12 septiembre, 2021

El fin de Abimael Guzmán

Cuando despertó, la bestia había desaparecido. En su lugar quedó el cuerpo frío y sin vida de un hombre anciano, atacado por una infección múltiple, con escaras en el cuerpo y en proceso de descomposición. 

 

Un ser mortal que por momentos se creyó inmortal; y que sus seguidores lo reverenciaban e iluminaban llamándolo la cuarta espada de la revolución mundial, al mismo nivel que Marx, Lenin y Mao.

 

De pensamiento ideológico binario —explotadores y explotados, línea negra y línea roja, revolucionarios o reaccionarios, leales o traidores, vida o muerte— insertó sus devaneos ideológicos en una amalgama de constructos y falacias a los que llamó “Pensamiento Gonzalo”.

 

Murió en su celda, cumpliendo la cadena perpetua que le impuso la justicia por sus crímenes de lesa humanidad. Más de 69 mil víctimas produjo esta visión apocalíptica de la historia, entre muertos y desaparecidos de las Fuerzas Armadas, Policía, autoridades políticas y civiles.

 

Siguiendo la táctica maoísta de lucha prolongada del campo a la ciudad, las actividades terroristas se iniciaron en las zonas rurales, desconcertando a las fuerzas del orden. Pronto, el país cayó en una vorágine de guerra sucia.

 

Hasta que se privilegió la inteligencia y se empezó a estudiar y conocer al enemigo. En cada incursión, cada arresto, cada interrogatorio, se obtenía una pieza más del rompecabezas. Y se iba armando el organigrama y mecanismo de funcionamiento de la maquinaria de guerra.

 

El centro del poder era la cabeza. Por fin, un 12 de setiembre de 1992, un destacamento del Grupo Especial de Inteligencia de la Policía Nacional del Perú lo descubrió escondido en una vivienda en San Borja y lo capturó con vida, dando una lección al país: la ley antes que la justicia por mano propia.

 

Desde entonces, el tiempo hizo lo suyo. Sendero Luminoso sufrió una contundente derrota militar, aunque la lucha subsiste en el campo ideológico.

 

Sus remanentes hoy son de dos tipos. Los que siguen el camino de las armas se han convertido en brazo armado del narcotráfico. Empero, sus seguidores ideológicos se han insertado en la arena política, en los sindicatos, en las organizaciones sociales y populares, disputando el poder en el propio campo democrático.

 

Alguna vez, refiriéndose a la masacre de Lucanamarca, dijo admitiendo la dirección y responsabilidad del horror: “Ni ellos ni nosotros la olvidamos. (...) ahí vieron una respuesta que no se imaginaron. Fue un golpe contundente para sofrenarlos. En algunas ocasiones, como esa, fue la propia Dirección Central la que planificó la acción”.

 

Abimael Guzmán ha muerto. Pero la lucha contra el tipo de pensamiento terminal, que pregonó y ejecutó, continúa.

05 septiembre, 2021

Andenes milenarios y presentes

 

Los cronistas españoles escribieron sobre el antiguo Perú basándose en leyendas y testimonios que recogieron de primera mano, pero también de sus propias observaciones en el terreno. El sistema de riego, compuesto por reservorios y canales muy bien trabajados, que se extendía por kilómetros sobre las faldas de los cerros para conducir el agua desde las partes altas; y la estructura de terrazas que se levantó sobre montañas para crear terreno agrícola, fueron dos aspectos de la ingeniería inca que los deslumbró, aunque, en verdad, ambas soluciones fueron introducidas por las diversas culturas que reinaron estas tierras en periodos anteriores.

 

Los moches construyeron, quizás, la más amplia red de canales que irrigaron las desérticas tierras del norte del país; mientras que los huari y los chancas encontraron solución para intervenir las montañas, rasgarlas, transportar tierra agrícola y formar las cadenas de andenes que en algunos casos podemos ver hasta hoy. Mucho se ha debatido sobre las razones por las que se abandonó esta práctica y si es necesario que el Estado promueva su recuperación, preservación y ampliación.

 

Se han esgrimido razones históricas, como el cambio de patrón de desarrollo de la minería en lugar de la agricultura; factores migratorios, climáticos, de organización social, de pobreza, entre otros, para explicar la pérdida de andenes en diversas regiones del país. Guamán Poma de Ayala anotó en sus crónicas el abandono de canales de regadío como la causa del abandono de los andenes.

