28 septiembre, 2019

Halcones y Palomas




Los individuos, como los grupos, para obtener algo en la naturaleza, luchan. Tienden a disputar algo que consideran vital para su supervivencia. En el reino animal, puede ser el alimento, alguna hembra o el territorio. En el mundo humano es eso y, además, el poder. 

En política, halcones y palomas no son dos especies distintas, sino dos tipos de comportamientos, dos inteligencias, dos actitudes que dirimen un proceso de negociación que tiene de cooperación y conflicto. Como en la teoría de juegos, las luchas empiezan con insinuaciones, amenazas y demostraciones de fuerza, antes que con verdaderos choques. 

Las palomas buscan imponerse mediante el diálogo, los halcones en cambio buscan resultados usando  la fuerza. Las negociaciones del premier Salvador del Solar con diversos grupos políticos del Congreso, incluyendo al principal opositor Fuerza Popular— a los que ofreció el retorno del Senado y la posibilidad de que los actuales congresistas puedan postular a él, es una clara conducta de paloma. Correcta, por cierto. 

Ser paloma no es ser blando, ni miedoso. En la mayoría de los casos exige una alta dosis de sensatez y responsabilidad. La propuesta de Del Solar fue correcta. ¿Qué pasó, entonces? Un halcón encerrado no se anda con rodeos. Se lanza sobre el objetivo de manera rapaz. En todo momento hará uso de su fuerza con tal de obtener su propósito. Una mente de halcón usa todos los métodos a su alcance, incluido el engaño y la traición. 

El premier conversó de manera reservada con anuencia del presidente Vizcarra (¿así fue, no?). Pero, quizás, confió demasiado en su capacidad expositiva y de interlocución; y no se dio cuenta de que el halcón no tiene piedad al momento de apretar sus garras. Al no oficializar, ni hacer pública, su ronda de conversaciones perdió la oportunidad de obtener el respaldo de la calle. 

Una interrogante salta a la vista. ¿Qué rol asumió el presidente Vizcarra? ¿Halcón o paloma? Por lo que que acaba de señalar la primera vicepresidenta Mercedes Aráoz —al parecer el presidente le comentó sobre su deseo de renunciar, su papel fue al comienzo el de una paloma desconfiada y al final el de un halcón medroso. 

Cooperantes y explosivos, pacifistas y agresivos, conciliadores y extremistas, hay en todos los grupos. En el mundo de los humanos, los mismos actores pueden adoptar e intercambiar ambos roles por momentos e indistintamente. El premier fue claramente paloma cuando intentó una salida negociada y halcón herido al sentirse traicionado.

El peor desenlace para todos ocurre cuando ambos jugadores caen en el rol halcón-halcón. La ganancia, entonces, es de suma cero. La inteligencia, el sentido común, el deber patriótico —llámesele como se le llame— debe servir para equilibrar los roles de cooperación y conflicto. No hacerlo es terminar despellejándose unos y otros. Y en ese juego, perdemos todos.


21 septiembre, 2019

Fin del juego


Hay un tiempo para dialogar y un tiempo para actuar. Estamos al borde de concluir el primero y los peruanos no tenemos certeza de cómo será el segundo. Es una situación sui generis en la que los poderes del Estado no han sido capaces de encontrar una vía de entendimiento, ni siquiera de acercamiento. 

El diálogo ha estado ausente, aunque no así la palabra. El presidente Vizcarra ha repetido en diversos escenarios —en provincias y foros sectoriales— su mismo planteamiento; la necesidad de terminar la crisis política vía una respuesta política: el adelanto de elecciones. 

El Congreso, en cambio, ha movido más piezas en el tablero. Ha sensibilizado el sector externo con la visita del presidente del Congreso, Pedro Olaechea, al secretario general de la OEA y la consulta a la Comisión de Venecia. 

La batalla final en el área legal, sin embargo, el Congreso la prepara en el Tribunal Constitucional, recomponiéndolo.

Ambas estrategias, opuestas y en rumbo de colisión, se encontrarán en una semana, a fines de setiembre, cuando se cumpla el plazo final que el ejecutivo le dio al legislativo para resolver el adelanto de elecciones y el recorte del mandato.  

¿Qué puede pasar? Nadie lo sabe. Las alternativas van desde la cuestión de confianza y cierre del Congreso hasta la convocatoria a una Asamblea Constituyente para reformar la Carta del 93 y dejar al actual Parlamento en estado catatónico. 

Cualquiera que fuera la salida, dividirá al país. No hay forma que alcancemos el consenso con fórmulas no dialogadas, sin debate, ni voluntad política. El juego oculto, las cartas bajo la mesa, el golpe, son mecanismos de maña y fuerza, no de juego limpio.

El antagonismo es consustancial a la política en la definición Schmittiana del término (amigo - enemigo), pero eso no puede ocultar que también es inherente al ser humano el esfuerzo racional que implica el diálogo y la búsqueda del consenso. 

