23 octubre, 2021

La revolución productiva de la sierra (1)

Esta semana Radio Programas subió a las alturas de Puno y abrió sus micrófonos a la gente de Corani, Puno. Julia Anco Anagui, una mujer que vive en su casa de barro e ichu relató como ella sentía la vida: “Vivo en una lomada, en un lugar seco, donde no hay agua, no hay para consumir, no hay para nuestros animales, no hay para regar las chacras, no hay nada acá, todo está seco. No hay agua, no hay lluvia, no hay nada. Sembramos productos, no valen para nada, sembramos, pero no cosechamos bien. A veces no cosechamos cuando hay helada. No hay vida en este pueblo, en un lugar seco estamos”.

 

Julia Anco contó que la falta de agua mataba a sus animales y hacía abortar a sus ovejas. En medio de su soledad e impotencia, le dijo al corresponsal de RPP que los niños de Corani no estaban asistiendo al colegio y que, como sus abuelos en el pasado, ahora los nietos no sabían leer. Esta realidad no es muy diferente a la que viven a diario las poblaciones altoandinas del país. Es difícil para el Estado proveer servicios pasando los 2500 metros de altura. 

 

¿Qué se puede hacer para solucionar esta situación de abandono de nuestra población campesina que, contra todas las dificultades, puebla el Ande hasta niveles que sobrepasan los 5000 m.s.n.m., organizando su vida en base al pastoreo y la agricultura de subsistencia, minada por la migración constante de los más jóvenes? ¿Hay posibilidades de desarrollo productivo en estas zonas agrestes y desoladas?

 

La experiencia que se viene logrando en diferentes espacios territoriales del país indica que sí, a condición de generar un cambio profundo en la tecnología productiva del campo, que, más que una reforma agraria —vinculada a un cambio de propiedad de la tierra—, es una revolución productiva de la tierra como consecuencia de una mejora en la gestión del agua, sustituyendo el riego por inundación —usado desde hace 10 mil años cuando se descubrió la agricultura— para introducir el riego tecnificado.

 

En las alturas de Tupicocha, en la cuenca alta de Lurín, existe evidencia de la transformación que ha logrado la gestión del agua en un escenario de permanente escasez del recurso hídrico, combinando técnicas ancestrales como las amunas, almacenamiento de agua en represas o qochas y riego tecnificado por goteo. A través de una siembra escalonada se logra administrar la cosecha todo el año, aumentar los cortes de alfalfa y con ello favorecer la crianza y alimentación de animales menores. El eslabón final de este proceso de innovación productiva es, sin duda, el riego tecnificado por goteo. En la sierra peruana el problema no es la tierra, sino el agua.

 

El economista Carlos Paredes, impulsor de Sierra Productiva, ha logrado junto a la Federación Campesina del Cusco y el Instituto Alternativa Agraria un laboratorio vivo en las comunidades campesinas de la microcuenca de Jabón Mayo, a 4000 m.s.n.m., en la provincia de Canas, Cusco. Bajo el enfoque de “Gestión integral de microcuencas” se introdujo el sistema de riego por aspersión dentro de un manejo racional del agua con la finalidad de dejar de depender exclusivamente de la agricultura de secano basada en la lluvia. 

 

Una lección importante de las experiencias de Tupicocha y Cusco es que, para introducir una nueva técnica en gestión del agua, manejo de suelos, abono, siembra, cosecha o poscosecha, y lograr que se replique, el campesino requiere que quien le enseñe sea otro campesino. No un ingeniero o un técnico, sino una persona como él, que ha adquirido un conocimiento especializado y que enseña con el ejemplo. A estas personas, hombres y mujeres del campo, se les conoce como yachachiqs: el que enseña aprendiendo. 

 

El Estado debería hacer un esfuerzo por incentivar la formación de los yachachiqs y crear con ellos las Escuelas Campesinas para difundir, mediante pasantías locales e intercomunales, las técnicas más avanzadas logradas en gestión del agua, manejo de la tierra, crianza de animales y producción de bienes artesanales o semiindustriales. Según Paredes, su organización ha logrado capacitar a 1700 yachachiqs en diez departamentos del país.

 

El Sistema Nacional de Evaluación, Acreditación y Certificación de la Calidad Educativa (Sineace) y el Fondo de Cooperación para el Desarrollo Social (Foncodes) del Ministerio de Desarrollo e Inclusión Social (Midis), son hoy en día las autoridades competentes para certificar a los yachachiqs, dándoles así la oportunidad de integrarse a la PEA a hombres y mujeres del campo que no lograron terminar sus estudios básico o superior, pero que a lo largo de su vida han adquirido conocimientos, nuevos aprendizajes y competencias. 

