Politikha / Blog de Luis Alberto Chávez

27 junio, 2007

Fujimori senador japonés

Fujimori es para el Japón un hijo del sol naciente. Sin manchas de corrupción ni de sangre. En la lejana potencia oriental, su historia sigue presentándose como la del hijo de inmigrantes pobres que salieron de Kumamoto a comienzos del siglo pasado; que, siendo presidente, salvó la vida de ciudadanos japoneses secuestrados por un grupo armado terrorista.

Para buena parte de la clase política japonesa, Fujimori es casi un héroe mítico. La campaña de violación de derechos humanos y la de un gobierno cleptómano no ha afectado sus relaciones con el poder nipón. La invitación para encabezar la lista al senado del Partido del Pueblo –escindido del Partido liberal Demócrata- es prueba de ello.

El Japón le lanza ahora un salvavidas cuando su extradición al Perú por crímenes de lesa humanidad es inminente. Aunque el derecho de inmunidad o protección no le alcanza, según el tratado de extradición que tenemos con Chile, resulta complicado que el Japón observe impasible el juzgamiento de uno de sus senadores.

Después de perder la Segunda Guerra Mundial, el Estado japonés pasó, de una monarquía real a una monarquía constitucional. Es decir, el emperador admitió no ser descendiente divino y abdicó de su poder absoluto.

En 1946, se aprobó la Constitución y se formó un parlamento bicameral el cual elige al Primer Ministro, responsable a su vez de conformar el gabinete ministerial. El Primer Ministro es un miembro del Parlamento elegido por las dos cámaras, la de Representantes (480 miembros) y la del Senado (242 miembros). De ser electo, Fujimori ocupará uno de estos 242 escaños, la mitad de los cuales, se renueva cada tres años.

Japón considera a Fujimori uno de los suyos. Al nacer fue inscrito en el consulado japonés en Lima como súbdito del imperio japonés. Es decir, quedó expresa su voluntad de mantener su nacionalidad japonesa. Fujimori jamás renunció a su nacionalidad de sangre. Se burló del país, de la Constitución del 79, que le impedía jurar como presidente de la República en esa condición.

No queda duda que Fujimori es peruano, y en esa condición debe rendir cuentas a la justicia peruana. Pero ahora que vuelve a la tierra de sus ancestros para servir a otra nación y huir de sus responsabilidades en el Perú, sus seguidores aquí debieran asumir que -una vez más- su líder los ha traicionado.

Fujimori ha renunciado a seguir siendo peruano para no pagar sus culpas. Y ha usado su origen japonés por la misma razón. La yuca como símbolo nunca quedó mejor.



25 junio, 2007

¿Por qué cae Alan García?

Si seguimos la estrategia recomendada por los “gurúes” de la comunicación política, Alan García ha hecho su tarea. Desde el comienzo de su gestión, impuso una agenda político-mediática. Se ha levantado relativamente temprano para presentar proyectos o inaugurar obras. Está en canal 7 en cualquier momento y el tiempo que quiera. Gobierna prácticamente sin oposición, con una prensa relativamente complaciente y, sin embargo, cae sostenidamente en las encuestas, al punto que hoy, según Apoyo, su desaprobación (49%) es menor que su aprobación (42%). ¿Por qué?

No parece ser suficiente explicar la caída por el desplome del Congreso. Es cierto que los escándalos del Legislativo, ocurridos en los últimos tres meses, pueden terminar con desacreditar a toda la clase política.

Pero la caída del presidente es sostenida. Lenta y gradual, pero imparable (63% en agosto de 2006 a 42% en junio de 2007). No se puede decir que no haya probado todas las fórmulas. Ha llevado su gabinete completo a provincias, sus ministros se desplazan por diversas regiones, copan los medios, su primer ministro es un todoterreno que anda sentándose de mesa en mesa de diálogo. Y nada.

Y ni qué se diga de los discursos interminables, los bailecitos de Carnaval, las bromas con la prensa, las apariciones con Pilar. Ahora mismo lo vemos dormir en las alturas, disfrazarse de campesino, preocuparse por el cambio de clima. Nada parece suficiente.

Quizás debamos buscar en otro lado la explicación del bajón presidencial. Una frase puede ayudar: resultados de gestión.

La verdad es que a un mes de cumplirse un año del gobierno aprista, el presidente García no puede exhibir resultados concretos atribuibles a su periodo por la gente. Lo que hasta el momento viene inaugurando es la inercia de crecimiento que le dejó el gobierno anterior.