Llevar la política al reino de lo irracional es ingresar al mundo de la antipolítica. Conducir al país por el camino de la crispación en lugar del entendimiento, la intolerancia en lugar de la tolerancia, la confrontación permanente en lugar del consenso o del término medio, es llevarlo directamente al despeñadero. 

Se viene el rayo. Ojalá la población distinga bien quiénes son los responsables de haber armado esta tormenta. 

08 septiembre, 2019

El final se acerca

No se ve una luz al final del túnel. Tal parece que llegamos a un desenlace oscuro. Sin acuerdo conversado de salida a la crisis política. El encuentro entre Vizcarra y Olaechea no ha significado una definición. En ninguno de los dos sentidos. Ha sido un mero pulseo de fuerzas. Un diálogo de sordos.

Apenas terminó la reunión cada quien volvió a sus trincheras y reforzó sus posiciones. El Congreso gatilló primero. Disparó contra el propio presidente al proponer investigar Conirsa, Chinchero, la SUNEDU, las encuestadoras y hasta el mensaje presidencial (aunque después retrocedió en esto último).

El presidente denunció la ofensiva y replicó: “…con estas actitudes (el Congreso) no hace otra cosa que justificar día a día el pedido de adelanto de elecciones que hemos hecho”.

Despejada la bruma de los cañonazos, el teatro de operaciones se aclaró. El presidente, urgido por los plazos que corren, debe definir en poco tiempo si juega su carta final de la cuestión de confianza y obligar a una salida final.

Solo hay dos caminos posibles: el pacto o el choque.

Si es por pacto, las conversaciones pasan por colocar como primer punto del pacto el retorno del Congreso Bicameral, con el añadido —complicado de aceptar para la calle, pero necesario— de que los actuales congresistas puedan postular al Senado de la República.

Si se elige el choque, la vía no es plantear la cuestión de confianza insistiendo en la “esencia de las reformas constitucionales”, sino, que se tendrá que apelar a una medida más pragmática y sobre la que no quepa la menor duda de su efectividad para obtener el mismo resultado de las dos cuestiones de confianza negadas: el cambio del presidente del Consejo de Ministros. 

En la calidad y estilo del nuevo premier estará la fuerza estratégica de esta decisión.  

Así, se provoca una crisis ministerial por renuncia del actual primer ministro y se convoca a un reemplazante que conforma un nuevo gabinete el cual debe acudir al Congreso de la República, exponer la nueva política de gobierno y solicitar cuestión de confianza sobre ella.

Este camino liberaría a Salvador del Solar para asumir con libertad una tarea electoral en las nuevas elecciones generales (si quisiera).

El nuevo premier tendría que tener un rol político y ejecutivo tan fuerte que por un lado obligue al Congreso a no extenderle la confianza o, si se la da, logre impregnar eficiencia a los programas del Ejecutivo, generar confianza en los inversionistas y equilibrar el poder que actualmente emana del Legislativo. Todo al mismo tiempo. 

¿Existirá ese ser superdotado de la política? En las próximas semanas lo sabremos.

31 agosto, 2019

El punto de no retorno


¿Cómo llegamos a este callejón sin salida? ¿Cómo así ingresó en agenda un monstruo de dos cabezas: el cierre del Congreso y la vacancia presidencial? ¿En qué momento caímos en el agujero negro de la antipolítica?

Esta semana las posiciones del ejecutivo y legislativo no solo no mejoraron, sino que empeoraron. Estamos ad portas del punto de no retorno.

El presidente Vizcarra no ha dado su brazo a torcer y sigue ventilando en calles y plazas su decisión de mantener el recorte del mandato presidencial y legislativo y el adelanto de elecciones para el 2020. 

Este es un tema no negociable, ha dicho.

El legislativo, en tanto, empieza a recabar informes especializados de constitucionalistas y organismos internacionales ante la eventualidad de que el ejecutivo pretenda disolverlo presentando una cuestión de confianza… por lo que sea.

En el post anterior decíamos que “No hay forma de solucionar la crisis entre el legislativo y ejecutivo sin que alguno de los dos poderes ceda posiciones. No es solo una cuestión de conversar, sino de llegar a acuerdos”. 

La verdad es que no se requiere solo voluntad entre las partes para llegar a buen puerto, aunque, siempre ayuda una buena dosis de deseo, intención, ganas de querer sacar adelante las cosas. 

Entre políticos son más útiles otras características, sobre todo en la mesa de negociaciones: habilidad para negociar, capacidad de decisión para concretar acuerdos y tenacidad y firmeza para llevarlos adelante.

Ceder en política, como en la guerra, no siempre es perder. Por encima de los intereses particulares de las partes está el interés del Perú.

Requerimos ciertamente una reforma profunda de la justicia, de la política, de las instituciones republicanas, pero en democracia, sin sobresaltos ni jacobinismo. Recurrir al Vox populi, vox Dei, es un argumento populista, producto de una caótica y pendular democracia de masas.

