vez para tratar asuntos de gobierno. Nada mal. Se empiezan a limar asperezas. Las críticas de los parlamentarios se centraron en el presidente del Consejo de Ministros, César Villanueva, quien tendrá que realizar sus mejores esfuerzos para recomponer la relación.




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