Una encuesta de CPI señalaba que el primer programa de gobierno que la gente reconoce es “A Trabajar Urbano”, creado por el Ministerio de Trabajo del gobierno de Alejandro Toledo que hasta hoy se promociona con una cortina musical hecha en el quinquenio anterior “ponte a trabajar, ponte a trabajar”.

El segundo programa de mayor recordación es “Agua para Todos”, obras de agua potable y alcantarillado para ciudades intermedias cuyos proyectos de factibilidad definitivos y sus respectivos presupuestos –aprobados en octubre-diciembre de 2005- quedaron listos para ejecutarse a partir del segundo trimestre de 2006.

Lo mismo puede decirse de los programas “Mi Vivienda”, “Techo Propio” y “Techo Propio Deuda Cero” a los cuales se ha añadido un programa de préstamos para construcción de segundos pisos, denominado “Mi Hogar”.

En cuanto a carreteras, acaba de inaugurarse un tramo de la Interoceánica Norte y está listo otro de la Interoceánica Sur. Obra identificada con el antecesor en Palacio de Gobierno. Lo mismo que el TLC que está por salir y que la gente se acuerda lo que García dijo durante la campaña.

El gobierno no ha logrado hasta el momento colocar un programa exitoso que la gente lo reconozca como propio de su gestión. La misma encuesta de CPI señalaba que las dos principales razones por las que la gente aprobaba la gestión presidencial eran la estabilidad económica y la aprobación del TLC, ambas heredadas de la gestión anterior.

Si a ello agregamos, el fracaso del shock de inversiones, la paralización del aparato público, el copamiento grosero de apristas en el Estado, la austeridad posera y una evidente pugna de poderes al interior del partido de gobierno, tenemos un cóctel que sabe más bien a trago amargo en este primer año de la administración aprista, en especial, para el presidente García. La gente se da cuenta de eso.



21 junio, 2007

Diablos y vida de infierno

La separación de Keiko y su madre comenzó mucho antes de llegar al poder. Sus rutas se bifurcaron cuando todavía eran una familia -como cualquier otra de ascendencia japonesa-, algo retraída y mustia, sin muchas amistades, y los esposos Fujimori-Higuchi, invirtieron las funciones tradicionales del hogar: Susana, una próspera empresaria que administraba una reencauchadora, un fundo y diseñaba pequeños proyectos arquitectónicos. Alberto, un modesto profesor de matemáticas, encargado, además de las tareas de la casa.

Era Alberto quien preparaba la lonchera de los chicos, los peinaba y los enviaba al colegio. Al regresar, les revisaba sus cuadernos, los ayudaba en las tareas y les reforzaba los cursos de números. Susana regresaba tarde a casa, cansada y sin muchas ganas de que los cachorros se le subieran a la cabeza. Así funcionaron las cosas hasta que en 1990 Fujimori decidió ingresar a la política. La Higuchi apoyó la candidatura con su dinero.

Tiene razón Susana cuando dice que Fujimori cambió al escuchar el flash electoral con los resultados electorales. A partir de allí, su mundo de madre y esposa trabajadora se trastocó por el de mujer desquiciada. Susana fue excluida casi desde el comienzo del círculo íntimo del electo presidente. Vladimiro Montesinos empezaba a operar.

Lo más triste es que Susana también estaba quedando fuera del ámbito familiar. Sus cuñadas murmuraban a sus espaldas, mientras le cerraban cualquier acceso en el manejo de las donaciones. Días antes del 5 de abril, Susana no aguantó más y denunció a las hermanas de su esposo de traficar con ropa donada.

Lo que vendría luego sería una escalada de sucesos alucinantes. Le arrojaban cosas desde los techos para hostigarla, Fujimori la raptó y le inyectó una sustancia que la adormeció, la persiguió con un machete, hasta que Leonor La Rosa la vió desnuda e inconsciente en los calabozos del SIE.

Cuando al fin se divorció, hacía mucho tiempo que sus hijos habían tomado partido por su padre. Fujimori los envió a estudiar al extranjero con dinero que hasta hoy se desconoce su origen, pero que de ninguna manera salió de su bolsillo.

Keiko asumió las tareas de Primera Dama y la presidencia de la Fundación por los Niños del Perú. Su padre no ocultaba su satisfacción ante las nuevas responsabilidades. Susana, pese a todo, se sentía feliz.

Luego, Susana postuló al Congreso y luchó contra la reelección de Fujimori. En la vida íntima, se conformó con las visitas cada vez más esporádicas de sus hijos. Se tragó el noviazgo electoral de Satomi Kataoka. Saludó la elección de Keiko y sonrió desde el alma cuando se casó.