Por otro lado, conspirar contra el poder constituido es también ingresar a una senda torcida de apetitos personales o de grupo, intereses económicos acostumbrados a vivir del Estado. Es caer -otra vez- en el mercantilismo decimonónico. 

¿En qué momento se jodió el Perú, Zavalita?

No fue el día en que Vizcarra decidió que no quería gobernar más y propuso adelantar las elecciones. Tampoco cuando PPK, arrinconado por las acusaciones y la caída de la muralla china, decidió renunciar al gobierno. Ni cuando Keiko llegó a la conclusión de que le habían robado las elecciones y decidió usar su mayoría parlamentaria para vengarse de PPK.

No, Zavalita, eso es el presente. Nosotros nos jodimos mucho antes. Nos jodimos varias veces, en varios momentos. La verdad, Zavalita, es que el Perú nació jodido.


25 agosto, 2019

Conversar es ceder


No hay forma de solucionar la crisis entre el legislativo y ejecutivo sin que alguno de los dos poderes ceda posiciones. No es solo una cuestión de conversar, sino de llegar a acuerdos. 

Esta semana, las cabezas de ambos poderes volvieron a levantar sus banderas, sin punto de consenso a la vista. 

El Congreso —al menos una mayoría notoria— se resiste a adelantar elecciones. El presidente, por su parte, insiste en que no hay otra salida que el recorte del mandato presidencial y congresal.

Sobre el mecanismo de adelanto de elecciones, además, se debe agregar el ingrediente del plazo. No hay tiempo para hacerlo vía referéndum, como propuso el presidente Vizcarra. Esto obligaría a aprobar la iniciativa en dos legislaturas ordinarias sucesivas, lo que implica recortar la presente y convocar a una extraordinaria solo para ese fin.

Sin un cambio en las posturas máximas de los representantes de los poderes de Estado, difícilmente habrá acuerdo. Si conversar no siempre es pactar; en este caso, para encontrar una salida, conversar es ceder.

Vizcarra (47% de aprobación personal) llega con el respaldo mayoritario de la calle a su propuesta de adelanto de elecciones (70%). Mientras que Olaechea (15% de aprobación personal) representa al Congreso de la República en su nivel más bajo de aprobación (8%).

¿Estará dispuesto el presidente de la República a ceder en su propuesta de elecciones adelantadas? Por lo que ha declarado a medios como Hildebrandt en sus Trece (HT) y Semana Económica (SE), parece que no. 

“He escuchado a algunos congresistas decir que lo mejor para solucionar la crisis es vacar al presidente. Esa es otra alternativa, que la propongan. Otra alternativa es lo que dice la gente: cierren el Congreso. Hay que analizar todas las alternativas. Lo que nosotros decimos es que se deben hacer las cosas de manera ordenada, pensando en el Perú”, le dijo el presidente a SE.

“Después de tres años de gobierno, con un presidente que renuncia, después que se intentara su vacancia, con un gabinete que cae, con ministros censurados, con normas que se presentan y que son distorsionadas por el Congreso, el planteamiento es adelantar las elecciones”, planteó en HT. 

En otras palabras, resetear la política.

Los constitucionalistas, sin embargo, coinciden en que tal como están las cosas hoy no hay razones suficientes para legalizar —ni respaldar— ninguno de los dos extremos: cerrar el Congreso o vacar al presidente. 

Y si no existen hoy, entonces, podrían también eliminarse de la mesa de conversaciones. Ni cierre del Congreso, ni vacancia presidencial, he ahí un primer punto de partida de la cita entre el presidente de la República Martín Vizcarra y el presidente del Congreso, Pedro Olaechea. 

¿Será posible ese milagro? Después de todo, quizás no fue tan mala idea que ambos personajes se reúnan para conversar en la Iglesia San Francisco, porque una ayudita para salir de posturas irreductibles, van a necesitar. 

18 agosto, 2019

Armisticio político… en las urnas


No ha mejorado el clima entre el ejecutivo y legislativo tras la instalación del Congreso de la República y la elección de las comisiones ordinarias. Todo lo contrario, el jefe de Estado sufrió la baja de tres congresistas de su bancada —Aráoz, Bruce, Choquehuanca— su primera vicepresidenta y dos ex ministros, nada menos. Fuerza Popular, en cambio reelegió a Rosa Bartra en Constitución y a Tamar Arimborgo en Educación, no precisamente sus cartas más diplomáticas.

El ejecutivo llegó así a su punto más bajo de orfandad en la Plaza Bolívar. Pero, quizás, por lo mismo, sus propuestas han sido respaldadas de manera contundente en la calle. 72% se muestra a favor del adelanto de elecciones, según Ipsos Apoyo. Y 69% rechaza la vacancia presidencial, una bandera levantada por el congesista Mauricio Mulder y las bases del Apra.