 

Estos líderes comunales dominan técnicas de cosecha y siembra de agua, mejoramiento de pastos y crianza de animales, así como implementación de energías renovables, cocinas mejoradas, producción de lácteos, lana, piscigranjas, fitotoldos y decenas de innovaciones tecnológicas de bajo costo y alto rendimiento. Lo que falta es que la academia —universidades e institutos técnicos— se integre a este proceso de conocimiento y desarrolle mejoras en las herramientas que usa el campesino, como la chaquitaclla, por ejemplo, que no ha sido modificada desde su invención. 

 

Los saberes ancestrales del campesino, unidos a los conocimientos científicos actuales, enseñados por los propios líderes del campo a través de las Escuelas Campesinas organizadas por el Estado, desde las regiones, sería una auténtica reforma agraria con un impacto productivo que mejoraría su calidad de vida en su propio entorno altoandino.

09 octubre, 2021

Las Bambas: Las comunidades quieren hacer empresa


A mediados de agosto de este año, apenas instalado el nuevo Gobierno, un grupo de comunidades de Chumbivilcas, Cusco, paralizó las actividades del corredor minero del sur, Las Bambas, generando la intermediación del entonces presidente del Consejo de Ministros, Guido Bellido, un paisano de la zona.

 

Los medios informaron que el motivo de la medida de fuerza era un viejo reclamo que cambió el uso de una vía regional a nacional, lo que permitió el tránsito de pesados camiones con el mineral, levantando polvo y afectando los cultivos y la vida de la población.

 

Sin ser del todo inexacta esta información, es, al menos, incompleta. El motivo principal del reclamo de los chumbivilcanos era que la empresa Minera MMG Las Bambas les permitiera a 10 comunidades cusqueñas ser proveedoras de bienes y servicios.

 

Más que una protesta antiminera o ecológica, se trató de una protesta para ser parte de las operaciones comerciales y compartir las ganancias. En este caso, las comunidades proponen comprar camiones de alto tonelaje y formar empresas para brindar el servicio de transporte del mineral. Chumbivilcas no protesta tanto por el polvo que dejan los camiones al pasar por su territorio, sino por el derecho a ser ellos quienes lo hagan.

 

No es la primera vez que las comunidades altoandinas protestan y paralizan las operaciones. Según la Defensoría del Pueblo, en esta región se reportan 22 de los 196 casos de conflictividad social que existen en todo el país. 9 de estos conflictos se ubican en la provincia de Chumbivilcas. Lo novedoso en este último caso es el espíritu empresarial que revelan esas acciones. Es un aspecto que las mesas de negociación y, por supuesto, las empresas extractivas deben tener en cuenta al momento de analizar y decidir operaciones. 

 

El concepto es sencillo, aunque su puesta en práctica es más compleja. La zona de influencia directa de Las Bambas abarca las provincias de Cotabambas y Grau, en Apurímac, donde se encuentra el yacimiento. Esta zona recibe alrededor de 1.5 millones de soles diarios producto de regalías.  

 

El material es extraído es transportado a la costa para su exportación. La ruta que utiliza para salir pasa por la provincia de Chumbivilcas, en Cusco, que es la que ahora protestó y logró cerrar una acuerdo con el Gobierno para convertirse en socia comercial de la empresa. En este punto, el Comité de Gestión Minero Energético instalado en Apurímac, ha sido sobrepasado por los emprendedores chumbivilcanos.

 

Por esta razón, el gobernador de Apurímac ha expresado su molestia contra este acuerdo. No es posible, dice, que se atienda primero a quienes solo tienen el derecho de tránsito, sin que antes se resuelva el pedido de quienes producen el mineral. ¿Por qué tendrían que ser los cusqueños los que ofrezcan el servicio de transporte del mineral y no los apurimeños?


Cuando hablamos de cambios que se deben lograr en las comunidades antes que pensar en una nueva Constitución debe atenderse primero problemas como este. ¿Cómo logramos que el crecimiento y las oportunidades que brinda la minería involucre también a las comunidades altoandinas? El canon, el sobrecanon y las regalías son una forma de hacerlo desde el Estado. Pero está claro que eso no basta. Su efecto se diluye ante la ineficacia y la corrupción de la administración pública.

 

La minería representa el 60% de las exportaciones del país y aporta el 20% de los ingresos tributarios. Sus beneficios llegan a través de impuestos que son redistribuidos a los tres niveles de gobierno. La provisión de servicios básicos —educación, salud, infraestructura— es la manera que tiene el Estado para hacerse presente en las comunidades. Pero así como se busca crecer sostenidamente, también se debe redistribuir socialmente. Y esta tarea está un poco más allá de lo que la acción del Estado pueda hacer en las comunidades. 

 

La protesta de Chumbivilcas, nos dice que son las propias comunidades las que quieren involucrarse, asociarse, en los negocios. Para que un proyecto minero sea viable la comunidad debe percibir los beneficios de manera inmediata. Ellas no quieren ser más espectadoras del mineral que pasa a diario por sus tierras. Ahora quieren ser socias y dar servicios a la empresa. No debería restringirse ese espíritu emprendedor, al contrario, debería incentivarse. Después de todo, las comunidades solo quieren sentarse en la mesa, de igual a igual. 