Hoy Keiko tiene tres meses de embarazo. Fujimori intenta evadir la justicia ventilando una candidatura a senador del Japón y ella ha regresado a la chancadora de piedra y a la chacra de Pampa Bonita, donde empezó.

Ha dicho que Keiko tiene cara de ángel para todos, pero que para ella tiene “cara de diablo”. La misma cara que Susana le vio a Fujimori cuando blandió el machete contra ella (Caretas 1710). Dejemos tranquila a Susana. Es una mujer de enorme fortaleza y gran candor. Y con todo lo que le ha pasado, debe albergar, seguramente, una inmensa soledad. De seguro ve diablos, pues, su vida, fue un infierno.



19 junio, 2007

La Haya, finalmente

La decisión del Perú de dirimir el conflicto fronterizo que mantiene con Chile implica asumir los costos políticos y jurídicos que demandará la medida.

Significa también que el gobierno debe preparar el terreno para evitar expectativas desmesuradas sobre el fallo de la Corte Internacional de la Haya.

Según los expertos en la materia, es altamente improbable que el tribunal falle ciento por ciento a favor de la posición de una de las partes.

En otras palabras, ninguno de los dos países quedará plenamente satisfecho con el dictamen de la corte.

La solución estará por debajo de las expectativas de los países. Pero no habrá vuelta atrás.

Si por alguna razón, como dice el internacionalista Juan Velit, perdemos, “nos vamos a sentir deprimidos y arrinconados políticamente”.

Lo mismo puede decirse para el vecino.

Se debe preparar, entonces, al país para cualquiera de los escenarios.

Pero, principalmente, el país debe estar preparado para eventuales escenarios extra diplomáticos.

El proceso en la Haya tomará su tiempo.

Mientras, es bueno recordar los principales argumentos de la posición peruana.

No está definido el límite marítimo con Chile. Este reclamo se planteó al vecino del sur en 1986.

Lo que tenemos son acuerdos pesqueros de 1952 y 1954 en los que los peruanos “aceptamos” el uso del paralelo como referencia fronteriza, pero para casos concretos y objetivos.

La Declaración de Santiago de 1952, menciona “el paralelo” para señalar el caso de que existan “islas en la zona fronteriza”, cosa que existe en el mar ecuatoriano, pero no en Chile.

El Convenio de 1954, sobre la Zona Especial Marítima Fronteriza, también indica "el paralelo" pero para crear una “zona de tolerancia pesquera" de 10 millas a ambos lados de la línea.

En ninguno de los dos casos se trató de acuerdos o tratados de límites fronterizos marítimos.

Así se lo hicimos saber a los vecinos del sur el año 2000 cuando depositaron en Naciones Unidas su cartografía marítima chilena.

El 2002, el Presidente Toledo se lo planteó al Presidente Lagos. Hasta que el 2004 se formalizó la posición peruana a través de la Cancillería.

De manera que a nadie sorprende que tres años después no se haya llegado a solución diplomática alguna y técnicamente estemos a punto de ingresar al arbitraje de un tercero.

Por las declaraciones del canciller Foxley, Chile no tendrá problemas en aceptar la instancia internacional. Es por ello que ha llegado el momento de preparar al país. En todo sentido.



17 junio, 2007

Diabetes conchitus

El presidente García podrá engordar en el poder, pero jamás tendrá diabetes. La razón es simple: no tiene sangre. Al menos, no la tiene en la cara, a juzgar por el papel asumido en el oscuro aquelarre descubierto por la prensa.

Además de ser el principal instigador del apurado y desordenado sainete orquestado en el Congreso para elegir a los cuatro miembros del TC, su postura frente al problema varió -de cabo a rabo- en apenas 72 horas.

El jueves 14, cuando el escándalo hizo rodar la cabeza de Javier Ríos Castillo, García señaló desde Tarija que dicha decisión era “una buena manera de salir de un problema y cortar por lo sano”. Es decir, nada de convocar a un nuevo proceso.

Esta misma posición la tuvieron los apristas en el Congreso -Mercedes Cabanillas, Aurelio Pastor-, quienes defendieron la elección de los otros tres magistrados y se negaron a admitir un nuevo proceso.

En una reacción tan felina como cínica, el premier Jorge Del Castillo pasó casi de inmediato de ser co-responsable del entuerto (al votar mansamente por la fórmula de marras) a demandar una “solución general” al problema, distinta a la “solución parcial” que proponían Alan García y Mercedes Cabanillas.

Hoy domingo 17, sin embargo, tenemos un García reinventado, ajeno a todo y con espíritu salomónico. Afirma este nuevo ser –político redivivo- que el problema de fondo es el sistema de elección de los candidatos, el cual plantea 80 votos para elegir a los magistrados del TC. Y adelanta que se reunirá con los voceros de las bancadas para "cortar en seco este tema que afecta la imagen del Legislativo".