No hay forma de vacar al presidente con una popularidad tan alta, a no ser por una de las causales establecidas en la Constitución. Y tampoco el ejecutivo puede cerrar el Congreso solo porque este no asuma con celeridad su propuesta de adelanto de elecciones.

Con un juego político posicionado en tablas, el país sigue sumido entre la incertidumbre y la desconfianza. 

Por si esto no bastara, en el caso Tía María, asistimos a un sorprendente descenlace en el que el propio presidente de la República, a puerta cerrada, acuerda con gobernadores y alcaldes la suspensión de la licencia de construcción a la minera Southern. ¿Se trata de una postura frente a la minería en general o es un rechazo específico contra la empresa que puede dejar la puerta abierta al ingreso de capitales de otra nacionalidad? Eso no lo sabemos a ciencia cierta.

El temor es que estas idas y venidas, marchas y contramarchas, genere una ola de reclamos a lo largo de todo el corredor minero — ya tenemos el paro de Quellaveco en Moquegua y el incendio de una planta petrolera en Piura— que ponga en peligro la ejecución de nuevos proyectos. Existen en cartera al menos 58 mil millones de dólares en el sector minería que no puden echarse por la borda.

En este escenario, la salida de elecciones adelantadas parece ser la menos mala de todas las alternativas posibles. El periodo de indefiniciones, el diálogo de sordos que se ha instalado entre los principales poderes del Estado y la posibilidad de recuperar la confianza con un nuevo gobierno, sería, al menos, más corto. 

El capítulo final lo veremos en las próximas semanas cuando el Congreso decida si se toma todo el tiempo del mundo para debatir la propuesta de adelanto de elecciones o si acelera los plazos, elimina la semana de representación de agosto, y evita que se prolongue el desprestigio político.

Recortar el mandato de gobierno no es la mejor mejor recomendación para fortalecer la institucionalidad. Pero cuando los poderes no encuentran una salida conversada, negociada y, por el contrario, sus únicos argumentos son provocaciones y gabinetes de guerra, que podrían paralizar la economía —en un contexto internacional ya de por sí adverso— lo más sensato es evitar la agonía.

Los tambores de guerra deben dejar de sonar. Y dar paso al armisticio político, en las urnas.



11 agosto, 2019

La democracia contemplativa

En su acepción filosófica la contemplación es una forma de entender la vida y de encontrar la verdad. La vida activa, dijo Aristóteles, está referida a los negocios, a la guerra y al hombre; la vida contemplativa, en cambio, se relaciona con la relflexión, la paz y los asuntos divinos. En religión, la contemplación -decía Santo Tomás- es un estado de gracia en búsqueda de la verdad y el amor a Dios. En política, en cambio, la contemplación tiene una doble acepción. En el campo teórico es necesaria para promover la reflexión, el entendimiento, el conocimiento profundo de las relaciones humanas y el poder. Pero, en el pedestre acto de gobernar, corre el riesgo de convertirse en una burbuja que obnubila al gobernante, paraliza la toma de decisiones, genera el desconcierto y no deja que se organicen ni fluyan las ideas, ni el sentido de la la ley y el orden. Desaparece hasta el respeto.

Cuando un país llega a ese nivel de actitud contemplativa en democracia, es posible entender cómo la representación teatral del fusilamiento del Presidente de la República en la Plaza de Armas de Arequipa, pasa como un acto legítimo de protesta, sin que la fiscalía actúe de oficio denunciando a los instigadores por apología a la violencia. O que un grupo de gobernadores y alcaldes logren hacer  retroceder al gobierno en su postura -correcta- de otorgar licencia de construcción a una empresa privada para promover la minería. O que hasta el momento nadie sepa qué pasará en el Congreso de la República con el proyecto presentado por el ejecutivo para recortar el mandato y adelantar las elecciones generales, sintiendo que lo más probable sea que nada ocurra y nadie se espante por ello. Es decir, que el proyecto sea rechazado sin que nadie tenga claro el derrotero político de los próximos meses y nos quedemos todos con la sensación de que en este país lo único cierto es que no hay certeza de nada.

En la democracia contemplativa predomina la inacción del gobierno a la acción eficiente del Estado; el inmovilismo legal ante la arremetida delictiva de los caóticos y violentos; el retroceso y el miedo frente a la decisión asumida; el espíritu claudicante y mediocre ante el ánimo constructivo y la energía de la autoridad. Si contemplar es reflexionar, mirar de lejos, para tener perspectiva de las cosas, en política es tomar distancia, sin alejarte de la realidad pensando que los problemas no se resuelven o se resuelven por sí solos. En filosofía y religión, la contemplación va en búsqueda de la verdad; requiere un espíritu altruista y limpio para encontrar la conexión divina. Es de puertas hacia adentro. En política hay que ser realistas, analizar bien antes de hacer y/o anunciar las cosas, tomar la decisión y empuñar firme el mando de la nave cuando la tormenta arrecia. Es una facultad humana que requiere menos estado de gracia y, ciertemente, más coraje y decisión. Es de puertas hacia afuera. Un extraño hechizo se apodera de la democracia cuando ingresa a ese sopor parecido al estado de gracia de la filosofía, de contemplarlo todo -con asombro- y no actuar nada. 