 

 

 

02 octubre, 2021

Vida de pelícano


Hubo un tiempo en que nada parecía imposible. Me elevaba con facilidad y me internaba por horas para llegar al punto azul donde reinaba el alimento. Desde el aire observaba un banco de peces como una alfombra mullida multicolor. Entonces me zambullía en línea recta y encestaba a mi regalada gana. Dos o tres incursiones bastaban para saciar mi gula, secreto pecado que con los años ha desaparecido por completo. Ya nada es igual. Ni siquiera me atrevo a volar ahora. Me tiemblan los nervios centrales de las alas. Mis huesos, antes porosos y ligeros, hoy se han adoquinado. No tengo fuerzas siquiera para despegar; y cuando lo hago, con mucho esfuerzo, es solo para cantear el mar sin alejarme de la espuma. Soy un pelícano viejo y, aunque no parezca, tengo recuerdos. El primero de ellos se remonta a una isla no muy lejana de aquí. Allí me criaron mis padres, quienes, además de alimentarme con un potente y nutritivo jugo de pescado regurgitado, me enseñaron a alejarme de los lobos que, si bien no somos su primer eslabón alimenticio, a veces cazan por jugar. Cuando mis plumas dejaron de ser amarillas y suaves; y se convirtieron en unas blancas y marrones fibras impermeables y acorazadas, supe que debía abandonar el peñasco de la isla para probarme que podía seguir los vientos alisios y encontrar mi propia roca. Mi memoria de pelícano y mi sentido de orientación me permitieron durante años vivir a discreción, saltando de roca en roca y avanzar en dirección de las corrientes marinas preñadas de los más deliciosos cardúmenes del Pacífico. Hasta que un día no pude regresar a ninguna tierra firme. Me sentí cansado, abatido. Me mareé de tanto intentar volver a volar. Sentí nervios ante la inmensidad, pero mucho más me devastó la soledad. Tienes que descansar, pensé. Lo vas a lograr. Solo es cuestión de recuperar fuerzas. Fue la primera noche que pasé flotando, sin pegar los párpados. La noche te traga. Con los primeros rayos del sol me sacudí y me elevé. Con el cuello tieso, firme, los ojos inflamados y mi bolsa flácida, recuperé el sentido de la orientación y desplegué un vuelo rasante en diagonal al sol. Durante las semanas que vinieron pensé mucho en cómo serían mis días a partir de ese momento. Tendría que olvidarme de viajar en dirección al azul del mar. Pensé en esos objetos flotantes que en las noches salían del muelle tiraban sus redes a una distancia prudente, recolectaban su pesca, la subían a las bodegas y regresaban a tierra antes del amanecer. Aprendí a vivir en ese movimiento y a esquivar sus palos cuando me acercaba demasiado a disputar el alimento. Los peces se estresaban y en su desesperación algunos escapaban de la red, saltaban atontados nuevamente al agua y allí los esperaba yo. Algunas veces, los propios pescadores me arrojaban algún pez. Les gustaba que abriera mi gran pico y los atrapara en el aire. Si aleteaba y graznaba, la recompensa podía ser doble. Es algo indigno, lo sé, pero había que vivir. Hasta que llegó el día en que tampoco podía ir tras las bolicheras. Apenas si podía seguirles el paso y, cuando me cansaba, me tiraba a las bandas o me prensaba a los remos. Me salvé muchas veces de los palos a la cabeza. Algunos pescadores habían adquirido la costumbre de cazar pelícanos y comerlos al cilindro. Fue entonces que tomé la decisión. Había que aceptar la realidad. Los años habían hecho su trabajo y no me quedaba más alternativa que irme al repositorio de pelícanos viejos. Una estancia donde algunos pasamos los últimos días al amparo de la caridad de la gente.  La caleta de pescadores. Ahora vivo en la cornisa del muelle, junto a una cápsula de anquilosadas aves. Vivimos de los peces blandos y malolientes que nos arrojan al terminar su jornada. A veces nos tiran las sobras, las tripas, las cabezas y colas que no se lleva la gente. He pensado muchas veces si esto es vida. He pensado muchas veces juntar todas mis fuerzas e irme en dirección del sol. He visto a muchos de mis amigos hacer eso y no regresar más. Entiendo sus miradas, vacías, marchitas, cuando alzan el último vuelo. Se van en silencio, sin molestar a nadie. Estuve decidido a seguir ese destino, hasta hoy que llegaste tú. Me miraste a los ojos y pude ver tu alma. Un día fuiste un pelícano y ahora eres humano. Si terminas tu ciclo antes de que acabe no regresas nunca, me dijiste sin hablarme. Lloraste sin derramar una lágrima. Y me arrojaste un pescado que dudé un segundo en atraparlo, pero, al final, me lancé al vacío para cogerlo. Me sentí otra vez joven, por esa fracción de tiempo. Mis ojos se llenaron de vida. Mis alas se desplegaron con libertad. Hice un giro que hasta me pareció elegante y suavemente aterricé en la orilla. Una ola me meció con tibieza. Aquí estaré amigo, vuelve pronto. Si te vieras con mis ojos sabrías que, con todas sus dificultades, vale la pena vivir hasta el último aliento, seas ave o humano.

