Carl von Clausewitz en su visión integral “De la Guerra”, señala que el concepto de defensa es el rechazo de un golpe y su característica principal, la espera de ese golpe. Pero no se confunda esta actitud de espera con pasividad o inmovilismo. Clausewitz enseña que esperar tácticamente al enemigo puede ser una acción ofensiva estratégicamente si dominamos la posición o el escenario de la guerra.
“Así la forma defensiva de hacer la guerra no es un escudo inmediato, sino un escudo formado por golpes hábilmente dirigidos”, dice el maestro que ingresó a los doce años al ejército prusiano. En suma, un repliegue táctico, no es, sino, una ofensiva fáctica. Retrocedo pegando.
El general Hoyos ha iniciado un disciplinado repliegue táctico. Y siguiendo las enseñanzas de la escuela –y las de su padre–, ha retrocedido atacando.
Ahora debe prepararse para sostener la ofensiva del comandante general del Ejército, el general Reinoso.
Reinoso ha iniciado sus primeros movimientos. Y para ello ha trasladado el teatro de operaciones del campo mediático, donde lo levó Hoyos, al terreno político.
Sun Tzu recomendaba esto hace 500 años. Analiza el terreno, el campo de batalla y da pelea donde tengas ventajas.
Reinoso ha logrado, por el momento, el respaldo político del partido de Gobierno. La Comisión de Defensa del Congreso meterá sus narices en la denuncia contra la construcción de la carretera a Cabana, primer intento fallido de investigación del grupo de Trabajo de la Comisión de Fiscalización, que pensaba investigar lo mismo.
Reinoso, además, ha logrado empapelar a Hoyos en el Congreso. Informes, memorandums, órdenes y partes obran en poder de los congresistas, esperando soltar un bocado a los ansiosos periodistas, dizque de investigación.
Hoyos debe preparar su descargo por escrito y analizar tranquilamente el poder real de Luis Gonzales Posada en la comisión. El “cabezón” es parte interesada en esta contienda. El abrazo que le dio al ministro Wagner en las escalinatas del Congreso, para la foto de la prensa, podría ser el preludio de un cuchillo afilado en busca de su reemplazo. Gonzales Posada sueña con el Ministerio de Defensa.
No olvidemos que, al fin y al cabo, la guerra es un instrumento de la política. O, como decía Clausewitz, “la prosecución del tráfico político con la intervención de otros medios”. O, más sencillo: la continuación de la política por otros medios.
Detrás de esta batalla, está el poder. El Presidente García no ha dicho una sola palabra al respecto. Ha soltado –para distraer, una vez más- las notas de los ascensos para involucrar a un edecán del Ejército del Presidente Toledo.
No olvidemos esta premisa de fondo: García quiere el control del Ejército. Y si para ello tiene que destruir el estado mayor en pleno conflicto, lo hará.
Ni Hoyos, ni Reinoso se ajustan a sus planes. Cuando ambos se hayan desgastado en esta guerra de guerrillas, el hombre bifronte, que ocupa el sillón de Pizarro, les cortará la cabeza a ambos.
Entonces, sólo entonces, habrá subordinado al resto.
22 octubre, 2006
19 octubre, 2006
El general Hoyos se defiende
El general Rafael Hoyos de Vinatea es un soldado por donde se le mire. En estos días libra su propia batalla. El enemigo no es otro que su propio comando, dirigido por sus propios camaradas de armas.
Sun Tzu, el maestro de “El Arte de la Guerra” recomendaba antes de pisar el campo de combate, conocer primero a tu enemigo como a ti mismo. Y el general Hoyos los conoce.
Hoyos sucedió al general César Reinoso, el actual comandante general del Ejército, en la administración de la Casa Militar de Palacio de Gobierno.
Ambos libran hoy una lucha sin cuartel por el poder supremo del mando militar. No para los próximos dos años, como puede suponerse. Si no para asegurar por lo menos diez, si tenemos en cuenta la composición de los ascensos.
Reinoso es hombre de Comunicaciones, un arma considerada nueva en el Ejército. No es tanquero como Hoyos, o infante, el arma por excelencia de los uniformados.
Pero ha influenciado para que la sucesión en el Ejército, en la década siguiente tenga, al menos, a un hombre de Comunicaciones disputando el puesto.