 

Incluso el inventario que se hace de esta modalidad de técnica agrícola difiere. En 1986, el Ing. Luis Massón calculó que existían 1 millón de ha en andenes. Al año siguiente, el ONERN encontró 152,375 ha en cinco regiones. Y en 1995, el INRENA detectó 256,245 ha en ocho regiones. El 2013, un estudio del BID/INRENA indica la existencia de 340,719 ha en once regiones. El uso de mapas satelitales revela más bien que las cifras podrían estar subvaluadas y habría más andenes de los que hubiéramos imaginado, no solo en la sierra, sino en la costa y en la ceja de selva.

 

Es necesario seguir investigando y hacer un inventario a nivel de microcuencas para completar el mapa de andenes por cuencas y escalar así a nivel nacional. También es importante reconocer que los andenes responden a problemas actuales, como la escasez del agua producto del calentamiento global, por lo que resultan una solución adecuada para un territorio de montañas como el nuestro.

 

Cabe señalar que la tecnología de construir andenes en la montaña ha sido una solución que el hombre desarrolló en diversos puntos del planeta. En la sierra peruana, los andenes fueron usados en un primer momento para el cultivo de maíz. Estudios recientes indican que la introducción de nuevos cultivos como la cebada, alfalfa y habas, que también crecen en territorios planos, ha hecho que se dejen de usar andenes ubicados en laderas altas.

 

Lo que es evidente es que los andenes no pueden funcionar sin organización social. Se requiere de una gran mano de obra para conducir el agua, labrar la tierra de terraza, mantener los cultivos y cosechar luego los frutos. Con escasísimas excepciones, en los andenes no entra la fuerza animal ni la tracción mecánica. Es la energía humana la que permite su mantenimiento. El campesino andino sigue pegado a la tierra a la que le brinda su fuerza de trabajo en las condiciones más exigentes.

 

Pero como la andenería es una obra de ingeniería, fruto de la cultura, no se puede afirmar que esta solución se abandone o se pierda del todo. La cultura se crea y se recrea de manera permanente. Lo que se tiene que hacer es incorporar nuevos conceptos en su revalorización. Para empezar, nueva tecnología; luego reservorios y riego tecnificado; paneles solares, huaros, una nueva chaquitaclla mecánica-eléctrica; y conceptos de mercado para superar la agricultura familiar de subsistencia. En promedio, los peruanos consumimos 45 kilos de arroz al año versus 1.5 kilos de quinua en el mismo periodo de tiempo.

 

Los andenes se recuperarán solo si los pobladores que los usan encuentran beneficios personales, familiares y grupales, que pasan por disminuir los niveles de dependencia por consumo de energía humana, mejorar la productividad y acceder a mejores mercados. La población andina será la primera en conservar, construir o reconstruir andenes si es que estos corresponden a una necesidad actual; y si los proyectos de recuperación consideran la dinámica económica y social de los grupos humanos que los han de utilizar (Treacy, 1994c).

 

El sistema de andenes no solo debe verse como tierras de cultivo, también son estructuras de gestión del agua y de recarga del acuífero. El agua es el elemento articulador del territorio, a la que se debe sumar la tecnología y el mercado para mejorar la productividad y calidad de vida de los habitantes. Una posible salida, desde el Estado, es crear partidas específicas para las microcuencas, ejecutadas directamente por las comunidades campesinas a través de núcleos ejecutores.

 

Nos faltan investigaciones precisas sobre índices de radiación sobre los andenes a lo largo del año. Sabemos que en la agricultura de montaña solo existen dos estaciones: la época húmeda y la seca. También falta incidir sobre calidad y conservación del suelo, niveles de humedad y rol de los microorganismos, así como medir el nivel de energía humana que implica su trabajo y mantenimiento. Sabemos que diversas técnicas de cultivo y abono mejoran la productividad en los andenes. La papa rinde 242% más, el trigo 154% más y la cebolla 157% más (PNCSACH, 1988). El policultivo es mejor que el monocultivo. En andenes de San Pedro de Casta se encontró que abonar con compost rindió 25.4 t/ha, pero abonar con guano de cabra rindió 34 t/ha (E. Chillón, 1988).

 

La organización social de las comunidades es una de las fortalezas que tenemos como país, pero no debe vérselas con ojos bucólicos o compasivos del pasado, sino como grupos humanos diversos y heterogéneos, con pleno derecho a labrarse un futuro con su capacidad de trabajo y talento.

 

 

Fuente:

Seminarios y congresos organizados por el Centro Bartolomé de las Casas, 2020-2021.

28 agosto, 2021

Perú descentralizado

El debate sobre el proceso de descentralización en el Perú seguirá abierto por mucho tiempo. Hay quienes sostienen que la medida necesaria e impostergable, en la práctica, no ha dado los resultados esperados. Y hay quienes, por supuesto, defienden el avance logrado, sobre todo, en la elección democrática de sus autoridades y en la redistribución del poder político con la aparición de partidos regionales exitosos. 