19 septiembre, 2021

Corrupción, política y salmones


Hace por lo menos un mes se publicó una encuesta de IPSOS Internacional, que casi no ha tenido difusión en nuestro país. Se trata de un documento que toma el pulso a la situación política y económica en 25 países del mundo con la finalidad de conocer el estado de ánimo o sentimiento de la población respecto a lo que sucede en su país.

 

Los resultados indican que, en general, los países, las sociedades, están fracturadas:

 

§  En promedio, 71% piensa que la economía está amañada en favor de los ricos y poderosos.

 

§  72% piensa que la élite política y económica no se preocupa por las personas trabajadoras.

 

§  70% piensa que la principal división en nuestra sociedad es entre personas comunes y la élite política y económica.

 

§  65% piensa que los expertos locales no entienden las vidas de la gente trabajadora.

 

Esta percepción de una sociedad dual enfrentada entre sí, dividida por intereses económicos diferentes, opuestos, tiene un correlato que no beneficia a la democracia. 

 

Frente a esta situación de bipolaridad sociopolítica, no es de extrañar que:

 

§  64% desee “un líder fuerte que le quite el país a los fuertes y poderosos”.

 

Incluso que:

 

§  44% desee “un líder fuerte dispuesto a romper las reglas”. Es decir, un autócrata.

 

Los partidos políticos son las primeras organizaciones que pierden en la evaluación de la opinión pública:

 

§  68% piensa que los partidos y políticos tradicionales no se preocupan por la gente común.

 

§ 81% piensa que los políticos siempre terminan encontrando maneras de proteger sus privilegios.

 

§  60% dice que los temas políticos más importantes deberían ser decididos directamente por la gente, a través de referéndums, y no por quienes tienen cargos electos.

 

El Perú no escapa a esta sensación de pozo ciego, de callejón sin salida. Y en algunos ítems el promedio, incluso, es más elevado. Es muy sintomático que estos sentimientos populistas y antiélite vayan de la mano con los índices de corrupción que perciben los ciudadanos en sus países. A mayor corrupción, mayor desencanto.

 

En este contexto, proponer una salida razonable parece una tarea titánica, de apóstoles y feligreses, más que de gobernantes y gobernados. Las sociedades tienden a la polarización y al extremismo producto de la desesperación o del fracaso de quienes detentaron el poder. El balance de los actos de gobierno ha sido calamitoso. El resultado de la gestión puede haber sido bueno o regular, pero cualquier resultado mediano o grande termina diluyéndose frente a cómo terminaron los gobernantes. 

 

La corrupción degrada el acto político. El entusiasmo inicial se transforma en frustración y este sentimiento deviene pronto en desconfianza. Y cuando llega a este punto renace el populismo y el sentimiento autoritario.

 

Hay, sin embargo, un espacio para la batalla. Las elecciones recientes en el Perú no reflejan aún esa polarización, aunque el discurso oficial y la oposición más activa pretendan hacernos creer que sí. 

 

El debate político está polarizado, pero no la sociedad. Esta se posiciona casi en tres tercios. Lima mayoritariamente en contra del Gobierno, las provincias del sur a favor y las provincias de la costa y de la selva casi en un empate. 

 

El centro democrático es la salida sensata para no terminar dentro del pandemonio político extremo al que avanzamos a pasos agigantados.

 

Recomponer y recuperar el acto político como principio de conducta es un imperativo. Mientras caigamos en los vicios de siempre y no ventilemos la actuación e intereses públicos, diferenciándolo de los actos e intereses privados, será muy difícil. La política debe ser en esencia un acto decente. 

 

Eso es imposible, pensarán algunos. Es como nadar contra la corriente. Es verdad, pero eso hacen los salmones, y triunfan.

12 septiembre, 2021

El fin de Abimael Guzmán

Cuando despertó, la bestia había desaparecido. En su lugar quedó el cuerpo frío y sin vida de un hombre anciano, atacado por una infección múltiple, con escaras en el cuerpo y en proceso de descomposición. 

 

Un ser mortal que por momentos se creyó inmortal; y que sus seguidores lo reverenciaban e iluminaban llamándolo la cuarta espada de la revolución mundial, al mismo nivel que Marx, Lenin y Mao.

