
Del Castillo baja al llano por un tiempo máximo de 45 días, según los estatutos de su partido; tiempo suficiente para calmar las aguas y regresar a su puesto de comando.
García puede demostrar al público que sigue manejando el partido y que su voluntad moralizadora es legítima y se impone aún en la alta dirigencia de la Casa del Pueblo.
Si Del Castillo pensó en algún momento resistirse, rebelarse, decir hasta aquí nomás y recordar y hacer pesar su fidelidad al defender a Alan en su hora más oscura, habrá sido sus cinco segundos de debilidad.
Lo cierto es que ha dado un paso atrás y se ha tragado el sapo de perder momentáneamente y nominalmente la dirección del partido para enfrentar las acusaciones en su contra.
De paso, ha dejado en out side a Omar Quesada que ha pregonado a quien lo quiera escuchar que no renunciará a su cargo partidario. Pamplinas. Quesada está fuera.
La actitud de Del Castillo no es parte del martirologio, esa convicción budista, que ha identificado a los apristas desde las catacumbas.
No. Del Castillo no tiene ese espíritu de hombre resignado a subir al patíbulo.
En su decisión de asumir las órdenes de Alan García tiene que haber algo más grande; algo que merezca redactar una carta en la que le entrega a García momentáneamente su cabeza.
Estamos ante una puesta en escena. García le pide a Jorge que renuncie. Jorge lo complace con una licencia. Y todos felices. Eso, claro, a cambio de que la fiscalía no encuentre nada y en menos de lo que canta un gallo todo vuelve a ser como antes.
1 comentario:
Al Tío George le pican las patitas para irse con su gentita, pero sabe k no es el momento, y menos en una etapa electoral donde es difícil armar el kiosko de la noche a la mañana, se retira pero va a soltar una bomba contra alancito. Tio George es vengativo ... esperemos, esperemos
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