Politikha / Blog de Luis Alberto Chávez

10 julio, 2008

El paro en la vecindad

Si Mario Huamán es el Chavo del Boche; entonces habría que admitir que Alan García es el Profesor Tirapalos. Ayer, después de sacar las Fuerzas Armadas a la calle, mantener spot de Vladimiro atancando al Sutep, detener a 216 manifestantes, puso su cara de yo no fui y nos invitó a tomar una tacita de café, señalando que no es necesario quemar llantas para escuchar el reclamo del pueblo.

El paro ha tenido un primer éxito: ha puesto en relieve que no vivimos en una bonita vecindad. Y que pese al crecimiento de la economía, que tiene obnubilado al gobierno, hay una gran mayoría en el país que llega con las justas a fin de mes sin tener cómo pagar la renta.

El paro se sintió. No en vano ocupó la mitad de los noticieros de televisión de anoche. Hubo excesos condenables, por cierto, pero fue la primera señal clara de que no basta el discurso del crecimiento para contentar a las masas. Es más, en un país con desigualdades abismales donde el quintil más rico gasta en alimentos 18 veces más que el quintil más pobre, las cifras de la abundancia exacerban la protesta.

Este no ha sido el primer paro contra el modelo económico que tiene el Perú desde 1990. ha habido varios con esa bandera en todos los gobiernos de esa fecha hacia adelante. El del 2004, por ejemplo, en el que participó Alan García fue más allá: pidió la cabeza del gobernante democrático de turno.

El de ayer ha sido más bien el primer paro en medio de la abundancia. Como muy pocas veces en su historia, el Perú puede exhibir hoy cifras económicas en azul. De ahí que este sea en realidad el primer paro ante la desigualdad del crecimiento. No se ha sentido en Lima, pero ha sido fuerte en el sur del país, en la selva, los lugares donde el crecimiento no llega.

El paro también ha sido más la expresión de las fuerzas antisistema que de las organizaciones sindicales o políticas. Los partidos democráticos, las autoridades regionales y los representantes oficiales, miembros del Congreso, una vez más, han quedado fuera de la fiesta. Su espacio ha sido ocupado por Frentes regionales, movimientos barriales, locales y fuerzas radicales dispares, difíciles de articular en una plataforma que no sea la de volver a fórmulas del pasado.

La mayoría fue a trabajar porque no le quedaba otra. Pero que no se lea mal esta situación. El tono del discurso de ayer del Presidente García, demuestra que al 9 no le sigue tan fácilmente el 10 y luego el 11. El paro ha sido una señal de alerta. Si en verdad se quiere mejarar las cosas será mejor que se escuche con oído más fino lo que dice la calle. No vaya a ser que un día de éstos, el pueblo, en verdad, no le tenga paciencia.



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