La comandancia general del Ejército la designa el Presidente de la República, de una terna calificada no siempre en base a méritos, sino a lealtades.
Hoyos tiene una excelente foja de servicios, inspirada en el recuerdo señero de su padre, Rafael Hoyos Rubio, el general que desapareció trágicamente en un accidente de helicóptero.
Tiene, además, lo que en el servicio privado se llama ahora liderazgo y que en los cuarteles se conoce como “ascendencia de tropa”. Es decir, lo obedecen, sin dudas ni murmuraciones.
Su voz truena; ruge cuando da órdenes. Pero tiene un problema. El Presidente Alan García lo considera leal al ex Presidente Toledo. Y le ha bajado el dedo. No lo quiere como comandante general del Ejército.
El plan de Palacio es golpear al Ejército en la copa para que se acomoden las ramas. Reinoso lo sabe. Por eso sacude con fuerza a Hoyos.
El general tanquero ha dispuesto su artillería. Premunido de harta munición se presentó el domingo último en televisión. Repartió fuego a discreción. Y está a la espera de que la artillería cumpla su papel para que pueda entrar la infantería.
Es una batalla de papel. Pero, batalla al fin y al cabo, se rige por las leyes de la Guerra. Por ahora se ha quitado su uniforme de faena y se ha colocado un terno civil, que es su nuevo uniforme de campaña. Se ha pintado la cara y ha salido al frente con el cuchillo entre los dientes.
El ministro de Defensa, Alan Wagner Tizón, ya acusó el golpe y ha cavado trincheras en la Avenida Arequipa.
El general Reinoso, cauto él, analiza el campo de batalla y despliega sus tropas, cuidando al centímetro cada uno de sus movimientos. Sabe que no saldrá ileso de la contienda.
Mientras tanto, Alan distrae el escenario y enciende la pradera en otro punto del campo de batalla, ganando tiempo.
Sun Tzu, el maestro de “El Arte de la Guerra” recomendaba antes de pisar el campo de combate, conocer primero a tu enemigo como a ti mismo. Y el general Hoyos los conoce.
Hoyos sucedió al general César Reinoso, el actual comandante general del Ejército, en la administración de la Casa Militar de Palacio de Gobierno.
Ambos libran hoy una lucha sin cuartel por el poder supremo del mando militar. No para los próximos dos años, como puede suponerse. Si no para asegurar por lo menos diez, si tenemos en cuenta la composición de los ascensos.
Reinoso es hombre de Comunicaciones, un arma considerada nueva en el Ejército. No es tanquero como Hoyos, o infante, el arma por excelencia de los uniformados.
Pero ha influenciado para que la sucesión en el Ejército, en la década siguiente tenga, al menos, a un hombre de Comunicaciones disputando el puesto.
La comandancia general del Ejército la designa el Presidente de la República, de una terna calificada no siempre en base a méritos, sino a lealtades.
Hoyos tiene una excelente foja de servicios, inspirada en el recuerdo señero de su padre, Rafael Hoyos Rubio, el general que desapareció trágicamente en un accidente de helicóptero.
Tiene, además, lo que en el servicio privado se llama ahora liderazgo y que en los cuarteles se conoce como “ascendencia de tropa”. Es decir, lo obedecen, sin dudas ni murmuraciones.
Su voz truena; ruge cuando da órdenes. Pero tiene un problema. El Presidente Alan García lo considera leal al ex Presidente Toledo. Y le ha bajado el dedo. No lo quiere como comandante general del Ejército.
El plan de Palacio es golpear al Ejército en la copa para que se acomoden las ramas. Reinoso lo sabe. Por eso sacude con fuerza a Hoyos.
El general tanquero ha dispuesto su artillería. Premunido de harta munición se presentó el domingo último en televisión. Repartió fuego a discreción. Y está a la espera de que la artillería cumpla su papel para que pueda entrar la infantería.
Es una batalla de papel. Pero, batalla al fin y al cabo, se rige por las leyes de la Guerra. Por ahora se ha quitado su uniforme de faena y se ha colocado un terno civil, que es su nuevo uniforme de campaña. Se ha pintado la cara y ha salido al frente con el cuchillo entre los dientes.