Es decir, primero propone aceptar la renuncia de Ríos Castillo “para cortar por lo sano” el problema, y luego sin más ni más, dice que se reunirá con las bancadas para “cortar en seco”, el mismo problema. No pues, alguien tiene que decirle sus cuatro frescas a este señor.

No puede ser que primero empuje a su partido a meterse en un embrollo de la gran flauta y ahora sea él quien proponga a los demás partidos la solución vía reuniones con las demás bancadas. Sabe Dios qué acuerdos, amarres o pactos saldrán de esas conversaciones.

En la cuchipanda de la elección del TC, García llevó de las narices a su bancada del Congreso, presionó a Cabanillas a llevar adelante la elección, intentó apagar el incendio aceptando la renuncia sólo de Ríos Castillo, y ahora pretende recomponer el juego reuniéndose con todas las bancadas para manejar personalmente los acuerdos.

Excepto la insunuación de Rospigliosi en Perú 21, nadie se ha atrevido hasta ahora a señalar la responsabilidad del Presidente de la República en este juego sucio. Todos han centrado sus baterías en la abierta pugna entre Del Castillo y Cabanillas y han dejado pasar las zigzagueantes y antagónicas posiciones asumidas por el presidente García.

A juzgar por la conducta del Primer Mandatario, una nueva variedad de enfermedad se ha instalado en nuestra clase política. De la diabetes miellitus, hemos pasado a otra producto -según los primeros indicios- del consumo exagerado de conchas, choros, locos y demás variedades de mariscos. Su principal síntoma es el cinismo a raudales. Los médicos la han denominado: diabetes conchitus.



14 junio, 2007

El nexo oscuro de Palacio

La responsabilidad por la forzada –y frustrada- elección de Javier Ríos Castillo al Tribunal Constitucional rebasa al Congreso de la República. Mercedes Cabanillas, la desesperada presidenta, ha sido, en este caso, el percutor de este fallido disparo. La mano que activó el mecanismo es la del presidente Alan García. Fue Palacio quien apuró la elección.

Hace apenas dos días, en la ceremonia de juramentación de seis nuevos magistrados supremos elegidos por el Consejo Nacional de la Magistratura (CNM), el presidente García reclamó celeridad al Congreso en la elección de los miembros del Tribunal constitucional.

“Fue un nuevo reclamo del Ejecutivo al Congreso”, anotó “La República”. "Esperamos que a la brevedad el Congreso pueda nombrar a los integrantes del TC a fin de que este organismo pueda completarse con miembros titulares y actúe con la energía que nuestro país necesita", dijo García.

De ahí la desesperación de Meche por apurar la votación: “Nadie sale del Congreso hasta que hayamos elegido a los miembros del Tribunal”, se le escuchó decir. Las llamadas de Palacio eran para desequilibrar a cualquiera. Hasta el Premier Jorge Del Castillo acudió a su escaño para sumar votos.

Alan retrasó su vuelo a Bolivia para asegurar que se cumpliera el mandato. Los teléfonos de Palacio al Congreso congestionaron las líneas. ¿Quién realmente estaba interesado en copar el Tribunal Constitucional?

La foto de Caretas paró en seco este cabildeo de última hora en la se pretendía meter de contrabando a Javier Ríos Castillo, un hombre que horas antes ¿acordaba?, ¿suplicaba?, ¿celebraba? su nombramiento con los hermanos Agustín y Jorge Mantilla, Óscar López Meneses, brazo derecho de Vladimiro Montesinos, el general de brigada EP Roberto Vértiz Cabrejos y el teniente coronel EP Federico Germán Cuadra Rodríguez, éstos dos últimos investigados ahora por su comando.

A propósito, ¿qué hacían dos generales en actividad en una reunión privada con Mantilla?

El encuentro estaría relacionado con la especulación que corrió en Lima sobre cambios inminentes en los altos mandos del Ejército.

El rumor fue tan fuerte que el Ministerio de Defensa tuvo que sacar una nota aclaratoria indicando que “no está previsto ningún cambio al respecto y que se viene trabajando con total armonía, satisfacción y solidez con los actuales Comandantes Generales y el Jefe del Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas”.

Anoche, Del Castillo y Meche Cabanillas se enfrascaron en un sainete de acusaciones en el programa de Rosa María Palacios. Ninguno admitió que –una vez más- habían cumplido las órdenes de García sin duda ni murmuraciones.