04 agosto, 2019

Salida anticipada


El adelanto de elecciones que el presidente Vizcarra presentó como un as bajo la manga en su mensaje del 28 de julio de 2019, es el punto de quiebre de una crisis permanente entre el legislativo y el ejecutivo, larvada en su origen, desde que Keiko Fujimori señaló que le ganaron las elecciones con fraude.  
Está en discución la gravedad de este desencuentro. ¿Estamos ante una crisis de la magnitud de los noventa, cuando Fujimori renunció al gobierno, se instaló un gobierno transitorio y se adelantaron las elecciones? No lo creo. Disputas, desencuentros, choques o abiertas hostilidades entre el legislativo y ejecutivo hay siempre. Pero no todas las crisis políticas terminan con una limpieza de la mesa para empezar el juego de nuevo. 
De 39 crisis políticas ocuridas en América Latina entre 1950 y 1966 en 17 países de la región el argentino Aníbal Pérez Liñán encontró que 22 crisis desembocaron en una ruptura institucional, pero otras 16 se resolvieron dentro del marco democrático institucional y solo 6 se resolvieron fuera de el (Pérez Liñán, 2001).
No estamos, en efecto, en una salida tipo golpe, o autogolpe civil o militar  como en el pasado América Latina y el Perú resolvieron sus crisis políticas, verdaderos choques obstruccionistas entre sus respectivos poderes (Bustamente y Rivero, 1948; Belaunde 1968; Fujimori, 1992). 
Aún con estas experiencias históricas, al analizar las relaciones entre el legislativo y ejecutivo peruano en el periodo 2001 - 2016, la correlación de fuerzas entre ambos poderes tendieron al equilibrio. “… ni el Congreso desplegó una actitud obstruccionista y controladora hacia el Ejecutivo, ni éste trató de gobernar de espaldas a la cámara baja de manera preeminente. No hubo por tanto choque entre ambas instituciones, aunque tampoco pueda hablarse de excesiva cooperación” (García Marín, 2017).
El resultado que estamos por ver en el presente periodo de gobierno es el resultado del poder mayoritario en número que logró una bancada, pero también de la absoluta imposibilidad del ejecutivo de contrapesar este poder articulando alianzas con otras fuerzas políticas. Más que un desencuentro en la producción de normas, la disputa fue de poder. 
La propuesta de Vizcarra destraba este proceso de manera maximalista. Refleja en cierto modo hasta un agotamiento para gobernar. Una salida de patear hacia adelante con la posibilidad de cuidar el capital político del jefe del Estado en lugar de utilizarlo para gobernar hasta el último día como manda la ley.
En lo que ha tenido éxito el ejecutivo es en plantear ante la opinión pública que la decisión de aceptar o no el recorte del mandato y las elecciones generales anticipadas, está en manos del Congreso. Con ello se pone del lado del pueblo que mayoritariamente respaldará esta medida. No en vano la expresión popular “Que se vayan todos” nace de la calle.
Pero si bien la terminación anticipada del mandato gubernamental y de la representación parlamentaria es una salida constitucional; antes que nada es la expresión del fracaso de hacer política. El Congreso excedió su papel opositor y el ejecutivo no pudo convencer ni persuadir. Ganó la pechada de ambos lados, sin que cedan posiciones ni pasiones. Política es el arte de lo posible. No de lo imposible.
El desenlace, sin embargo, está aún por verse. La decisión final la tiene la bancada mayoritaria de Fuerza Popular. Hay escenarios para todos los gustos. Desde el rechazo de la propuesta y la continuidad del presidente Vizcarra o su salida y reemplazo de la vicepresidenta Merecedes Aráoz, hasta el gobierno transitorio del presidente del Congreso, Pedro Olaechea, o de algún otro congresista que asuma un gobierno transitorio de “unidad nacional”.
De todas las alternativas posibles, tres son los caminos que mejor se acomodan a la realidad, siempre que para el ejecutivo, el adelanto de elecciones no sea una posición final ni inmodificable:
1. El Congreso acepta la propuesta de recorte del mandato de gobierno y se adelantan las elecciones para renovar el ejecutivo como el legislativo. Se aplican algunas reformas políticas ya aprobadas.
2. El Congreso rechaza la propuesta, pero concede replantear la inmunidad parlamentaria y avanzar en la reformas políticas. 
3. Congreso rechaza la propuesta y acuerda con el ejecutivo una “agenda de transición y promoción del desarrollo (salida)”.
El capítulo final se inscribirá en las lecciones que América Latina aportará a las ciencias políticas, en el capítulo de relaciones entre los poderes de estado. Una salida limpia, sin agitación en las calles, sin descomposición social, sin estallidos violentos, sin sombras de golpe. Una salida tan sosa que revela o un blanco desprendimiento de poder o un acto enorme de incompetencia para gobernar que se quiere ocultar con una consulta popular sobre un tema rechazado de forma populista.  
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29 julio, 2019