 

La pandemia dejó ver las limitaciones que tuvo el proceso al transferir competencias sin desarrollar capacidades locales, llegando incluso a que en algunas regiones —en el momento más desesperado de la segunda ola— se proponga la recentralización del servicio de salud.

 

El reciente encuentro entre el GORE y el Poder Ejecutivo podría abonar en favor de un relanzamiento del proceso de descentralización en el país, aspiración republicana que ha estado en ocho de las doce constituciones que hasta la fecha hemos tenido.

 

Nadie duda de los efectos nocivos que genera la concentración del poder político y económico en la capital y en algunas pocas ciudades.  Siendo el objetivo mayor buscar el desarrollo armónico de las regiones, el proceso requiere una gran capacidad de proyección, planificación y articulación de intereses subnacionales que no pierdan de vista el hilo conductor del gran desarrollo nacional.

 

Uno de esos retos es la conformación de las macrorregiones. Hasta ahora no se ha podido establecer una sola región que sume más de un departamento. En este aspecto, el primer límite ha sido precisamente elevar a la categoría de región a cada uno de los 24 departamentos. 

 

El primer intento conformar las nuevas regiones mediante referéndum fracasó. Somos un Estado único e indivisible que con un Gobierno unitario y representativo al que le cuesta conformar su ámbito descentralizado. 

 

Sin embargo, existen fuerzas verdaderamente descentralizadoras que otorgan un nuevo dinamismo al proceso como la integración continental bioceánica, la integración económica, la integración territorial econatural por regiones; y ahora, fruto del encuentro del GORE y el Poder Ejecutivo, la integración macrorregional a nivel político estimulada por el Gobierno central.

 

Creemos que este impulso de coordinación macrorregional debe elevarse al nivel de planificación y desarrollo de proyectos Macrorregionales-Gobierno central. Está muy bien que el presidente de la república se reúna con las cinco macrorregiones (Macrorregión Norte, Centro, Amazónica, Sur y Lima Provincias) con la finalidad de organizar y priorizar los proyectos necesarios para apuntalar el desarrollo de cada uno de estos espacios. 

 

Hay problemas macrorregionales que exceden el tratamiento parcial o sectorial de una región, por lo que la coordinación del Gobierno central ayudará a integrar obras de gran complejidad como el desarrollo integral de ciudades intermedias, la integración energética con proyectos de inmediata aplicación como el mejoramiento de sistemas de riego, carreteras, entre otros.

 

La instancia de coordinación Poder Ejecutivo-Macrorregiones permite, además, acordar planes de desarrollo integrales con metas quinquenales medibles que servirán también para calibrar la capacidad de gestión de las políticas (y políticos) subnacionales. 

 

Ordenar el territorio por macrorregiones es una buena manera de avanzar en la visión articulada que debe tener la planificación y ejecución de los proyectos, programas y obras. La organización del territorio empezó a cambiar con el proceso de descentralización. Mirar y empezar a administrar el territorio por macrorregiones y planificar el desarrollo de esta manera puede también ayudar a dinamizar el proceso de articulación política y administrativa de la regionalización, proceso que no tiene más que seguir avanzando.

 

22 agosto, 2021

Comunicación (des) ordenada

Tres de cuatro peruanos quiere un cambio de gabinete. La misma proporción de personas cree que el presidente tiene una mala relación con la prensa. No solo porque no declara, sino porque cuando lo hace el mensaje luce desarticulado, débil, desordenado. 

 

¿Tiene el presidente un problema de comunicación o un problema político?

 

Ambos. Hay un problema de no comunicación en primer lugar y de falta de una relación fluida con los medios de prensa; y hay también un problema de puesta en escena del mensaje: de construcción, exposición y orden.

 

En la base hay, por supuesto, un problema mayor que es de naturaleza política relacionado directamente con lo desastroso que ha resultado la conformación de su primer gabinete. 

 

Las encuestas no son el problema, por lo que no hay razón para irse contra ellas porque los resultados no nos gustan. Ellas reflejan el sentir de la población en un momento dado. Sus resultados son el diagnóstico de un problema, no la receta.

 

Detectado el problema político el Gobierno deberá resolverlo en ese campo. Si no lo hace, probablemente, el Congreso lo obligará a hacerlo. 

 

Una abstención mayoritaria en el voto de investidura, por ejemplo, obligará sin duda al gobierno a reajustar el gabinete. Salvo que su propósito político sea extremar posiciones.

 

En el plano estricto de la comunicación, esta semana la cabeza del Gobierno, el presidente de la República, empezó a salir del estado de encierro y silencio en el que se encontraba. 