El ministro de Defensa, Alan Wagner Tizón, ya acusó el golpe y ha cavado trincheras en la Avenida Arequipa.
El general Reinoso, cauto él, analiza el campo de batalla y despliega sus tropas, cuidando al centímetro cada uno de sus movimientos. Sabe que no saldrá ileso de la contienda.
Mientras tanto, Alan distrae el escenario y enciende la pradera en otro punto del campo de batalla, ganando tiempo.
18 octubre, 2006
Canal 7: Un canal para todos
Hay que reconocer, en primer lugar, el derecho que le asiste al gobierno de tener su espacio en la televisión estatal. Los poderes del Estado deben informar periódicamente el avance de su gestión.
No hay democracia sin información. Los ciudadanos tienen derecho a recibir información de su gobierno. Todos debemos saber cómo se manejan nuestros impuestos.
De manera que no hagamos escándalo cuando un miembro prominente de un poder público llama al director de televisión para promover una noticia.
Presiones del poder habrá siempre. Lo mejor es canalizarlas y darles su espacio adecuado antes que hacerse el sueco y defender la objetividad y la independencia informativa que no existe.
Una fórmula es tener una frecuencia adicional del Canal 7 para transmisiones oficiales. Allí podrían entrar programas del Ejecutivo, pero también del Congreso y del Poder Judicial, sin que esto signifique ausencia de información oficial en la señal abierta.
Otra alternativa es pautear la programación de tal manera que se combine entretenimiento, información, educación, cultura y actividades oficiales.
Pero lo que de todas maneras debe hacerse es ampliar y democratizar el directorio. Por aquí debió empezar el “cambio responsable”, si es que el gobierno quería realmente hacer algo con la señal oficial de televisión.
El gobierno aprista hizo las cosas al revés. Puso primero la carreta y después los caballos: relanzó imagen, cambió de nombre al canal y contrató ayayeros.
Reestructurar el directorio con visión realmente democrática significa avanzar de una televisión estatal a otra pública. Es dar pasos firmes de un canal en manos del gobierno de turno a otro dirigido por todos: gobierno y sociedad civil.
Este directorio debe trascender al administrador temporal del Estado, que es el gobierno. Su visión debe estar enfocada en los objetivos nacionales de la Nación. Sus programas, en la medida de lo posible, articulados con el sector educación.
Si así fuera no tendríamos a presidentes anunciando un día, muy orondos, que el canal debe ser principalmente campesino, obrero o quién sabe qué cosa. Dejemos que esa tarea se la encargue el directorio a los productores.
No hay democracia sin información. Los ciudadanos tienen derecho a recibir información de su gobierno. Todos debemos saber cómo se manejan nuestros impuestos.
De manera que no hagamos escándalo cuando un miembro prominente de un poder público llama al director de televisión para promover una noticia.
Presiones del poder habrá siempre. Lo mejor es canalizarlas y darles su espacio adecuado antes que hacerse el sueco y defender la objetividad y la independencia informativa que no existe.
Una fórmula es tener una frecuencia adicional del Canal 7 para transmisiones oficiales. Allí podrían entrar programas del Ejecutivo, pero también del Congreso y del Poder Judicial, sin que esto signifique ausencia de información oficial en la señal abierta.
Otra alternativa es pautear la programación de tal manera que se combine entretenimiento, información, educación, cultura y actividades oficiales.
Pero lo que de todas maneras debe hacerse es ampliar y democratizar el directorio. Por aquí debió empezar el “cambio responsable”, si es que el gobierno quería realmente hacer algo con la señal oficial de televisión.
El gobierno aprista hizo las cosas al revés. Puso primero la carreta y después los caballos: relanzó imagen, cambió de nombre al canal y contrató ayayeros.
Reestructurar el directorio con visión realmente democrática significa avanzar de una televisión estatal a otra pública. Es dar pasos firmes de un canal en manos del gobierno de turno a otro dirigido por todos: gobierno y sociedad civil.
Este directorio debe trascender al administrador temporal del Estado, que es el gobierno. Su visión debe estar enfocada en los objetivos nacionales de la Nación. Sus programas, en la medida de lo posible, articulados con el sector educación.