Presidente Vicarra: que se vayan todos

Lo hizo. Para poner fin a la crisis política que ha tenido enfrentado y entrampado al ejecutivo y legislativo, desde el inicio del gobierno me refiero al periodo PPK, el presidente Martín Vizcarra decidió jalar la cadena, adelantar elecciones y recortar su mandato y el de los congresistas, coincidiendo con el sentir de la calle: que se vayan todos.
Sin partido, sin bancada, sin fuerza para aprobar las reformas políticas como las que había planteado, pero también sin capacidad para resolver los problemas sociales ligados a la minería, el presidente eligió una salida política a la crisis y parálisis en la que se encontraba.
En junio pasado, cuando empezó a gestarse el choque terminal de poderes, decíamos aquí que: “Entre trabajar y construir el consenso en torno a las reformas políticas o coincidir con la calle y patearle el trasero al legislativo, el ejecutivo prefirió lo segundo”. Una reforma política señalamos entonces, requiere tiempo, debate más allá de las organizaciones políticas y mucho trabajo para construir consensos, pero que, por lo visto, “Estamos a punto de tirar todo por la borda y entrar a una vorágine electoral interminable. Nuevo Congreso. Referéndum. Elecciones generales. Otra vez nuevo Congreso”. 
Para contrarrestar su debilidad institucional y de gestión el presidente recurre al referéndum, un mecanismo de la democracia directa insertado en la Constitución del 93, cuyo abuso hay que precisarlo— puede derivar en lo que se conoce como “Democracia plebiscitaria”, una característica de gobiernos más populistas que democráticos que prefieren consultas directas al pueblo en lugar de canalizar estas expectativas a través de los canales representativos.
Recurrir de forma permanente a la voluntad del soberano refleja tanto la carencia de estructura y fortaleza partidaria propia como un agotamiento del juego democrático de la representación política. Cuando estas dos falencias se encuentran, el vacío de representatividad que siente la calle puede ser llenado por el gobernante con una estimulante como plebiscitaria caracterización personal de la política.
Una vez más, entre la calle y el Congreso con una mayoría que no aprende de sus errores, el presidente política y mediáticamente elige la calle. “Propongo una salida a esta crisis institucional. Presento al Congreso una reforma constitucional de adelanto de elecciones generales, que implica el recorte del mandato congresal al 28 de julio del 2020”. “Yo también me voy”, agregó, ganándose platea y cazuela.
La medida del presidente de adelanto de elecciones es constitucional. El referéndum es un mecanismo válido para salir de la crisis. Una válvula de escape ante la imposibilidad de resolver por la vía del diálogo y el acuerdo las diferencias políticas. Pero no hay que olvidar que la deliberación de los grupos representativos pasa directamente a las masas y abusar de este recurso puede dejar al presidente de la República al borde del caudillismo carismático. La vacuna frente a este nuevo mal es que se cumpla realmente el espíritu del referéndum: que se vayan todos. Al borde del bicentenario, hemos vuelto a la normalidad: ser un país de desconcertadas gentes.

13 julio, 2019

La noticia en la era digital (III)

Verdad vs Posverdad

Junto al cambio climático, el hambre, la desigualdad, el populismo y la escasez de agua, la posverdad es uno de los seis problemas del mundo moderno. No es que la desinformación no haya existido antes. Por el contrario, como mecanismo de confusión, tergiversación, manipulación, existe desde siempre. Lo que hoy asombra no es ni su existencia, ni su esencia, sino su velocidad de propagación; la viralización.

El monopolio de la desinformación no está más en los gobiernos, empresas o medios de comunicación. La democratización de las nuevas tecnologías de la información pone al alcance de cualquier persona la posibilidad de intoxicar el espacio informativo, contaminando noticias reales con falsas. 

En nuestro país el ejemplo más cercano es el suicidio del ex presidente Alan García. Desde que se supo la noticia de la gravedad de su estado hubo gente que se resistió a creerla. La red se inundó de fotografías reales y falsas del ex presidente en la sala de emergencia, de tomografías del cerebro dañado, de relatos hechos por terceros a partir de transmisiones de televisión. Esa sensación de incredulidad se mantuvo tras el entierro del ex presidente. Aún hoy existe gente que no cree que Alan García se haya suicidado. Esas personas están convencidas de que el ex gobernante se libró de la justicia, urdió un plan para escapar y salió caminando tranquilamente por el aeropuerto disfrazado de mujer.