Los apristas empujaron, zarandearon, porfiaron y sacaron la votación de los miembros del Tribunal Constitucional pactando con fujimoristas y nacionalistas, al mejor estilo de toma y daca, repartiéndose el TC como si fuera un botín. Todo, siguiendo las instrucciones de Alan García.

Para curarse en salud, hoy ha dicho Alan desde Bolivia: "A mí como jefe del Estado lo que me interesa es que cuando haya problemas no nos quedemos enfrascados buscando una y otra vez qué pasó, quién fue el responsable, sino cortar por lo sano".

El problema es que no hay nada sano que cortar. Todo parece estar enfermo. Empezando por Javier Ríos Castillo que optó por renunciar, dejando ¿a salvo? el lado oscuro de Palacio.



13 junio, 2007

Encuentro en Tarija

Apenas unas horas estará la presidenta Bachelet en Tarija, Bolivia, según confirmó hoy La Moneda. Llegará disminuida psicológicamente, tras permanecer 48 horas al lado de su hija que sufrió una trombosis cerebral este fin de semana.

No es el mejor momento para asumir una conversación de fondo con el Perú respecto al tema fronterizo. Por lo que más importante será lo que avancen los respectivos cancilleres, en los corrillos de la reunión Cumbre de la Comunidad Andina de Naciones.

A la honda preocupación familiar, Bachelet debe sumarle su caída de 18 puntos en las encuestas en los últimos dos meses: de 62,1% en abril a 44,2% en junio, según cifras de la consultora Adimark.

Hoy se afirma en Santiago que la presidenta está acorralada por la derecha, sufriendo un embate que empezó con el mal diseño de aplicación del Trasantiago y que continuó con la crisis de la energía en el norte del país.

La escalada que ha sufrido la relación con el Perú en las últimas semanas y la extradición de Fujimori figuran también en su lista de temas de importancia subrayados con rojo.

El cable informativo dando cuenta de la quema de la ofrenda floral chilena en Tacna debe haberle aumentado las preocupaciones. ¿Qué esperaba realmente el embajador Cristian Barros? ¿Apaciguar los ánimos en vísperas del encuentro García-Bachelet o todo lo contrario?

La violencia debe ser rechazada. Pero también la provocación.

Lauer se pregunta en su columna si acaso no está más cerca el momento de terminar de una vez la estrategia de cuerdas separadas que mantiene la relación comercial y política con Chile.

El presidente García ha señalado con claridad que el Acuerdo Comercial con el vecino del sur continuará. Y que las diferencias fronterizas deberán seguir su curso diplomático.

A propósito de este tema, es probable que la Corte Internacional de la Haya no sea la etapa inmediata que utilicen los dos países para dirimir sus diferencias, en tanto no se ha llegado a una situación de “statu quo”.

Se escuchan en Lima voces que reclaman agotar antes hasta dos caminos: los “buenos oficios”, de un tercer país que se ofrece a superar el statu quo, o la “mediación”, también de un tercer país, pero aceptada por ambos.

El camino es, como se ve, largo y no exento de marchas y contramarchas.

La reunión de García-Bachelet será, entonces más protocolar que de fondo. Y así habría que tomarla para no exagerar en sus resultados.

Conociendo el protagonismo del presidente peruano, seguramente buscará en Tarija la foto con la Presidenta Bachelet. Le mostrará pesar por el accidente de su hija, la acompañará en su dolor y llamará a mantener la serenidad en el tema bilateral.

Habrá que ver si la cabeza de la presidenta estará como para aguantar tantas emociones juntas.



11 junio, 2007

Turba que perturba

El Chino todavía no viene y ya causa alboroto. Se ha convertido en un factor perturbador no sólo para las fuerzas políticas peruanas, sino, también para las relaciones bilaterales. Sectores informados de Santiago saben que si lo extraditan incomodarán a Lima y si no lo hacen también. No hay cómo salir del embrollo. Por eso es que el tema Fujimori no sólo es un tema jurídico; es, esencialmente, un asunto político.

Los primeras puyas entre apristas y fujimoristas ya empezaron. Mulder y Raffo han cruzado sables atacando uno y defendiendo el otro la posición de Keiko de vaticinar la inestabilidad del gobierno si se concreta la extradición de su padre.

En realidad entramos a un proceso de realineación acelerada de las fuerzas políticas.

Conforme avance el proceso de extradición, el APRA sentirá la presión de los sectores democráticos y su relación con el fujimorismo se debilitará.

Los primeros escenarios donde se evidenciará el deterioro de este compromiso serán en la elección de los magistrados del Tribunal Constitucional, la composición de la Mesa Directiva del Congreso y las reformas constitucionales planteadas, la bicamerialidad y la anulación del voto preferencial.

