Politikha / Blog de Luis Alberto Chávez

13 diciembre, 2007

Réquiem por el Señor Arrarte

Leyendo Caretas 2006 me entero, por Augusto Elmore, de la desaparición de Eduardo R. Arrarte, fundador del Patronato de Lima y benefactor de la ciudad al estilo de los antiguos caballeros. Con buenas maneras, pero en el caballo, siempre, capitalizando amistades.

Tengo fresco el recuerdo de sus largas conversaciones, preocupaciones y devaneos en defensa de la Lima Histórica, la vieja ciudad que había sido olvidada por todos y que se deterioraba envuelta en el caos de los ambulantes, la basura regada en las calles, las casonas tugurizadas, pero, sobre todo, la desidia y el inveterado abandono de la gente que la habitaba.

Don Eduardo luchaba tenazmente para nadar contra corriente e inculcar a las autoridades locales que debían salvaguardar la ciudad para no borrarla de su Historia. No añoraba el pasado virreynal; soñaba con la futura Lima ordenada, con un crecimiento en sus tres polos, más el Centro Histórico recuperado y puesto en valor.

No pensaba en Lima como una ciudad-museo; sino como una ciudad viva, con gente viviendo en las casonas, con servicios y áreas de esparcimiento y trabajo; no en tugurios malolientes.

Un día lo entrevisté para que me contara la historia de cómo así se había cargado al hombro la tarea de promover ante la UNESCO que Lima sea declarada Patrimonio Cultural de la Humanidad. Era 1988 y hacía un año y medio que había ingresado a La República.

Al final de la charla quedamos en trabajar algunas ideas y así surgieron dos que se mantuvieron durante un tiempo. Una de ellas fue elaborar un Boletín Informativo sobre los avances en las gestiones ediles de restauración de casonas o monumentos históricos en los que participaba el Patronato de Lima, la Municipalidad Metropolitana de Lima, el Instituto Nacional de Cultura, la Iglesia Católica y la Agencia Española de Cooperación Internacional.

“Noticias de Martincito”, se llamó ese boletín de una página impresa a un solo color por anverso y reverso, escrita por mí, con datos del memorioso y cordial arquitecto Juan Günther y revisada por Augusto Elmore, primero, y por el propio Eduardo R. Arrarte, después.

La segunda idea que fructificó fue agrupar a periodistas de prensa, radio y televisión en una asociación simbólica denominada “Periodistas Amigos de Lima”, con la finalidad de promover la difusión de notas, reportajes y comentarios que dieran cuenta de las riquezas históricas de la ciudad y reforzaran la identidad y el cariño hacia la capital de la República. El encuentro inaugural de este grupo de amigos se realizó en el Club de la Unión.

Fueron años de intensa campaña propagandística por la querida vieja Lima. De esa época datan los afiches coleccionables “Balcones de Lima”, “Rejas de Lima”, “Puertas y Portadas de Lima”, que aún veo colgando como cuadros en algunas oficinas.

Tres años después, el 12 de diciembre de 1991, Lima consiguió el título de Patrimonio Cultural de la Humanidad, gracias al esfuerzo de hombres como Eduardo R. Arrarte, que entendieron que los grandes sueños se empiezan a veces con pequeñas cosas; manteniendo siempre un espíritu infatigable y el ánimo templado; teniendo fe en lo que se hace; planificando meticulosamente hasta el detalle; y sumando vocaciones y pasiones en los hombres y mujeres de buena voluntad o promoviendo que éstas afloren.

Descanse en paz, Don Eduardo. Lima lo extrañará.



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