Vivimos la era de la posverdad. Cualquier persona tiene los elementos de comunicación al alcance de la mano para fabricar historias reales o falsas. Puede a la vez crear o ayudar a crear corrientes de desinformación. La posverdad vive de la gente escéptica por naturaleza dispuesta a consumir ese tipo de noticias fantásticas, increíbles, escabrosas, burdas o asombrosas y que se retroalimenta de ellas. Antes solo los gobiernos utilizaban estos sistemas de desinformación. Hoy cualquier chico en redes es un potencial perturbador informativo.

Los Algoritmos

La clave para que esto ocurra es la velocidad en que se codifican, transmiten y decodifican las informaciones. Eso es posible gracias a los algoritmos, expresiones matemáticas, que analizan datos y que están en todas partes. Lo controlan todo, desde las operaciones que hacemos en el supermercado, en el cajero del banco, en las atenciones que recibimos en la clínica, hasta en los sistemas educativos que escogemos, la deudas financieras, las veces que viajamos, la forma en que gastamos nuestro sueldo.

Esos códigos matemáticos examinan nuestras búsquedas en internet, nuestro comportamiento en redes sociales, chequean los sistemas de seguridad de nuestras tarjetas de crédito y hurgan en nuestros teléfonos móviles. 

En la mayoría de los casos facilitan las tareas informáticas complejas, pero también hay quienes mal utilizan la información. ¿El resultado? El lado oscuro de la modernidad: fraudes financieros, fake news, discursos de odio, democra-redes, ciberataques y guerra electrónica.

Dura Lex

La respuesta del mundo real no se ha hecho esperar. Alemania, desde el 2018, tiene una ley que impone sanciones a los medios sociales hasta de 50 millones de euros sino eliminan las publicaciones cargadas de odio. La Asamblea Nacional de Francia acaba de aprobar un proyecto de ley similar que exige a las empresas tecnológicas propietarias de redes sociales como Facebook o Twitter la eliminación de los mensajes de odio en un plazo máximo de 24 horas. Si la falta es grave, se propone sanciones económicas hasta 1 millón 250 mil euros. El presidente Emmanuel Macron pretende, además, que el nuevo marco legal pueda detener la propagación de contenido falso en este tipo de servicios.

Pero, no se confundan. El problema de fondo no son las redes, sino quienes las manejan. Sin principios, valores o ética, cualquier tecnología puede generar más daño que provecho.  Los científicos consideran que el  verdadero desafío del presente consiste en pensar «cómo sacaremos (en el futuro) el mejor provecho a la inteligencia artificial para beneficiar a la sociedad y minimizar su daño potencial». El poder de las nuevas tecnologías requiere, como todo poder, un control. El primero, es usarlo con responsabilidad y para solucionar los problemas —reales y virtuales— que el mundo padece. Si eso no funciona, está la ley.



06 julio, 2019

La noticia en la era digital (II)