 

De pensamiento ideológico binario —explotadores y explotados, línea negra y línea roja, revolucionarios o reaccionarios, leales o traidores, vida o muerte— insertó sus devaneos ideológicos en una amalgama de constructos y falacias a los que llamó “Pensamiento Gonzalo”.

 

Murió en su celda, cumpliendo la cadena perpetua que le impuso la justicia por sus crímenes de lesa humanidad. Más de 69 mil víctimas produjo esta visión apocalíptica de la historia, entre muertos y desaparecidos de las Fuerzas Armadas, Policía, autoridades políticas y civiles.

 

Siguiendo la táctica maoísta de lucha prolongada del campo a la ciudad, las actividades terroristas se iniciaron en las zonas rurales, desconcertando a las fuerzas del orden. Pronto, el país cayó en una vorágine de guerra sucia.

 

Hasta que se privilegió la inteligencia y se empezó a estudiar y conocer al enemigo. En cada incursión, cada arresto, cada interrogatorio, se obtenía una pieza más del rompecabezas. Y se iba armando el organigrama y mecanismo de funcionamiento de la maquinaria de guerra.

 

El centro del poder era la cabeza. Por fin, un 12 de setiembre de 1992, un destacamento del Grupo Especial de Inteligencia de la Policía Nacional del Perú lo descubrió escondido en una vivienda en San Borja y lo capturó con vida, dando una lección al país: la ley antes que la justicia por mano propia.

 

Desde entonces, el tiempo hizo lo suyo. Sendero Luminoso sufrió una contundente derrota militar, aunque la lucha subsiste en el campo ideológico.

 

Sus remanentes hoy son de dos tipos. Los que siguen el camino de las armas se han convertido en brazo armado del narcotráfico. Empero, sus seguidores ideológicos se han insertado en la arena política, en los sindicatos, en las organizaciones sociales y populares, disputando el poder en el propio campo democrático.

 

Alguna vez, refiriéndose a la masacre de Lucanamarca, dijo admitiendo la dirección y responsabilidad del horror: “Ni ellos ni nosotros la olvidamos. (...) ahí vieron una respuesta que no se imaginaron. Fue un golpe contundente para sofrenarlos. En algunas ocasiones, como esa, fue la propia Dirección Central la que planificó la acción”.

 

Abimael Guzmán ha muerto. Pero la lucha contra el tipo de pensamiento terminal, que pregonó y ejecutó, continúa.

05 septiembre, 2021

Andenes milenarios y presentes

 

Los cronistas españoles escribieron sobre el antiguo Perú basándose en leyendas y testimonios que recogieron de primera mano, pero también de sus propias observaciones en el terreno. El sistema de riego, compuesto por reservorios y canales muy bien trabajados, que se extendía por kilómetros sobre las faldas de los cerros para conducir el agua desde las partes altas; y la estructura de terrazas que se levantó sobre montañas para crear terreno agrícola, fueron dos aspectos de la ingeniería inca que los deslumbró, aunque, en verdad, ambas soluciones fueron introducidas por las diversas culturas que reinaron estas tierras en periodos anteriores.

 

Los moches construyeron, quizás, la más amplia red de canales que irrigaron las desérticas tierras del norte del país; mientras que los huari y los chancas encontraron solución para intervenir las montañas, rasgarlas, transportar tierra agrícola y formar las cadenas de andenes que en algunos casos podemos ver hasta hoy. Mucho se ha debatido sobre las razones por las que se abandonó esta práctica y si es necesario que el Estado promueva su recuperación, preservación y ampliación.

 

Se han esgrimido razones históricas, como el cambio de patrón de desarrollo de la minería en lugar de la agricultura; factores migratorios, climáticos, de organización social, de pobreza, entre otros, para explicar la pérdida de andenes en diversas regiones del país. Guamán Poma de Ayala anotó en sus crónicas el abandono de canales de regadío como la causa del abandono de los andenes.

 

Incluso el inventario que se hace de esta modalidad de técnica agrícola difiere. En 1986, el Ing. Luis Massón calculó que existían 1 millón de ha en andenes. Al año siguiente, el ONERN encontró 152,375 ha en cinco regiones. Y en 1995, el INRENA detectó 256,245 ha en ocho regiones. El 2013, un estudio del BID/INRENA indica la existencia de 340,719 ha en once regiones. El uso de mapas satelitales revela más bien que las cifras podrían estar subvaluadas y habría más andenes de los que hubiéramos imaginado, no solo en la sierra, sino en la costa y en la ceja de selva.

 

Es necesario seguir investigando y hacer un inventario a nivel de microcuencas para completar el mapa de andenes por cuencas y escalar así a nivel nacional. También es importante reconocer que los andenes responden a problemas actuales, como la escasez del agua producto del calentamiento global, por lo que resultan una solución adecuada para un territorio de montañas como el nuestro.