Nunca como ahora los fujimoristas harán valer el peso de sus trece votos.

La capacidad de movilización callejera de las huestes fujimoristas –amparada en el 20% de respaldo al líder extraditable- es sólo una ilusión coyuntural de las encuestas.

En la medida que el juicio se ventile y la gente recuerde los horrores en materia de derechos humanos y la organización delincuencial de los latrocinios, el nivel de aprobación se reducirá.

Esa masa de fujimoristas alterados perturbando el orden público es, por lo tanto, un “trabajo de boquilla”, como los insultos que se dicen al oído dos peleadores callejeros antes del combate.

Más importante es el rol que asuman los sectores democráticos. Fujimori no va a venir al Perú sólo por la decisión del Poder Judicial chileno. Sino por el grado de presión social que puedan ejercer las organizaciones nacionales.

Para ello, es necesario articular un espacio que ensanche la mesa de las organizaciones defensoras de los derechos humanos.

Procesar a Fujimori es un derecho de la sociedad.

El dictamen fiscal chileno nos recuerda que no puede haber impunidad para quien traiciona la voluntad popular.

Las sociedades democráticas deben garantizar un juicio justo. Incluso para aquel que violó el principio democrático. Este principio es más fuerte que cualquier turba que perturbe.



09 junio, 2007

La fuerza de la razón

Apelar a la razón en una controversia no es señal de debilidad. La razón jurídica, se entiende; la razón histórica. Es una muestra de civilización. Es una demostración de la posibilidad de alcanzar acuerdos en la mesa de negociaciones, antes que en el campo de batalla.

Pero es claro que en una negociación, las partes se sientan a conversar, apoyados no sólo en este tipo de argumentos, sino, también en la fuerza. En la fuerza de sus armas.

El poder militar es un buen referente en la mesa de negociaciones. El efecto disuasivo de las armas, a veces, es suficiente para sostener y defender un punto. Ya lo decía Sun Tzu, el mejor combate es aquel que se gana sin librar batalla.

Por eso es conveniente analizar el momento de sentarse en la mesa. Si no tengo el respaldo suficiente, es mejor esperar. Las circunstancias, sin embargo, podrían acelerarse.

Es un hecho innegable que el conflicto, impasse, diferencia, controversia –o como quiera llamársele-, entre Chile y Perú, ha llegado a una situación tal, que conviene repasar, una a una, todas las alternativas posibles.

Serenidad y calma, sí, como reclama el Presidente García. Pero realismo y pragmatismo también para no dejar de ver todas las aristas.

Un primer aspecto es el geopolítico, es decir, la política aplicada al terreno. Detrás de cualquier asunto de fronteras hay siempre un componente de este tipo –Pinochet dixit-: El Estado, como el hombre, requiere para su crecimiento, “abarcar mayores espacios”.

Desde este punto de vista, no es casual entonces la “confusión” chilena de pretender extender un reclamo territorial a la controversia marítima que sostiene con el Perú.

La frontera terrestre entre ambos países se fijó en el Tratado de 1929. Chile pretende ahora desconocer esa línea fronteriza y “ganar” el famoso triángulo de 37 mil metros cuadrados.

La Comisión Demarcadora de 1930 lo que hizo fue colocar el Hito 1 no en la orilla del mar –donde corresponde el lugar exacto de la delimitación fronteriza-, sino a poco más de 200 metros de ella, en territorio peruano, para evitar que la marea destruya el bendito mojón. El hito que marca la frontera es el Hito Concordia, ubicado, según el Tratado, a orillas del mar. Punto.

Ahora resulta que los peruanos nos enteramos que, según Santiago, ya no sólo tenemos un problema de demarcación de la frontera marítima, sino también terrestre. Esto es inaudito. Sólo comprensible dentro de una lógica expansionista.

Fiel a su estilo, el Presidente García ha dicho que en estos tiempos "las cosas (con Chile) no se arreglan a bombazos" y que “ninguno de los dos somos grandes potencias como para arreglar las cosas como las arreglan ellas”.

Es cierto. Nadie quiere bombazos. Pero el hecho que nadie quiera no significa que dejamos de tener en cuenta esta posibilidad. Nunca como ahora hemos tenido tal escalada de controversias y tantos intereses puestos en bandeja.

Bienvenida la razón. Pero sin descuidar la fuerza que es, a final de cuentas, la fuerza de la razón.