Si así fuera no tendríamos a presidentes anunciando un día, muy orondos, que el canal debe ser principalmente campesino, obrero o quién sabe qué cosa. Dejemos que esa tarea se la encargue el directorio a los productores.
17 octubre, 2006
¿Canal 7 campesino?
En su primera gestión como gobernante Alan García experimentó con la economía. Hoy quiere hacerlo con los medios de comunicación públicos.
El primer intento, ya sabemos, fue un desastre. El segundo, correrá la misma suerte.
Para justificar su intromisión, García dijo lo siguiente: “El Canal 7 debe dirigirse fundamentalmente al mundo agrario. Mientras los limeños dormimos, los agricultores están despiertos y de pie y muchos ven Canal 7 y casi todos pueden escuchar Radio Nacional”.
No contento con eso, indicó que los campesinos debían tener una participación activa vía internet y conocer por televisión el mejor precio de sus productos, el precio real de los fertilizantes y cual es el mejor para sus cultivos.
A la de jefe del Estado y de Gobierno, García se ha agregado una función más: productor general de televisión nacional.
Se equivoca el Presidente de la República. La televisión pública es un ámbito mayor que la del gobierno.
Los órganos de gobierno requieren un espacio en la televisión pública, claro que sí. Todos los poderes del Estado necesitan comunicar su gestión a la ciudadanía. Lo que no pueden hacer es cooptar la programación.
Una cosa es que el gobierno tenga presencia en la televisión del Estado. Y otra muy distinta que el gobierno controle la programación del canal estatal.
Además, existe una contradicción flagrante en el razonamiento presidencial.
Si los campesinos se levantan a las 4 ó 5 de la mañana, es para irse al campo a trabajar; no para ver televisión en sus casas.
El mejor horario para los hombres del campo es cuando descansan de la faena agrícola y llegan a sus casas para almorzar o merendar.
En muchos puntos del país antes que un aparato de televisión, lo que necesitan las poblaciones rurales, es electricidad.
Las declaraciones del Presidente desnudan un problema sistémico, de fondo, que empieza a notarse en su presente gestión: la adopción de medidas sin previo análisis.
Esta vez, el anuncio fue luego de una reunión con el jefe de Pronamachcs, Rodolfo Beltrán, el jefe de Sierra Exportadora, Gastón Benza Pflucker, y el presidente interino de Canal 7, Alfonso Salcedo.
Salcedo no tiene ni tres días en el cargo, tras la bochornosa salida de María del Pilar Tello. La propuesta salió de una conversación de no más de dos horas en Palacio de Gobierno. ¿Por qué García sale a la prensa a anunciar un proyecto que no ha pasado tamiz alguno de evaluación?
Por el afán de figuración. Para demostrar que es él quien toma las decisiones. Reacciona como los chiquillos presumidos que cuando aprenden a manejar bicicleta sueltan el timón para que lo vean los demás. Lucimiento puro.
El presidente no puede hacer esos alardes. Un día de éstos por soltar el timón para que lo aplaudan terminará estrellándose. Y no será él quien lo sienta, sino todo el país.
Hablemos en serio entonces sobre el rol de Canal 7 y de Radio Nacional.
El primer intento, ya sabemos, fue un desastre. El segundo, correrá la misma suerte.
Para justificar su intromisión, García dijo lo siguiente: “El Canal 7 debe dirigirse fundamentalmente al mundo agrario. Mientras los limeños dormimos, los agricultores están despiertos y de pie y muchos ven Canal 7 y casi todos pueden escuchar Radio Nacional”.
No contento con eso, indicó que los campesinos debían tener una participación activa vía internet y conocer por televisión el mejor precio de sus productos, el precio real de los fertilizantes y cual es el mejor para sus cultivos.
A la de jefe del Estado y de Gobierno, García se ha agregado una función más: productor general de televisión nacional.
Se equivoca el Presidente de la República. La televisión pública es un ámbito mayor que la del gobierno.
Los órganos de gobierno requieren un espacio en la televisión pública, claro que sí. Todos los poderes del Estado necesitan comunicar su gestión a la ciudadanía. Lo que no pueden hacer es cooptar la programación.
Una cosa es que el gobierno tenga presencia en la televisión del Estado. Y otra muy distinta que el gobierno controle la programación del canal estatal.