Tecnología vs investigación
El periodismo es una industria y como tal, desde el lado de la producción, está ligado al desarrollo industrial. La invención del tipo móvil en la imprenta inició la producción en masa del proceso de difusión de ideas. De la impresión de la biblia a los primeros libros, no pasó mucho tiempo para que las noticias se produjeran en cantidades industriales. Las máquinas aceleraron la fabricación de periódicos y luego con la era moderna se extendió y profesionalizó el servicio de venta, distribución y publicidad de los medios. 
La nueva era de las tecnologías de la información siguen impactando e innovando el periodismo. Los buscadores de información ayudan en la producción de  contenidos. Hay, incluso, una nueva especialidad periodística basada en la búsqueda, análisis y procesamiento de información contenida en múltiples plataformas on line, creíbles y serias: el periodismo de datos. Lo que no ha cambiado —ni lo hará— es el valor de la veracidad, el procedimiento obligatorio, deontológico, ético, de contrastación de la fuente, la búsqueda de equilibrio informativo, la imparcialidad y objetividad que tienen o deben tener las noticias.
La automatización de la información no puede reemplazar la esencia misma del periodismo que es la búsqueda de la verdad. Tecnología sin ética es avance, pero no desarrollo, ni personal ni social. El ejemplo del proceso de modernización del  The Washington Post puede ayudar a entender este tema. Hace cinco años, el diario fundado en 1877 fue comprado por el magnate de Amazon, Jeff Bezos. El hombre que inventó una nueva forma de vender libros por internet inició, entonces, el proceso de modernización y transformación digital del legendario periódico. Entre sus periodistas figura Bob Wodward, el mítico periodista de investigación quien junto a Carl Bernstein destapó el CasoWatergate.
Bezos ha hecho una millonaria inversión para colocar al Post en la era digital. Y lo ha conseguido. Hoy el legendario diario norteamericano ha recobrado su crecimiento apostando por una fuerte revolución tecnológica. Pero, al mismo tiempo, ha recuperado prestigio, reputación, credibilidad de marca, apoyando el trabajo de sus periodistas de investigación que tienen hoy todas las herramientas necesarias —incluidas las tecnológicas— para hacer su trabajo.
Las Fake News 
El verdadero peligro que enfrenta el periodismo digital no es la automatización de las noticias, sino su credibilidad. Puede que los robots avancen en la identificación, desarrollo y redacción del “qué”, “quién”, “cuándo” y “dónde”, pero el “por qué” y “cómo” es todavía un coto reservado para la interpretación humana. Los optimistas dicen que siempre se necesitará un editor para contar una historia. Los pesimistas señalan que no por mucho tiempo más. En todo caso, en el terreno de la información profusa que existe en el internet, existe una nueva modalidadse que amenaza el flujo informativo, al punto que ha alertado a diversos gobiernos y entidades públicas y privadas del mundo: las fake news
Los acontecimientos políticos más importantes —Brexit, elecciones en Catalunya, Estados Unidos—han sido contaminados por esta nueva amenaza del periodismo, como especialidad, pero de la sociedad en general; una forma viralizada de escalar noticias abiertamente mentirosas o no reales. Una fake news es una información falsa, engañosa, distorsionada intencionalmente con el objeto de causar daño reputacional. 
En Europa, a raíz de campañas electorales y casos de consulta ciudadana en los cuales aparecieron noticias que perturbaron dichos procesos, se tuvo que nombrar una comisión especial para estudiar este fenómeno y establecer recomendaciones que, en ningún caso, pasaron por leyes reglamentaristas o que signifiquen un límite a la libertad de expresión.  Lo que la comisión de expertos encontró fue que el problema central de las noticias falsas se encuentra en su corazón: los datos.
Los datos son el material de base con el cual el periodismo construye la información. Si estos no corresponden con la realidad, entonces, lo que conviene es corregir la información de manera rápida y eficiente. Esto ha hecho que surja un nuevo tipo de profesional dedicado al “fact-checking”; es decir, a la verificación y al estudio de la desinformación. Por ahora, son grupos independientes de periodistas u otros profesionales que confrontan los datos —con ayuda de la tecnología, el periodismo de datos o el datamining—, para verificar su autenticidad. Por la salud del periodismo, deberán ser las propias empresas periodísticas las que especialicen a sus profesionales en chequear, detectar, escudriñar y aclarar noticias falsas.
Los Fact-Checkers
El otro detalle con la difusión masiva de noticias irreales es su viralidad; y eso se debe a que detrás de ellas hay algoritmos —pequeños demonios convertidos en fórmulas matemáticas—que las hacen crecer de manera exponencial. Estos algoritmos seleccionan la información y la disparan a la estratósfera virtual, aumentando su visibilidad. Algo que deberían aprender las noticias auténticas.
 Si bien la comisión europea concluyó que la desinformación a escalas siderales es un problema, no tuvo el mismo convencimiento para identificar sus causas, el nivel de impacto, las estructuras de amplificación o los intereses asociados a este fenómeno. Señaló, en cambio,  que se trata de un problema multifacético, sin una sola causa potencial y, por lo tanto, con varias aristas en su solución. 
Por lo tanto, la manera de enfrentar las fake news va más por apoyar o promover medios informativos independientes o grupos de profesionales expertos en verificación de datos que hagan uso de fuentes confiables y que a su vez tengan un rápido acceso a los medios multiplataforma.  En otras palabras, crear una comunidad de fact-checkers —al interior de los medios o independiente de ellos— parece ser el mejor camino por ahora para mejorar la credibilidad y reputación de las noticias que circulan en la red. 
Las oficinas públicas y las instituciones privadas tienen aquí el reto enorme de mantener equipos bien afiatados que compartan información y que tengan una relación fluida con las principales compañías tecnológicas para estimular etiquetas de verificación en artículos. En España nacieron, por ejmplo surgieron “Maldita Hemeroteca” y “Maldito Bulo”, dos organizaciones privadas dedicadas a cazar noticias falsas. Pero no solo noticias, sino todo tipo de información que no cumpla con los estándares de veracidad; esto incluye memes, whatsups, posts o cualquier otra pieza digital que navegue el la red y que se viralice.
Aquí en el Perú empezamos a tener ONGS de periodistas que van por ese camino. Periodismo de investigación, de datos. RPP tiene una sección semanal para analizar si las declaraciones de sus entrevistados son verdad, mentira o medias verdades. El Comercio también dedica un espacio —La posverdad de la política— para escudriñar las declaraciones de los políticos y calificar sus declaraciones de verdaderas, falsas o imprecisas. Son avances. Nuevas formas de enfrentar la desinformación. En una era de vértigo informativo, lo más sensato es tomarse un tiempo para meditar, analizar y discernir lo que existe en la red. Porque, como dijo Marco Aurelio, hace cientos de años, todo lo que escuchamos es una opinión, no un hecho. Y todo lo que vemos es una perspectiva, no la verdad.