 

Se han programado actividades oficiales muy temprano. En ellas el presidente realiza alocuciones y declaraciones que son tomadas por la prensa, responde brevemente algunas preguntas, aunque aún no se atreve a una conferencia de prensa o entrevista en profundidad con un medio de comunicación.

 

Es un primer avance. Lo que falta en esta primera etapa es algo más simple: orden y transparencia en la comunicación de gobierno. 

 

En busca de ambos objetivos se podrían adoptar algunos mecanismos sencillos que permitirían ir solucionando y atemperando ese estado de exaltación y desorden que se nota cada vez que algún vocero declara a los medios en las inmediaciones de Palacio de Gobierno.

 

En primer lugar, sería adecuado que se reabra la Sala de Cronistas de Palacio de Gobierno, creada como espacio de trabajo de los hombres y mujeres de prensa que cubren las actividades oficiales del presidente de la República. Esto debiera ir acompañado del nombramiento de un secretario de prensa que mantenga relaciones cordiales y fluidas con los periodistas.

 

También sería de utilidad designar un vocero temático o político que declare a los medios en el frontis de Palacio de Gobierno, cerca de la Sala de Cronistas, en lugar de hacerlo en la parte trasera del edificio como ocurre ahora.

 

Estas declaraciones son siempre al final de la reunión y no al inicio como se desesperan ahora los medios que están en “transmisión en vivo” de forma permanente en sus múltiples plataformas.

 

Las declaraciones de los voceros serán utilizando un micrófono de pie y un buen sistema de sonido para evitar que la prensa se agolpe alrededor del entrevistado y lo aturda con preguntas simultáneas y de toda índole.

 

Para que exista la sensación de orden y transparencia, es posible ponerse de acuerdo con los periodistas y sortear turnos para que los colegas realicen sus preguntas de manera pausada y sin perturbaciones. 

 

La comunicación política en la sede de gobierno es fundamental para transmitir y fortalecer confianza en la ciudadanía. No hablar con la prensa o esconderse de ella es siempre la peor receta. En lenguaje sencillo, es mejor con prensa o con la prensa en contra que sin prensa. Si tenemos prensa al frente, la tarea es cuidar solo lo que decimos. 

 

 

14 agosto, 2021

Hambre y olla de presión

Mientras el Ejecutivo y el Congreso atizan el fuego político aumentando la olla de presión entre ambos poderes, la olla de los pobres no solo no hierve, sino que cada día luce más vacía frente al alza del costo de vida.

 

Las malas decisiones políticas generan efectos perniciosos en la economía, crea desconfianza en los actores, lo que a su vez termina expresándose en el desequilibrio y aumento de precios en alimentos, combustible y transporte. 

 

Frente a una economía convaleciente, en recuperación, no hay nada más letal que la especulación. En julio de este año, las Naciones Unidas habían advertido que el hambre y la desnutrición se agravarían este año como consecuencia de la pandemia de la COVID-19. El año pasado, el 10% de la población mundial estuvo subalimentada. 

 

América Latina es la región donde más se sintió el dolor que genera el hambre: 60 millones de personas sufren hambre y, en general, unas 267 millones de personas enfrentan una situación de inseguridad alimentaria. 

 

En el Perú, lo vemos a diario en las ollas comunes que se abren en los asentamientos humanos que empiezan a cocinar con leña debido al excesivo costo del gas propano.

 

El economista David Tuesta calcula que actualmente entre 3 y 4 millones de peruanos sufren hambre. Los políticos, por sus incompetencias gerenciales o por sus anteojeras ideológicas, no pueden permanecer impávidos frente a esta situación. 

 

Una persona o familia con hambre es un condenado civil. Es susceptible de contraer enfermedades, lo que disminuye su potencialidad como ser humano.  El deterioro constante de su calidad de vida limita severamente su desarrollo personal, familiar y su aporte a la sociedad.

 

En julio del año pasado ya advertíamos esta situación en estas mismas páginas. Temporadas de hambre hemos tenido siempre, decíamos. Incluso antes de la pandemia, miles de familias padecían de subalimentación y hambre. 

 

“(...) las ollas comunes se multiplican en la periferia de Lima. No hay gas ni querosene para cocinar. Se cocina a leña o con pequeños restos de madera. Avena en las mañanas para el desayuno. Arroz, menestras y torrejas de verduras para el almuerzo. Los niños y los ancianos primero. Los mayores, si alcanza”, señalamos. Hoy ya no hay ni torrejas, solo menestra y aderezo de cebollita y tomate.