Además, existe una contradicción flagrante en el razonamiento presidencial.
Si los campesinos se levantan a las 4 ó 5 de la mañana, es para irse al campo a trabajar; no para ver televisión en sus casas.
El mejor horario para los hombres del campo es cuando descansan de la faena agrícola y llegan a sus casas para almorzar o merendar.
En muchos puntos del país antes que un aparato de televisión, lo que necesitan las poblaciones rurales, es electricidad.
Las declaraciones del Presidente desnudan un problema sistémico, de fondo, que empieza a notarse en su presente gestión: la adopción de medidas sin previo análisis.
Esta vez, el anuncio fue luego de una reunión con el jefe de Pronamachcs, Rodolfo Beltrán, el jefe de Sierra Exportadora, Gastón Benza Pflucker, y el presidente interino de Canal 7, Alfonso Salcedo.
Salcedo no tiene ni tres días en el cargo, tras la bochornosa salida de María del Pilar Tello. La propuesta salió de una conversación de no más de dos horas en Palacio de Gobierno. ¿Por qué García sale a la prensa a anunciar un proyecto que no ha pasado tamiz alguno de evaluación?
Por el afán de figuración. Para demostrar que es él quien toma las decisiones. Reacciona como los chiquillos presumidos que cuando aprenden a manejar bicicleta sueltan el timón para que lo vean los demás. Lucimiento puro.
El presidente no puede hacer esos alardes. Un día de éstos por soltar el timón para que lo aplaudan terminará estrellándose. Y no será él quien lo sienta, sino todo el país.
Hablemos en serio entonces sobre el rol de Canal 7 y de Radio Nacional.
16 octubre, 2006
Valentín Paniagua: el adios final
A las cinco de la mañana murió Valentín, demócrata auténtico, constitucionalista, hombre de palabra honesta, y retórica versallesca, apegado a la ley.
Se fue en silencio, como acostumbraba a pasar las tardes en la biblioteca de su casa de Jesús María, leyendo, anotando, reflexionando.
Recuerdo la tarde en que fui a verlo. Lo encontré revisando la edición final de la historia de la Constitución Peruana. Tenía los papeles mecanografiados y con anotaciones de su puño y letra en tinta azul.
Le pregunté por qué no usaba la computadora. Me dijo que ya estaba viejo para esas cosas, y que había problemas en los cuales es mejor no meterse.
A veces –me confió–, prefería dictar a su secretaria y luego revisar las transcripciones. Era muy meticuloso con sus textos y yo diría que con todo lo que hacía.
De andar parsimonioso, vestía con sencillez y hablaba con ponderación, con sumo respeto. “Vea usted”, acostumbraba a decir como frase de enlace cada vez que iniciaba una charla.
Usaba un bigotito que, imagino, le tomaría algunos minutos cortar y arreglar de la manera que le gustaba y quedaba.
La gente lo bautizó como “Chaparrón Bonaparte”, en alusión al personaje del cómico mexicano Chespirito, chiquito de tamaño como él.
Fue en las últimas elecciones generales que los jóvenes de Acción Popular desarrollaron esta broma y crearon un personaje que, rápidamente, ganó simpatía popular: “El Chaparrón Paniagua”, o simplemente el “Muñeco Chaparrón”, como le decía la gente.
Me consta que Valentín se opuso a usar este recurso marketero en campaña. Puso siempre por delante realizar una contienda de ideas, antes que de gestos mediáticos.
Pero los chicos de AP insistieron y faltando poco menos de un mes soltaron los muñecotes a la palestra. Suavizó la figura de Paniagua. Y el propio candidato terminó aceptándo y queriéndo la jugarreta.
Fue una campaña intensa. Y más para él que ya conocía de su dolencia cardiaca.
Los médicos le aconsejaron llevar una vida tranquila si quería alargar la existencia. Pero Valentín se negó.
Aceptó más bien, el reto de asumir la postulación a la Presidencia de la República, enarbolando las banderas de Acción Popular.
No pocos lo vieron resollar en las caminatas de altura. Jamás se quejó. Nunca cortó la campaña. Batalló en todo momento.
Como ahora que resistió con respiración asistida más de tres semanas en cuidados intensivos.