 

Cabe señalar que la tecnología de construir andenes en la montaña ha sido una solución que el hombre desarrolló en diversos puntos del planeta. En la sierra peruana, los andenes fueron usados en un primer momento para el cultivo de maíz. Estudios recientes indican que la introducción de nuevos cultivos como la cebada, alfalfa y habas, que también crecen en territorios planos, ha hecho que se dejen de usar andenes ubicados en laderas altas.

 

Lo que es evidente es que los andenes no pueden funcionar sin organización social. Se requiere de una gran mano de obra para conducir el agua, labrar la tierra de terraza, mantener los cultivos y cosechar luego los frutos. Con escasísimas excepciones, en los andenes no entra la fuerza animal ni la tracción mecánica. Es la energía humana la que permite su mantenimiento. El campesino andino sigue pegado a la tierra a la que le brinda su fuerza de trabajo en las condiciones más exigentes.

 

Pero como la andenería es una obra de ingeniería, fruto de la cultura, no se puede afirmar que esta solución se abandone o se pierda del todo. La cultura se crea y se recrea de manera permanente. Lo que se tiene que hacer es incorporar nuevos conceptos en su revalorización. Para empezar, nueva tecnología; luego reservorios y riego tecnificado; paneles solares, huaros, una nueva chaquitaclla mecánica-eléctrica; y conceptos de mercado para superar la agricultura familiar de subsistencia. En promedio, los peruanos consumimos 45 kilos de arroz al año versus 1.5 kilos de quinua en el mismo periodo de tiempo.

 

Los andenes se recuperarán solo si los pobladores que los usan encuentran beneficios personales, familiares y grupales, que pasan por disminuir los niveles de dependencia por consumo de energía humana, mejorar la productividad y acceder a mejores mercados. La población andina será la primera en conservar, construir o reconstruir andenes si es que estos corresponden a una necesidad actual; y si los proyectos de recuperación consideran la dinámica económica y social de los grupos humanos que los han de utilizar (Treacy, 1994c).

 

El sistema de andenes no solo debe verse como tierras de cultivo, también son estructuras de gestión del agua y de recarga del acuífero. El agua es el elemento articulador del territorio, a la que se debe sumar la tecnología y el mercado para mejorar la productividad y calidad de vida de los habitantes. Una posible salida, desde el Estado, es crear partidas específicas para las microcuencas, ejecutadas directamente por las comunidades campesinas a través de núcleos ejecutores.

 

Nos faltan investigaciones precisas sobre índices de radiación sobre los andenes a lo largo del año. Sabemos que en la agricultura de montaña solo existen dos estaciones: la época húmeda y la seca. También falta incidir sobre calidad y conservación del suelo, niveles de humedad y rol de los microorganismos, así como medir el nivel de energía humana que implica su trabajo y mantenimiento. Sabemos que diversas técnicas de cultivo y abono mejoran la productividad en los andenes. La papa rinde 242% más, el trigo 154% más y la cebolla 157% más (PNCSACH, 1988). El policultivo es mejor que el monocultivo. En andenes de San Pedro de Casta se encontró que abonar con compost rindió 25.4 t/ha, pero abonar con guano de cabra rindió 34 t/ha (E. Chillón, 1988).

 

La organización social de las comunidades es una de las fortalezas que tenemos como país, pero no debe vérselas con ojos bucólicos o compasivos del pasado, sino como grupos humanos diversos y heterogéneos, con pleno derecho a labrarse un futuro con su capacidad de trabajo y talento.

 

 

Fuente:

Seminarios y congresos organizados por el Centro Bartolomé de las Casas, 2020-2021.

28 agosto, 2021

Perú descentralizado

El debate sobre el proceso de descentralización en el Perú seguirá abierto por mucho tiempo. Hay quienes sostienen que la medida necesaria e impostergable, en la práctica, no ha dado los resultados esperados. Y hay quienes, por supuesto, defienden el avance logrado, sobre todo, en la elección democrática de sus autoridades y en la redistribución del poder político con la aparición de partidos regionales exitosos. 

 

La pandemia dejó ver las limitaciones que tuvo el proceso al transferir competencias sin desarrollar capacidades locales, llegando incluso a que en algunas regiones —en el momento más desesperado de la segunda ola— se proponga la recentralización del servicio de salud.

 

El reciente encuentro entre el GORE y el Poder Ejecutivo podría abonar en favor de un relanzamiento del proceso de descentralización en el país, aspiración republicana que ha estado en ocho de las doce constituciones que hasta la fecha hemos tenido.

 

Nadie duda de los efectos nocivos que genera la concentración del poder político y económico en la capital y en algunas pocas ciudades.  Siendo el objetivo mayor buscar el desarrollo armónico de las regiones, el proceso requiere una gran capacidad de proyección, planificación y articulación de intereses subnacionales que no pierdan de vista el hilo conductor del gran desarrollo nacional.