 

Como bien señala Carolina Trivelli, atender la emergencia del hambre es prioritario, pero insuficiente. Se requiere de una política de Estado que cubra las necesidades nutricionales básicas de los individuos. Y una entidad responsable de la seguridad alimentaria y nutricional que dirija dicha política 

 

Cualquier respuesta que se elabore debe pasar por el reconocimiento de las ollas comunes, considerándolas núcleos ejecutores para que sean sujetos de un bono económico directo.

 

Debe, asimismo, incorporarse en primera línea a los profesionales de la nutrición para que asistan a las ollas comunes y se mejore la dieta alimenticia.

 

El esfuerzo del sector privado debe ser mejor canalizado para evitar duplicidades. La experiencia del Banco de Alimentos en ese sentido es valiosísima. Ellos saben cómo organizar y distribuir mejor la ayuda aplicando criterios territoriales por zonas y cuadrantes.

 

El sistema de monederos virtuales tipo Yape, Luquita, Tunki, Plin y otros, de amplia difusión en los sectores populares, sería también una manera directa de hacer llegar el efectivo a las madres organizadas en las ollas. 

 

El Congreso y el Ejecutivo se encargan todos los días de atizar el fuego y aumentar la olla de presión política, mientras en los barrios más necesitados los pobres sufren pa’ parar la olla por el incesante, persistente y criminal aumento del costo de vida. 

 

Ojalá alguien recuerde aún a Napoleón: “Un ejército marcha sobre su estómago”. Una sociedad también.

07 agosto, 2021

El hombre nuevo

 

El hombre nuevo es un mito. Una utopía. Una idealización. El hombre nuevo lo han modelado desde la religión hasta la política, pasando por la filosofía y la psicología.  Todos quieren construir o reconstruir un hombre nuevo. Un hombre diferente, con valores, celestial, puro, armonioso. Pero el hombre, siendo como es, se resiste y sigue siendo humano, imperfecto, sinuoso, libre. 

 

Los bolcheviques en la década del treinta idearon un hombre nuevo, el hombre revolucionario, del pueblo y para el pueblo. Los fascistas probaron luego hacer algo parecido, un hombre disciplinado, marcial. Los nazis intentaron crear una nueva raza humana. Los polpotianos bañaron en sangre su país para conseguir lo mismo. 

 

Cada una de estas utopías colectivistas ha caído. Simbólicamente el derribamiento del Muro de Berlín tiró abajo la matriz de estas ideas. Quedan, sin embargo, muros mentales que faltan derribar. Altas murallas de ideas desfasadas que se resisten a morir.

 

El hombre nuevo que aún existe en la cabeza de algunos comunistas es hoy un venerable y jurásico abuelo homofóbico, misógino, los últimos ejemplares de una especie que se resiste a desaparecer. 

 

Una mentalidad de ese tipo no es para estos tiempos. Vivimos tiempos de libertad, de respeto a la diferencia y diversidad, de tolerancia. Son tiempos nuevos.

 

No estamos más en un mundo monocromático, ni siquiera binario, sino multicolor, variopinto. Es un mundo diferente, en efecto, nuevo, que tiene nuevas formas de expresarse. Quien no pueda darse cuenta de esto no puede dirigir la política de un país. 

 

El hombre nuevo no existe. A no ser que respetes su diversidad y su libertad.



01 agosto, 2021

Tiempos recios

Vivimos tiempos difíciles, duros. Tiempos de choque, de conflicto, que no se han apaciguado con el inicio del gobierno de Pedro Castillo, sino, por el contrario, se han agitado más. Tras una definición electoral encrespada ha sobrevenido un gobierno tumultuoso, desordenado, casi informal, donde el partido de gobierno parece más interesado en construir poder que en administrar el gobierno.

 

En medio de presiones, imposiciones, parches y remiendos, la conformación de su primer gabinete parece hecho más para la confrontación que para la concertación. En lugar de abrir el juego, moderar su discurso y ganar aliados, el presidente eligió achicar la cancha, volver a su 18% de la primera vuelta, parapetarse en su partido, y radicalizar su posición armando un gabinete con más sombras que luces. Con escasas excepciones (Economía, Educación, Salud, Justicia), sus ministros carecen de experiencia sectorial o administrativa, cuando no de méritos formativos o morales.

 

Será difícil en esas circunstancias lograr el voto de investidura. Aunque en verdad en este punto se pone en juego estrategias más de fondo que de forma. ¿Estará el Congreso dispuesto a exponer su propia viabilidad y censurar este primer gabinete dejando en manos del Ejecutivo un segundo movimiento provocador como presentar el proyecto de ley de Asamblea Constituyente y hacer cuestión de confianza de ella?

