12 noviembre, 2007

Los últimos días de Hitler

En el gavetero encontré este texto, escrito hace un tiempo, después de leer de un tirón el apasionante informe del ex embajador del Reino Unido en Alemania, Hugh Trevor-Roper, publicado años después como libro con el título del presente artículo:

La muerte de Hitler no dejó rastro. Su cadáver no apareció jamás, así como tampoco el de su esposa Eva Braun. Pero quedó claro que ambos se suicidaron la noche misma en que las tropas rusas ingresaban al bunker, en los sótanos de la Cancillería alemana, en Berlín.

Los rusos llegaron a encontrar los restos del Führer, pero lo desaparecieron, o se lo llevaron, para evitar así cualquier santificación o recuerdo de sus despojos.

El Reino Unido encargó a su embajador en Alemania, Hugh Trevor-Roper, despejar las dudas sobre la forma en que Hitler desapareció -literalmente- de la faz de la tierra. El embajador cumplió su tarea a cabalidad; recogió testimonios, acumuló pruebas, trazó hipótesis, absolvió interrogantes y redactó un voluminoso informe con detalles escalofriantes de las útimas horas del Führer.

Antes de matarse, Hitler mandó a matar a su perro, Blondy, quien lo acompañó hasta el final. Luego, mandó a preparar sus testamentos, uno político en el que aclaraba la sucesión en el poder, y el otro personal en el que repartía su fortuna.

Los testigos escucharon un sólo disparo, pero cuando entraron a la habitación, encontraron los cuerpos sin vida de Eva Braun y Adolfo Hitler. Ella se había suicidado tomando una pastilla de cianuro. El optó por la solución del soldado: dispararse un tiro en la boca.

Tal como había sido su voluntad, los cuerpos fueron sacados de la habitación y conducidos a los jardines exteriores de la Cancillería. Allí fueron tendidos juntos, los saludaron al estilo nazi, les rociaron petróleo y les prendieron fuego.

Hitler no quería que su cuerpo o sus cenizas cayeran en manos enemigas. No quería darles el placer de hacer escarnio con sus restos.

Pero, al parecer, faltó tiempo. Un soldado que hacía la guardia en uno de los torreones de la Cancillería vio la humareda que despedían los cuerpos en llamas. Los rusos estaban ya a las puertas del bunker.

Tampoco Goebbels, el ministro de Propaganda, pudo desaparecer. Al igual que su jefe dispuso todo para que quemaran su cuerpo. Pero el petróleo no alcanzó y su cuerpo se chamuscó de manera incompleta.

Hugh Trevor-Roper comprobó que los rusos escarbaron todos los rincones de la Cancillería y probablemente encontraron los cuerpos enterrados en el lugar. A Hitler era posible reconocerlo por placas dentarias y de la cabeza que existían de él.

Pero los rusos jamás reconocieron haber encontrado algo. En todo momento se negaron a cooperar con las investigaciones del embajador del Reino Unido. Cuando Trevor- Roper presentó su informe final, dos años después, ante el Comité de Inteligencia de los Aliados, un oficial del Ejército Rojo sólo atinó a decir: "muy interesante".

Sesentitres años después nada ha cambiado. De Hitler no existe ni una brizna de carne o de huesos, ni polvo. Nada.



3 comentarios:

Juan Sheput dijo...

Hola Luis Alberto, creo que hay un error. En agosto de 1944 los rusos no podían emprender aún la ofensiva final contra Alemania pues se encontraban en el frente polaco. El suicidio de Hitler fue el 30 de abril de 1945. Hay evidencias que, efectivamente se habría encontrado el cuerpo chamuscado y que luego fue desaparecido -incinerándolo- conservando los rusos el cráneo y parte de la mandíbula. ¿El motivo? que no se haga un santuario en Alemania. Aunque lo último, lo de la conservación de los restos, aún no está confirmado.

Politikha dijo...

Hola Juan. Gracias por el dato. Siempre me llamó la atención ese culto de algunos autores históricos a lo misterioso, a lo enigmático. Pasa con los hombres que han marcado la historia (sea para bien o para mal)Alejandro Magno, Napoleón, Cristo. Aunque en el caso de Hitler, es claro que a pesar de no conservarse ni un rastro de polvo del dictador, aún existen algunos jóvenes extraviados por el nazismo y su torcida ideología de la raza superior. Lo que revela que pasan los hombres pero -buenas o malas, repito- las ideas quedan.

Anónimo dijo...

EL NAZISMO ESTÁ PRESENTE EN LAS CALLES DE EUROPA. HACE POCO HEMOS VISTO COMO UN CABEZA RAPADA ESPAÑOL AGREDIA A PUNTAPIE LIMPIO A UNA ECUATORIANA EN UN METRO DE MADRID.

DE LOS HOMBRES QUE GENERARON IDEAS MESIÁNICAS Y ANTIHUMANAS COMO HITLER NO DEBE QUEDAR NI UN PELO SOBRE LA FAZ DE LA TIERRA.