Antes de ingresar al quirófano, los médicos le explicaron las probabilidades que tenía de salir bien de este trance final. Y las complicaciones posibles.
Valentín asumió el reto, como siempre lo había hecho en su vida y como acostumbraba a decir el jefe fundador de su partido: ¡adelante!.
Fue su última lucha; de las muchas que le tocó librar a este peruano ejemplar.
Descansa en paz, amigo Valentín. Te recordaremos siempre.
Se fue en silencio, como acostumbraba a pasar las tardes en la biblioteca de su casa de Jesús María, leyendo, anotando, reflexionando.
Recuerdo la tarde en que fui a verlo. Lo encontré revisando la edición final de la historia de la Constitución Peruana. Tenía los papeles mecanografiados y con anotaciones de su puño y letra en tinta azul.
Le pregunté por qué no usaba la computadora. Me dijo que ya estaba viejo para esas cosas, y que había problemas en los cuales es mejor no meterse.
A veces –me confió–, prefería dictar a su secretaria y luego revisar las transcripciones. Era muy meticuloso con sus textos y yo diría que con todo lo que hacía.
De andar parsimonioso, vestía con sencillez y hablaba con ponderación, con sumo respeto. “Vea usted”, acostumbraba a decir como frase de enlace cada vez que iniciaba una charla.
Usaba un bigotito que, imagino, le tomaría algunos minutos cortar y arreglar de la manera que le gustaba y quedaba.
La gente lo bautizó como “Chaparrón Bonaparte”, en alusión al personaje del cómico mexicano Chespirito, chiquito de tamaño como él.
Fue en las últimas elecciones generales que los jóvenes de Acción Popular desarrollaron esta broma y crearon un personaje que, rápidamente, ganó simpatía popular: “El Chaparrón Paniagua”, o simplemente el “Muñeco Chaparrón”, como le decía la gente.
Me consta que Valentín se opuso a usar este recurso marketero en campaña. Puso siempre por delante realizar una contienda de ideas, antes que de gestos mediáticos.
Pero los chicos de AP insistieron y faltando poco menos de un mes soltaron los muñecotes a la palestra. Suavizó la figura de Paniagua. Y el propio candidato terminó aceptándo y queriéndo la jugarreta.
Fue una campaña intensa. Y más para él que ya conocía de su dolencia cardiaca.
Los médicos le aconsejaron llevar una vida tranquila si quería alargar la existencia. Pero Valentín se negó.
Aceptó más bien, el reto de asumir la postulación a la Presidencia de la República, enarbolando las banderas de Acción Popular.
No pocos lo vieron resollar en las caminatas de altura. Jamás se quejó. Nunca cortó la campaña. Batalló en todo momento.
Como ahora que resistió con respiración asistida más de tres semanas en cuidados intensivos.
Antes de ingresar al quirófano, los médicos le explicaron las probabilidades que tenía de salir bien de este trance final. Y las complicaciones posibles.
Valentín asumió el reto, como siempre lo había hecho en su vida y como acostumbraba a decir el jefe fundador de su partido: ¡adelante!.
Fue su última lucha; de las muchas que le tocó librar a este peruano ejemplar.
Descansa en paz, amigo Valentín. Te recordaremos siempre.
15 octubre, 2006
Alan García cae 6 puntos
Hay muchas formas de presentar una encuesta. Una es oblicua, disfrazada, como la acaba de hacer hoy el diario El Comercio (www.elcomercioperu.com.pe).
La otra es directa, admitiendo la realidad: en sus primeros setenta días de gobierno, la aprobación presidencial de Alan García Pérez ha caído 6 puntos, de 63% a 57%.
Y para que no quede duda de la tendencia, el mismo sondeo indica que la desaprobación de Alan subió ocho puntos, de 16% a 24%.
Ni una palabra, por supuesto, ha dicho el director de la encuesta, Alfredo Torres de Apoyo Opinión y Mercado. ¿Se acuerda alguien como presentaban las encuestas de Toledo levantando en los medios la caída de la aprobación? ¿Se pueden imaginar un titular en los periódicos como el de esta columna?