 

Quizás el Congreso decida primero fortalecer su propio poder normando y precisando antes que nada los casos en los que el ejecutivo puede recurrir a la cuestión de confianza. Y se proponga más bien una guerra de guerrillas más prolongada que perfore el gabinete llamando, fiscalizando y quemando a los ministros hasta provocar su renuncia o censura. 

 

Pero si en términos políticos no hemos tenido el mejor inicio de gobierno, en términos económicos tampoco ha pintado bien la cosa. Esta semana se reportó la baja en la bolsa de valores de las principales acciones de empresas peruanas. El dólar pasó la barrera de los 4 soles, la inflación de julio fue la más alta de los últimos 26 años y el riesgo país aumentó 8 puntos porcentuales. En el cortísimo plazo los mercados esperan qué sucederá finalmente con Julio Velarde en el BCR, la presentación del plan de gobierno ante el Congreso y si el ejecutivo obtendrá o no el voto de investidura. 

 

El problema es el mediano y largo plazo. Por lo visto en esta primera semana, todo indica que el gobierno apunta a virar las velas y conducir la nave hacia un modelo popular autoritario en lo político, y regulador e intervencionista en lo económico. Un camino que ya sabemos a dónde conduce. Aislacionismo, escasez, pobreza; para convertirse a la larga en ideologización, populismo, y simple y duro autoritarismo. Ojalá nos equivoquemos. Por el bien del Perú, así lo deseamos.

 

Me temo, sin embargo, que se vienen tiempos recios para la democracia. El choque parece inminente. El Bicentenario nos recibe igual de inestables que cuando empezamos. Cambian los actores, pero no los males.

28 julio, 2021

Carta a los Indios de las provincias interiores

Nobles hijos del Sol, amados hermanos, a vosotros virtuosos indios, os dirigimos la palabra, y no os asombre que los llamemos hermanos: lo somos en verdad, descendemos de unos mismos padres, formamos una sola familiay con el suelo que nos pertenece, hemos recuperado también nuestra dignidad y nuestros derechosHemos pasado más de trecientos años de esclavitud en la humillación más degradante, y nuestro sufrimiento movió al fin a nuestro Dios a que nos mirase con ojos de misericordia. 

Él nos inspiró el sentimiento de Libertad, y Él mismo nos ha dado fuerza para arrollar a los injustos usurpadores, que sobre quitarnos nuestra plata y nuestro oro, se posesionaron de nuestros pueblos, os impusieron tributos, nos recargaron de pensiones, y nos vendían nuestro pan y nuestra agua.

Ya rompimos los grillos, y este prodigio es el resultado de vuestras lágrimas y de nuestros esfuerzos. El Ejército Libertador que os entregará esta carta, lo enviamos con el designio de destrozar la última argolla de la cadena que os oprime. Marcha a salvaros y protegeros. Él os dirá y hará entender que están constituídos; que hemos formado todos los hijos de Lima, Cuzco, Arequipa, Trujillo, Puno, Huamanga y Huancavelica, un Congreso de los más honrados y sabios vecinos de esas mismas provincias. 

Este Congreso tiene la misma y aún mayor soberanía que la de nuestros amados Incas. Él, a nombre de todos los pueblos y de vosotros mismos, va a dictar leyes que han de gobernarnos, muy distantes de las que nos dictaron los injustos reyes de España. 

Vosotros indios, sois el primer objeto de nuestros cuidados. Nos acordamos de lo que habéis padecido, y trabajamos por haceros felices en el día. Vais a ser nobles, instruidos, propietarios, y representaréis entre los hombres todo lo que es debido a vuestras virtudes. 

Esperad muy breve el cumplimiento exacto de estas promesas, que no son seguramente como los falsos ofrecimientos del gobierno español. Aguardad también nuestras frecuentes cartas, nuestras determinaciones, y nuestra Constitución. Todo os irá en vuestro idioma quechua, que nos enseñaron nuestros padres, y que mamastéis a los pechos de vuestras tiernas madres. 

¡Hermanos!: el día que recibáis esta carta veréis a vuestro padre el Sol amanecer más alegre sobre la cumbre de vuestros volcanes de Arequipa, Chachani, Pichupichu, Coropuna, Sulimana, Sarasara, Vilcanota, Ilimani. Abrasad entonces a vuestros hijos, halagad a vuestras esposas, derramad flores sobre las hueseras de vuestros padres, y entonad al son de vuestro tambor y vuestra flauta dulces yaravíes y bailad alegres cachuas diciendo a gritos: ya somos nuestros; ya somos libres, ya somos felices. 