 

Uno de esos retos es la conformación de las macrorregiones. Hasta ahora no se ha podido establecer una sola región que sume más de un departamento. En este aspecto, el primer límite ha sido precisamente elevar a la categoría de región a cada uno de los 24 departamentos. 

 

El primer intento conformar las nuevas regiones mediante referéndum fracasó. Somos un Estado único e indivisible que con un Gobierno unitario y representativo al que le cuesta conformar su ámbito descentralizado. 

 

Sin embargo, existen fuerzas verdaderamente descentralizadoras que otorgan un nuevo dinamismo al proceso como la integración continental bioceánica, la integración económica, la integración territorial econatural por regiones; y ahora, fruto del encuentro del GORE y el Poder Ejecutivo, la integración macrorregional a nivel político estimulada por el Gobierno central.

 

Creemos que este impulso de coordinación macrorregional debe elevarse al nivel de planificación y desarrollo de proyectos Macrorregionales-Gobierno central. Está muy bien que el presidente de la república se reúna con las cinco macrorregiones (Macrorregión Norte, Centro, Amazónica, Sur y Lima Provincias) con la finalidad de organizar y priorizar los proyectos necesarios para apuntalar el desarrollo de cada uno de estos espacios. 

 

Hay problemas macrorregionales que exceden el tratamiento parcial o sectorial de una región, por lo que la coordinación del Gobierno central ayudará a integrar obras de gran complejidad como el desarrollo integral de ciudades intermedias, la integración energética con proyectos de inmediata aplicación como el mejoramiento de sistemas de riego, carreteras, entre otros.

 

La instancia de coordinación Poder Ejecutivo-Macrorregiones permite, además, acordar planes de desarrollo integrales con metas quinquenales medibles que servirán también para calibrar la capacidad de gestión de las políticas (y políticos) subnacionales. 

 

Ordenar el territorio por macrorregiones es una buena manera de avanzar en la visión articulada que debe tener la planificación y ejecución de los proyectos, programas y obras. La organización del territorio empezó a cambiar con el proceso de descentralización. Mirar y empezar a administrar el territorio por macrorregiones y planificar el desarrollo de esta manera puede también ayudar a dinamizar el proceso de articulación política y administrativa de la regionalización, proceso que no tiene más que seguir avanzando.

 

22 agosto, 2021

Comunicación (des) ordenada

Tres de cuatro peruanos quiere un cambio de gabinete. La misma proporción de personas cree que el presidente tiene una mala relación con la prensa. No solo porque no declara, sino porque cuando lo hace el mensaje luce desarticulado, débil, desordenado. 

 

¿Tiene el presidente un problema de comunicación o un problema político?

 

Ambos. Hay un problema de no comunicación en primer lugar y de falta de una relación fluida con los medios de prensa; y hay también un problema de puesta en escena del mensaje: de construcción, exposición y orden.

 

En la base hay, por supuesto, un problema mayor que es de naturaleza política relacionado directamente con lo desastroso que ha resultado la conformación de su primer gabinete. 

 

Las encuestas no son el problema, por lo que no hay razón para irse contra ellas porque los resultados no nos gustan. Ellas reflejan el sentir de la población en un momento dado. Sus resultados son el diagnóstico de un problema, no la receta.

 

Detectado el problema político el Gobierno deberá resolverlo en ese campo. Si no lo hace, probablemente, el Congreso lo obligará a hacerlo. 

 

Una abstención mayoritaria en el voto de investidura, por ejemplo, obligará sin duda al gobierno a reajustar el gabinete. Salvo que su propósito político sea extremar posiciones.

 

En el plano estricto de la comunicación, esta semana la cabeza del Gobierno, el presidente de la República, empezó a salir del estado de encierro y silencio en el que se encontraba. 

 

Se han programado actividades oficiales muy temprano. En ellas el presidente realiza alocuciones y declaraciones que son tomadas por la prensa, responde brevemente algunas preguntas, aunque aún no se atreve a una conferencia de prensa o entrevista en profundidad con un medio de comunicación.

 

Es un primer avance. Lo que falta en esta primera etapa es algo más simple: orden y transparencia en la comunicación de gobierno. 

 

En busca de ambos objetivos se podrían adoptar algunos mecanismos sencillos que permitirían ir solucionando y atemperando ese estado de exaltación y desorden que se nota cada vez que algún vocero declara a los medios en las inmediaciones de Palacio de Gobierno.

 

En primer lugar, sería adecuado que se reabra la Sala de Cronistas de Palacio de Gobierno, creada como espacio de trabajo de los hombres y mujeres de prensa que cubren las actividades oficiales del presidente de la República. Esto debiera ir acompañado del nombramiento de un secretario de prensa que mantenga relaciones cordiales y fluidas con los periodistas.

 

También sería de utilidad designar un vocero temático o político que declare a los medios en el frontis de Palacio de Gobierno, cerca de la Sala de Cronistas, en lugar de hacerlo en la parte trasera del edificio como ocurre ahora.