De nada han valido los fuegos artificiales de la segunda administración aprista. Lenta, pero sostenidamente, empieza a pincharse la popularidad del Primer Mandatario que bien sabemos fue un globo mediático bien inflado, antes que una base sólida de respaldo.
Otra de las sorpresas no comentadas por los denominados “líderes de opinión”, es el aumento de la aprobación del Congreso de la República, de 34% a 39% y el casi inmovilismo de la Presidencia del Consejo de Ministros en 49%.
Bien vale recordar que García empezó en agosto con 63%, Mercedes Cabanillas con 34% y Jorge Del Castillo con 48%. De los tres, quien a todas luces pierde en estos primeros setentas días es Alan; Meche se recupera ligeramente y Jorge se mantiene.
Esta es la fotografía que, por el momento, El Comercio no muestra y Alfredo Torres prefiere no ver, ni comentar.
Esa misma foto señala que más de la mitad de los encuestados está claramente en desacuerdo con la reelección presidencial (53%), aún cuando, como sabemos, en el Perú no existe reelección inmediata.
En cuanto a la intención de voto en las elecciones regionales y municipales de noviembre próximo, está claro que el gobierno tampoco las tiene todas consigo.
47% prefiere un presidente regional independiente contra un 23% que sea alguien que apoye el oficialismo. Lo mismo pasa cuando se indaga por el alcalde provincial (44%) o distrital (46%). Mayoritariamente ganan los independientes.
Cosa curiosa de la encuesta es detectar que la gente cree más en la palabra de los bomberos (93%) que en la de los políticos (10%). No tanto por los políticos –cuyo nivel de descrédito conocemos de sobra-, sino por los bomberos que están por encima de los médicos (85%), los ingenieros (75%), los empresarios (45%), los periodistas (43%) y la gente en general (40%).
¿Será por eso que Jorge Del Castillo anda feliz con su papel de primer ministro bombero y cada vez que hay un problema social se pone su traje rojo? Sigamos conversando...
La otra es directa, admitiendo la realidad: en sus primeros setenta días de gobierno, la aprobación presidencial de Alan García Pérez ha caído 6 puntos, de 63% a 57%.
Y para que no quede duda de la tendencia, el mismo sondeo indica que la desaprobación de Alan subió ocho puntos, de 16% a 24%.
Ni una palabra, por supuesto, ha dicho el director de la encuesta, Alfredo Torres de Apoyo Opinión y Mercado. ¿Se acuerda alguien como presentaban las encuestas de Toledo levantando en los medios la caída de la aprobación? ¿Se pueden imaginar un titular en los periódicos como el de esta columna?
De nada han valido los fuegos artificiales de la segunda administración aprista. Lenta, pero sostenidamente, empieza a pincharse la popularidad del Primer Mandatario que bien sabemos fue un globo mediático bien inflado, antes que una base sólida de respaldo.
Otra de las sorpresas no comentadas por los denominados “líderes de opinión”, es el aumento de la aprobación del Congreso de la República, de 34% a 39% y el casi inmovilismo de la Presidencia del Consejo de Ministros en 49%.
Bien vale recordar que García empezó en agosto con 63%, Mercedes Cabanillas con 34% y Jorge Del Castillo con 48%. De los tres, quien a todas luces pierde en estos primeros setentas días es Alan; Meche se recupera ligeramente y Jorge se mantiene.
Esta es la fotografía que, por el momento, El Comercio no muestra y Alfredo Torres prefiere no ver, ni comentar.
Esa misma foto señala que más de la mitad de los encuestados está claramente en desacuerdo con la reelección presidencial (53%), aún cuando, como sabemos, en el Perú no existe reelección inmediata.
En cuanto a la intención de voto en las elecciones regionales y municipales de noviembre próximo, está claro que el gobierno tampoco las tiene todas consigo.
47% prefiere un presidente regional independiente contra un 23% que sea alguien que apoye el oficialismo. Lo mismo pasa cuando se indaga por el alcalde provincial (44%) o distrital (46%). Mayoritariamente ganan los independientes.
Cosa curiosa de la encuesta es detectar que la gente cree más en la palabra de los bomberos (93%) que en la de los políticos (10%). No tanto por los políticos –cuyo nivel de descrédito conocemos de sobra-, sino por los bomberos que están por encima de los médicos (85%), los ingenieros (75%), los empresarios (45%), los periodistas (43%) y la gente en general (40%).