 

Congreso Constituyente 1823

 

24 julio, 2021

Somos libres, recordémoslo siempre

Es una experiencia fascinante asistir a un espectáculo de teatro al aire libre. Más aún si los actores dialogan en clave entre la historia pasada y presente, y presentan el desarrollo de la independencia del Perú, no tanto desde el punto de vista de los protagonistas, sino de su impacto en hombres y mujeres de carne y hueso de la época.


Es lo que hace Eduardo Adrianzén en su obra “Somos libres”. Es como volver a los orígenes de la representación escénica, sin más techo que el propio cielo y con actores anclados en el diálogo y la narrativa, antes que, en la escenografía, las luces o los efectos técnicos. 


En este teatro minimalista y de pandemia, el autor nos presenta un mosaico vivencial de lo que pudo ser la vida en aquel tumultuoso 1821 a la llegada a Lima del general San Martín y su ejército libertador. 


Una pareja aristocrática arribista y sin más bandera que su propio interés, una vendedora mestiza que no cree ni en el virreinato ni en la nueva patria, sino en su trabajo diario que le da de comer, una esclava negra que espera con ansias su propia libertad, un criollo tan deslenguado como desorientado, y un soldado mulato que construirá su propio destino al lado de la mestiza vendedora.


San Martín y Monteagudo encarnan no solo el poder, sino los extraños vericuetos que tiene este de manifestarse. Los sueños monárquicos y humanistas del primero serán explicitados con el razonamiento agudo del segundo, que define a la sociedad peruana como incapaz de gobernarse a sí misma. Monteagudo es la línea oscura del poder que con diversos rostros aparecerá en diversos momentos de la república. 


El miedo es un sentimiento que se apodera de Lima ante la llegada del libertador. No solo por la fuerza que representan —soldados armados con ganas de expropiar todo y expulsar a los españoles— sino, además, porque "la mayoría son negros". Para cubrirse, los residentes de la capital colocarán en sus casas banderas extranjeras de todos los países, camuflando sus intereses y sentimientos. 


En resumidas cuentas, la obra nos dice que la independencia no significó lo mismo para todos, sino algo propio, diferente, dependiendo del lugar que cada uno ocupe en la sociedad.


La pareja aristocrática se acomodó muy rápido a los nuevos vientos, y de enemiga acérrima del libertador pasó a ser su servil aduladora. La esclava negra no obtuvo su libertad, aunque sí su descendencia nacida a partir de la instauración de la república. El blanco holgazán obtuvo un puesto en la nueva burocracia estatal solo por ser criollo, mientras que el soldado mulato y la mestiza tienen un destino no explícito que se proyecta en el tiempo y que puede resumirse como que siguen dependiendo de su propio esfuerzo para salir adelante.


En donde sí todas las clases sociales se unen, por un momento, sin distinción de tipo alguno, incluso entre gobernantes y gobernados, es en el canto coral que cierra la obra: la conquista de la libertad. ¿Qué celebraron los peruanos de 1821? ¿Y qué celebramos los peruanos de hoy? Sin duda patria, independencia y libertad fueron sinónimos en ese momento. ¿Lo serán también hoy? En esto no somos tan diferentes a nuestros antepasados. Y, como enseña la obra, dependerá del lugar que ocupemos en la sociedad. Para algunos la patria, la independencia y la libertad siguen siendo el día a día. Eso sí, somos libres, recordémoslo siempre.



 

16 julio, 2021

Moderación

La política ha pasado de un discurso violento a simplemente violencia. El auto del ministro de Salud es atacado por una turba de manifestantes del partido que perdió las elecciones. Horas después, la misma mesnada arremete contra periodistas que cubren los incidentes y luego enfilan su furia contra negocios privados en el centro de Lima. Del otro lado, un ciudadano vestido con la casaquilla de la selección nacional es molido a golpes y llevado de emergencia a una clínica local. 

 

Es la representación de la política tribal. Lo que vemos en las calles son grupos movilizados que pasan del discurso de odio a la acción. No aceptan el resultado de los acontecimientos. El discurso negacionista exacerba la ira de unos. La larga espera a otros. En el choque de ambas posiciones, el jugar con fuego, puede llevarnos al caos. Y la violencia podría deslegitimar el curso de las acciones.

 

¿Busca alguien generar un caos político y tirar por la borda este proceso electoral? Hay dos momentos que nos ayudarán a responder esta pregunta. La proclamación de resultados que deberá anunciar el JNE la próxima semana y la juramentación del nuevo presidente de la República el 28 de julio.

 

El presidente Francisco Sagasti ha admitido que las fuerzas policiales se han contenido en reprimir a los revoltosos, al punto que, en los últimos cinco meses, dijo, “solo se han usado dos bombas lacrimógenas”. Ergo, en adelante, se usarán más.

