Politikha / Blog de Luis Alberto Chávez

16 diciembre, 2006

Escenarios y conflictos

En una disertación en ESAN (*), un empresario minero, un economista y un analista de inversión concuerdan en su apreciación sobre lo que nos espera el 2007: seguirá el crecimiento, siempre que no se alteren factores de comportamiento en China y Estados Unidos. En caso contrario, afirman, “habrá una desaceleración y una posible recesión en la economía mundial”. A partir de estas dos premisas desarrollan dos escenarios probables, uno optimista y otro pesimista.

En el escenario optimista, China continuará creciendo a un ritmo de 10% anual y necesitará nuestras materias primas. El precio de los minerales seguirá subiendo cumpliendo un ciclo expansivo pocas veces visto. Estados Unidos, enfrentará su déficit fiscal, el dólar se recuperará frente al Euro, al Yen y al Yuan y el petróleo mantendrá su precio de alrededor de 60 dólares el barril. En el Perú, mantendremos el ritmo exportador, firmaremos el TLC con los Estados Unidos y la política no alterará las reglas de juego tanto en inversión como en asuntos tributarios.

En el escenario pesimista, China cae producto de una escasez de materias primas en el mundo, los minerales vuelven a sus niveles de precios bajos, Estados Unidos recalienta su economía y entra a un enfriamiento brusco que lo lleva a la recesión, el dólar sigue cayendo y el barril de petróleo se dispara. En el Perú, no firmamos el TLC, no alcanzamos el grado de inversión previsto, se endurece la legislación laboral, se alteran las reglas de juego y se ahuyenta el capital de inversión.

En ambos escenarios -concuerdan el empresario, el economista y el analista-, lo que ocurra con los conflictos sociales, alrededor de proyectos mineros, será clave.

El minero recuerda que su empresa desarrolla proyectos en el Perú hace más de medio siglo y jamás encontró tanta resistencia de las comunidades campesinas como hoy en día. En la época de terrorismo –revela- sus colegas tenían claro que frente a la amenaza terrorista había dos salidas: o armaban un ejército mercenario para defender sus capitales e inversiones, o se aliaban a las comunidades campesinas.

Luego, confiesa que de cinco proyectos que tienen en ejecución, los cinco están hoy paralizados por conflictos con poblaciones altoandinas. Lo que sucede-explica- es que el Estado ha sido ineficaz para invertir el dinero de las regalías en las comunidades donde reside el mineral. “Todo se lo lleva la caja central y no queda nada o muy poco para las poblaciones”.

Esas comunidades son las más pobres entre las pobres del país. Viven por encima de los 3,500 metros, sus hijos nacen con desnutrición crónica y carecen de servicios adecuados de salud, nutrición o educación; en su gran mayoría son quechuablantes. Este ejército de excluidos no siente los beneficios del Estado, ni de la mina.

Contra lo que pudiera pensarse, el conflicto que estalla en estas zonas no es sólo por diferencias o reclamos a la empresa minera. La Defensoría del Pueblo ha identificado también controversias por linderos, tierras, agua y límites territoriales. Es decir, luchan por su supervivencia. Por lo más elemental que tiene el ser humano para vivir: tierra y agua.

No basta pues con aplicar métodos que mejoren los canales de comunicación entre las mineras y las poblaciones, dentro de lo que hoy se llama política de responsabilidad social de las empresas. Es eso y mucho más. Hay un problema de dignidad, de ciudadanía, de calidad de vida, de justicia.

En tierras agrestes como esas, donde además del mineral, muy pocas cosas pueden crecer y cultivarse para ocupar un lugar en este mundo ancho y ajeno, es necesario que el Estado rediseñe su política de inversiones públicas. Las comunidades campesinas no pueden ver más pasar el oro o el cobre, sin que les deje nada.

Si el Estado es ineficiente, habrá que buscar otro mecanismo. La empresa, la región, el gobierno local y la propia comunidad tienen que participar en un modelo que vigile el uso adecuado de fondos; no para construir monumentos o palacios municipales, sino obras de infraestructura, postas de salud, colegios, centros de producción. Si no lo hacemos, las regiones se movilizarán y harán sentir su voz. No importará en qué escenario se mueva el mundo; prevalecerá el conflicto.


(*) Forum: "La Economía Peruana Rumbo al 2007", 14 de diembre de 2006, Asociación de Egresados de ESAN.

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