¿Será por eso que Jorge Del Castillo anda feliz con su papel de primer ministro bombero y cada vez que hay un problema social se pone su traje rojo? Sigamos conversando...
14 octubre, 2006
Nace Politikha
Hoy aparece Politikha, un espacio de ideas; y esperamos, también de acción. Salimos a la palestra para opinar. Sin vendas, sin miedo, sin verdades absolutas.
Nos afirmamos en una sóla e indivisible palabra de raíz griega: politeia, politikha, política. La entendemos como un acto racional, constructivo, noble.
Se equivocan quienes consideran la política con un acto desleal, innoble, sucio; un mundo de traiciones y ambiciones; de mezquindades antes que de generosidad y altruismo.
La política, la definió Aristóteles, como un acto humano, una razón más que lo diferencia de los animales. Aunque no siempre, es cierto, el hombre se ajuste a este concepto.
Usamos la palabra para expresar dolor y placer, decía Aristóteles. Pero esa cualidad también la tienen los animales por naturaleza.
El hombre se expresa para, además, para manifestar lo conveniente y lo dañino, lo justo y lo injusto.
Esta es la esencia que diferencia al hombre de la bestia. "Poseer, de modo exclusivo, el sentido de lo bueno y lo malo".
Virtud y justicia son nuestro valor agregado. Sin la primera, el ser humano es un ser salvaje, el más feroz de todos; sin la segunda, carece de sentido cívico, de orden social.
La política, por eso, es el reino del hombre en sociedad. El conjunto acciones que utiliza para vivir en comunidad, el grupo de reglas que crea al servicio de todos.
Ahora bien, entendemos que como la luna, la política tiene también su lado oscuro. Romper las reglas, imponerlas en base a la fuerza, destruir mediante el uso de las armas, es virar en esa dirección, es volver al estado natural de las cosas.
Por naturaleza, el hombre seguirá siendo un animal. Por cultura, es que convierte en un ser social.
Aspiramos a utilizar la política como instrumento en ese sentido.
Pues ya lo dijo el maestro Aristóteles, " así como el hombre perfecto es el mejor de los animales, así también, apartado de la ley y la justicia, es el peor de todos".
Dominemos al salvaje que todos llevamos dentro. Sigamos conversando...
Nos afirmamos en una sóla e indivisible palabra de raíz griega: politeia, politikha, política. La entendemos como un acto racional, constructivo, noble.
Se equivocan quienes consideran la política con un acto desleal, innoble, sucio; un mundo de traiciones y ambiciones; de mezquindades antes que de generosidad y altruismo.
La política, la definió Aristóteles, como un acto humano, una razón más que lo diferencia de los animales. Aunque no siempre, es cierto, el hombre se ajuste a este concepto.
Usamos la palabra para expresar dolor y placer, decía Aristóteles. Pero esa cualidad también la tienen los animales por naturaleza.
El hombre se expresa para, además, para manifestar lo conveniente y lo dañino, lo justo y lo injusto.
Esta es la esencia que diferencia al hombre de la bestia. "Poseer, de modo exclusivo, el sentido de lo bueno y lo malo".
Virtud y justicia son nuestro valor agregado. Sin la primera, el ser humano es un ser salvaje, el más feroz de todos; sin la segunda, carece de sentido cívico, de orden social.
La política, por eso, es el reino del hombre en sociedad. El conjunto acciones que utiliza para vivir en comunidad, el grupo de reglas que crea al servicio de todos.
Ahora bien, entendemos que como la luna, la política tiene también su lado oscuro. Romper las reglas, imponerlas en base a la fuerza, destruir mediante el uso de las armas, es virar en esa dirección, es volver al estado natural de las cosas.
Por naturaleza, el hombre seguirá siendo un animal. Por cultura, es que convierte en un ser social.
Aspiramos a utilizar la política como instrumento en ese sentido.
Pues ya lo dijo el maestro Aristóteles, " así como el hombre perfecto es el mejor de los animales, así también, apartado de la ley y la justicia, es el peor de todos".
Dominemos al salvaje que todos llevamos dentro. Sigamos conversando...
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