07 junio, 2007

La razón y la fuerza

Las posiciones de Perú y Chile han llegado a un punto neutro. Cada quien tiene su propia interpretación de la línea de frontera. Y así lo han hecho saber a la comunidad internacional. Ninguno de los dos países cede posiciones. Estamos ante lo que técnicamente se denomina un conflicto, es decir, dos situaciones o puntos de vista excluyentes; que no pueden darse simultáneamente.

El canciller peruano ha señalado que “ya es difícil alcanzar acuerdo con Chile a través del diálogo”. Estas palabras no deben interpretarse como negativa al diálogo, sino, más bien, como inutilidad del diálogo para llegar a un acuerdo.

El Perú oficializará ante Naciones Unidas su mapa cartográfico marítimo. Chile protestará, tal como lo hizo nuestro país cuando el vecino del sur presentó el suyo.

Las conversaciones podrán continuar, pero muy probablemente será un tercero - La Corte Internacional de la Haya- el que tenga la última palabra.

El conflicto entonces, es la controversia respecto al trazo de la frontera. Tenemos un problema limítrofe marítimo con Chile que no puede ser resuelto por las partes, aún cuando mantenemos abiertos los canales diplomáticos.

Al llevar el caso a un tribunal internacional, el Perú apela a la razón.

Busca resolver la diferencia "por la vía pacífica" como corresponde a "dos países maduros y civilizados", según reafirmó el canciller peruano, en respuesta a su homólogo sureño quien señaló que Chile responderá en su momento con “firmeza y claridad”.

Sin embargo, hoy existen círculos en el Perú que creen que este conflicto podría escalar de nivel hasta conducirnos a una situación insostenible en el ámbito pacífico y pasar de la razón a la fuerza.

Es una especulación basada en antecedentes históricos, en traumas heredados de la guerra, pero también en cuestiones objetivas actuales como el nivel de desarrollo económico alcanzado por Chile que lo ha llevado a un sostenido proceso de modernización de sus fuerzas armadas.

Esta visión analiza con preocupación los cerca de 5 mil millones de dólares invertidos por alrededor de 250 empresas chilenas en el Perú en sectores diversos como servicios financieros, energía, puertos. En tanto que las inversiones peruanas en el país del sur apenas si llegan a 30 millones de dólares.

Lo cierto es que las asimetrías entre nuestros países son no sólo económicas, sino también militares. Aún cuando hay quienes afirman que las relaciones comerciales ayudan a generar confianza entre los países al ser vistos como socios, lo cierto es que la geopolítica indica que los Estados fronterizos son organismos vivos que siempre tendrán objetivos distintos.

La teoría del conflicto sirve también para entender que no hay conflicto puro o pura cooperación; hay situaciones de cooperación y de conflicto. Y son éstas últimas las que finalmente abren espacio a la negociación.

Acudir a La Haya es seguir este camino; es persistir en la negociación a través de un árbitro. Es, en la práctica, apelar a un lado de la ecuación: la razón y no la fuerza.



04 junio, 2007

Zancadillas post Cabanillas

La Pregunta de hoy de RPP -¿Cree que la presidenta del Congreso ha fracasado en su objetivo de alcanzar una nueva imagen del legislativo?- da una idea del nivel de deterioro al que parecen haber llegado las relaciones dentro del partido Aprista. A las 5:17 horas de hoy, de un total de 527 respuestas, el 77% respondía que sí, mientras un 22 señalaba lo contrario. Alan García puede respirar tranquilo. Meche se va con una alta popularidad (60% según CPI), pero ha fallado en darle un nuevo rostro al Congreso.

El fenómeno astronómico de eclipse solar no se acepta en política; y menos en un régimen presidencial-hedonista como el que tenemos.

Del Castillo ha tenido que adelantarse a todos y decir -a quien quiera escucharlo- que no está dispuesto a regresar al Congreso y ser el sucesor de Meche.

“No me gustaría ser el que siembre y después no ser el que coseche”, ha dicho el Premier. Error. En un régimen cacique-caudillista como el que padecemos, los ministros sólo siembran; el único que cosecha es el Presidente.

Los rumores indican que García habría propuesto a Luis Negreiros como el sucesor de Cabanillas, pero eso huele más bien a un lanzamiento prematuro para quemarlo.

Mulder sabe que no tiene las condiciones mínimas de espíritu concertador que se necesitan para aspirar al cargo. Lo mismo sucede con Velásquez Quesquén.

Amarradas las cartas de Lucho Alva y Del Castillo al Ejecutivo, quizás la única posibilidad seria que tiene el partido de gobierno de aspirar a mantener el control del Congreso sea la de promover la candidatura de Luis Gonzales Posada.