 

Estas declaraciones son siempre al final de la reunión y no al inicio como se desesperan ahora los medios que están en “transmisión en vivo” de forma permanente en sus múltiples plataformas.

 

Las declaraciones de los voceros serán utilizando un micrófono de pie y un buen sistema de sonido para evitar que la prensa se agolpe alrededor del entrevistado y lo aturda con preguntas simultáneas y de toda índole.

 

Para que exista la sensación de orden y transparencia, es posible ponerse de acuerdo con los periodistas y sortear turnos para que los colegas realicen sus preguntas de manera pausada y sin perturbaciones. 

 

La comunicación política en la sede de gobierno es fundamental para transmitir y fortalecer confianza en la ciudadanía. No hablar con la prensa o esconderse de ella es siempre la peor receta. En lenguaje sencillo, es mejor con prensa o con la prensa en contra que sin prensa. Si tenemos prensa al frente, la tarea es cuidar solo lo que decimos. 

 

 

14 agosto, 2021

Hambre y olla de presión

Mientras el Ejecutivo y el Congreso atizan el fuego político aumentando la olla de presión entre ambos poderes, la olla de los pobres no solo no hierve, sino que cada día luce más vacía frente al alza del costo de vida.

 

Las malas decisiones políticas generan efectos perniciosos en la economía, crea desconfianza en los actores, lo que a su vez termina expresándose en el desequilibrio y aumento de precios en alimentos, combustible y transporte. 

 

Frente a una economía convaleciente, en recuperación, no hay nada más letal que la especulación. En julio de este año, las Naciones Unidas habían advertido que el hambre y la desnutrición se agravarían este año como consecuencia de la pandemia de la COVID-19. El año pasado, el 10% de la población mundial estuvo subalimentada. 

 

América Latina es la región donde más se sintió el dolor que genera el hambre: 60 millones de personas sufren hambre y, en general, unas 267 millones de personas enfrentan una situación de inseguridad alimentaria. 

 

En el Perú, lo vemos a diario en las ollas comunes que se abren en los asentamientos humanos que empiezan a cocinar con leña debido al excesivo costo del gas propano.

 

El economista David Tuesta calcula que actualmente entre 3 y 4 millones de peruanos sufren hambre. Los políticos, por sus incompetencias gerenciales o por sus anteojeras ideológicas, no pueden permanecer impávidos frente a esta situación. 

 

Una persona o familia con hambre es un condenado civil. Es susceptible de contraer enfermedades, lo que disminuye su potencialidad como ser humano.  El deterioro constante de su calidad de vida limita severamente su desarrollo personal, familiar y su aporte a la sociedad.

 

En julio del año pasado ya advertíamos esta situación en estas mismas páginas. Temporadas de hambre hemos tenido siempre, decíamos. Incluso antes de la pandemia, miles de familias padecían de subalimentación y hambre. 

 

“(...) las ollas comunes se multiplican en la periferia de Lima. No hay gas ni querosene para cocinar. Se cocina a leña o con pequeños restos de madera. Avena en las mañanas para el desayuno. Arroz, menestras y torrejas de verduras para el almuerzo. Los niños y los ancianos primero. Los mayores, si alcanza”, señalamos. Hoy ya no hay ni torrejas, solo menestra y aderezo de cebollita y tomate.

 

Como bien señala Carolina Trivelli, atender la emergencia del hambre es prioritario, pero insuficiente. Se requiere de una política de Estado que cubra las necesidades nutricionales básicas de los individuos. Y una entidad responsable de la seguridad alimentaria y nutricional que dirija dicha política 

 

Cualquier respuesta que se elabore debe pasar por el reconocimiento de las ollas comunes, considerándolas núcleos ejecutores para que sean sujetos de un bono económico directo.

 

Debe, asimismo, incorporarse en primera línea a los profesionales de la nutrición para que asistan a las ollas comunes y se mejore la dieta alimenticia.

 

El esfuerzo del sector privado debe ser mejor canalizado para evitar duplicidades. La experiencia del Banco de Alimentos en ese sentido es valiosísima. Ellos saben cómo organizar y distribuir mejor la ayuda aplicando criterios territoriales por zonas y cuadrantes.

 

El sistema de monederos virtuales tipo Yape, Luquita, Tunki, Plin y otros, de amplia difusión en los sectores populares, sería también una manera directa de hacer llegar el efectivo a las madres organizadas en las ollas. 

 

El Congreso y el Ejecutivo se encargan todos los días de atizar el fuego y aumentar la olla de presión política, mientras en los barrios más necesitados los pobres sufren pa’ parar la olla por el incesante, persistente y criminal aumento del costo de vida. 

 

Ojalá alguien recuerde aún a Napoleón: “Un ejército marcha sobre su estómago”. Una sociedad también.