 

Es momento de llamar a la moderación. Y a la cordura. No debemos caer en excesos, sino actuar siempre con sensatez. En política, la moderación es un valor escaso, pero, por lo mismo, valioso. Corresponde a los líderes no solo llamar a la calma, sino practicarla. Vivir y actuar en equilibrio, con sobriedad y responsabilidad. La palabra y la acción deben mantenerse en armonía.

 

Si las masas no se desmovilizan, si no acatan responsablemente los resultados, si no pasan de la protesta a la propuesta, será difícil no llegar a la confrontación física, como hemos visto recientemente. No es fácil controlar la hybris, el exceso, el orgullo, la soberbia, el dolor. 

 

Pero en situaciones límite, como las que vivimos, se requiere que los políticos muestren la madera de la que están hechos. Que hagan uso de la templanza, la ecuanimidad y moderen su radicalismo y extremismo.

 

Se requiere valor para actuar con buen juicio y liderar a las masas al orden. La insensatez, en cambio, es moneda corriente y favorece la violencia. La transferencia del poder es ya demasiado turbulenta para seguir agitando las calles. En estos momentos difíciles, una sola cosa hay que pedirles a los políticos y a sus tribus: moderación.



10 julio, 2021

El desarrollo esquivo

 

No hay que dejar pasar las declaraciones del ministro Waldo Mendoza en un reciente foro virtual por el bicentenario de la creación del Ministerio de Economía y Finanzas. Es interesante su reflexión descartando el sueño de una industria nacional debido a su distanciamiento físico y geográfico de las grandes potencias económicas.

 

“Todos los países nuevos industrializados están al costado de Estados Unidos, Alemania o Japón. Son las grandes cadenas de valor. Estos (países) chiquitos se agarran y mientras alguien produce autos, ellos producen llantas”, dijo Mendoza para graficar su hipótesis.

 

Enseguida agregó: “América del Sur está lejos de Alemania, Japón, China o Estados Unidos; por eso no hay ningún país industrializado en América Latina, excepto México. Efectivamente, no hay que soñar con que el Perú pueda ser un país industrializado”.

 

El ansiado camino al desarrollo ha tenido varias fórmulas para explicarlo y resolverlo. En los años 40 y 50 se enfatizó el crecimiento del Producto Nacional Bruto como la clave para salir del subdesarrollo, en los 60 y 70 el acento estuvo en mejorar la distribución, en los 80 se habló del desarrollo humano para pasar en los 90 al alivio de la pobreza.

 

Prebisch centraría su explicación en un solo proceso de centro-periferia en el que el desarrollo de los países más poderosos era imposible sin explicar el subdesarrollo de los países periféricos. De aquí surgiría la Teoría de Sustitución de Importaciones como una respuesta para superar el poco progreso técnico de los países periféricos, como el nuestro. La Teoría de la Dependencia afirmaría que el carácter dependiente del capitalismo periférico será la raíz de su imposibilidad de dejar o salir del subdesarrollo.

 

La visión de Mendoza rompe con esta lógica de industrialización que sigue el molde de los países desarrollados para centrarnos en objetivos más realistas como promover la minería (sector primario), la agroexportación, e incorporando nuevos motores productivos como la industria forestal, la acuicultura y el turismo. Solo en el caso forestal tenemos 78.8 millones de hectáreas de bosques, pero no tenemos plantaciones ni exportamos madera.

 

Siguiendo esta línea de pensamiento, el exministro Piero Ghezzi propone una estrategia de crecimiento con tres objetivos: a) Facilitar el crecimiento en todos los sectores con potencial, incluida la industria; b) Encadenar a las MYPE; y c) utilizar los recursos naturales para generar ecosistemas de conocimiento. Esto significa, desde el Estado, generar políticas públicas de desarrollo productivo.

 

El desarrollo no vendrá solo de los mecanismos del mercado. En países como el nuestro, con diversidad económica y social, y con abundante mano de obra no calificada, se tiene que imbricar el Estado y el mercado para ayudar a desbastar las disparidades. El proceso de desarrollo no es solo acumulación de capital económico, sino también de capital humano y social.

 

El desarrollo es, entonces, un proceso multidimensional. Un proyecto nacional de desarrollo de esta envergadura requiere esfuerzo de voluntad y acuerdo político entre las fuerzas productivas, las fuerzas sociales, los inversionistas, los empresarios y los trabajadores. Un amplio consenso político, económico y social, seguridad jurídica y un largo proceso de clima político estable. Todo lo que por el momento, lamentablemente, no tenemos; como si el desarrollo nos fuera un bien esquivo.