El avance logrado por Allan Wagner en la reforma del sector Defensa asegura, además, que Gonzales Posada se mantenga quieto en los fueros del Congreso y espere otro tiempo para ceñirse el fajín y el bastón de mando militar.

Por el lado de la oposición, está claro que el nacionalismo aspira a mantener control de las comisiones que preside antes que disputar la presidencia del Congreso. Lo mismo pasa con sus díscolos socios, los upepistas.

La idea de los fujimoristas de lanzar la candidatura de Keiko no prendió. Y en Alianza Parlamentaria la pugna entre Andrade y Lescano por encabezar la representación de la bancada a la Mesa Directiva cobra fuerza. Hoy en RPP ventilaron esta posibilidad.

En Unidad Nacional ya sabemos que Javier Bedoya debe pasar primero por el aro de las disculpas públicas al APRA por haberlos responsabilizado de los destapes a congresistas de su agrupación. Si lo hace, se debilita ante la propia oposición. Si no lo hace, no tiene opción. Parece un callejón sin salida.

El auto-expectorado Renovación seguirá su conducto natural de ser un apéndice del APRA o del fujimorismo. O de ambos.

En resumen, y parafraseando la terminología parlamentaria, podemos afirmar que tras la renuncia de Cabanillas, en el Congreso, las zancadillas están… a la Orden del Día.



01 junio, 2007

La movida de Meche

Mercedes Cabanillas ha comunicado a su bancada que no se presentará a la reelección de la Presidencia del Congreso. El secretario general de su partido, Mauricio Mulder, oficializó el anuncio. Meche prefiere que la recuerden con un nivel alto de aprobación personal y quedar expedita para las ligas mayores en lugar de cargar con el desprestigio que acumulará el Congreso cuando insista en aprobar la bicameralidad. Es una vieja táctica, la de retroceder hoy para volver a saltar mañana.

La movida de Meche es sólo la más visible de todas las pequeñas corrientes y meandros que vienen dibujándose en el partido de gobierno. Luis Alva Castro está que no cabe en su pellejo luego de la exitosa participación de sus “Robocops” en el desalojo de Santa Anita. Tras pasearlos por canales y periódicos, enfrentó de lleno al toro mañoso de Ancash y le arrancó a García la promesa de entregar el proyecto Chinecas al gobierno regional. A cambio, César Alvarez se comprometió a girar 23 millones de soles de su abultada chequera para apoyar la seguridad ciudadana en Ancash.

Del Castillo, más apagado que nunca, descolocado ante el envión de Lucho Alva, ha centrado sus baterías en bajarse a quién en verdad disputará con él la sucesión de García el 2011: Alex Kouri. Para nadie es un secreto en el APRA que Kouri es el delfín de Alan. Una perla: al día siguiente que el Congreso citó al presidente regional del Callao para declarar sobre supuestas irregularidades en la “Vía Expresa” del Aeropuerto, García fuel al Callao y se sentó entre Giampietri y Kouri para recibir su primera bolsa de “Chalacarroz”. Toda una mazamorra.

Meche puede decir ahora que la reelección no va con ella (escucha Alan). Pero su inesperado regreso al llano reabre apetitos en todos los partidos para ocupar su silla. Una de las primeras en no disimular sus ganas de ocupar su lugar es Keiko Fujimori. Ella aduce como razón de peso ser la parlamentaria más votada. Lo cierto es que ya Anel Townsend demostró en el Congreso anterior que no basta tener esta condición para aspirar a dirigir el primer poder del Estado.

Unidad Nacional, sin duda, es la más golpeada. Tras los escándalos descubiertos a varios de sus integrantes ha quedado sumamente debilitada, al punto que la candidatura de Javier Bedoya -hasta hace unas semanas sólida y convincente- se diluyó tras la sinuosa votación apoyando facultades extraordinarias al Ejecutivo y se desdibujó completamente cuando Lourdes Flores responsabilizó al partido de gobierno de ser el responsable de las denuncias contra sus correligionarios. Y para colmo su bancada perdió a la mayoría de integrantes de Renovación.

Una mesa multipartidaria, encabezada por un representante de la oposición requeriría de intensas negociaciones y también, claro está, de un cierto desprendimiento que el APRA no tiene. En Alianza Parlamentaria, el único integrante que ha señalado con claridad sus intenciones de postular a la cabeza del Parlamento es el congresista de AP, Johnny Lescano. Sus buenas intensiones, sin embargo, quedan en la estrecha mesa de su bancada. Una carta más potable, creemos, sería Alberto Andrade. Pero, para eso, primero hay que querer. Y el ex alcalde de Lima no parece, por el momento, dispuesto a ello. S.E.U.O.







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