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16 noviembre, 2013

Bolognesi en Arica




Imposible no terminar en pie, cantando el himno nacional -como ellos en la escena final-, esperando el ataque enemigo que se aproxima por el lado este del Morro y al que un puñado de hombres, encabezados por el coronel Francisco Bolognesi, ha decidido enfrentar sabiendo que la suerte está echada. 

Imposible no sentir ira ante la impotencia y sacrificio de aquel grupo de patriotas que fue abandonado por los políticos de turno.

La epopeya de Bolognesi y sus defensores marca una lección para las generaciones futuras. Es un mensaje de dignidad ante la adversidad. Del deber por la defensa colectiva de la Nación antes que el interés individual y pequeño de cada uno de nosotros.

La gesta de Arica se ve como una batalla militarmente inútil. Se ha perdido Tarapacá y Tacna. Los bolivianos han regresado prontamente a su país. Arica está aislada, desconectada por el norte y por el sur, y se espera desesperadamente que lleguen los refuerzos a cargo del coronel Leiva.

Bolognesi envía ocho emisarios con cartas para el coronel Leiva o el general Montero, pero ninguno regresó con respuesta. El jefe de Arica envía telegramas, pide instrucciones, planes, estrategia. Solo uno fue respondido por el prefecto de Arequipa, saludando la decisión de los combatientes de quedarse a defender el morro, pero, igualmente, sin instrucciones precisas sobre qué hacer.

La respuesta que esperaba la resistencia y los refuerzos nunca llegaron. Bolognesi y los suyos se ven así abandonados por el Perú oficial. En Lima, ha tomado el poder Nicolás de Piérola, luego de la huida del presidente Prado.

El autor de la obra de teatro, Alonso Alegría, insinúa que entre las razones por las que Piérola no envió instrucciones, ni refuerzos a Bolognesi es porque podría haber sospechado de la actitud “civilista” del viejo coronel en Arica.

El odio politico, la rivalidad extrema, la razzia interna, es uno de los males que arrastramos desde la fundación de la República. “Antes los chilenos que Piérola”, era un grito popular de la época.

Es entonces que cada uno de los combatientes del Morro asume su rol ante la Historia y deciden inmolarse por un bien mayor a la propia vida; el honor, la dignidad, el amor a la tierra.

Su sacrificio nutre a las generaciones futuras. Marca un derrotero. Señala un norte. La derrota de aquel 7 de junio de 1880 no será redimida sino ante la Historia.

Cómo no enternecerse ante el gesto de Alfonso Ugarte; un joven acaudalado que pospuso su matrimonio y un viaje a Europa para enrolarse al Ejército y con su propio dinero formó un regimiento.

Cómo no seguir el ejemplo del coronel argentino Roque Sáenz Peña, que decidió quedarse a defender el Morro junto a los patriotas peruanos por solidaridad contienental.

Cómo no redimir al propio Juan Guillermo More que viste de paisano todo el tiempo, pero que el día de la batalla final, se colocó su uniforme de La Marina para resarcir el error de haber perdido el buque Independencia y recuperar el honor perdido con la muerte.

Cómo no reconocer el sacrificio de Bolognesi, militar retirado que decidió volver al Ejército al estallar la Guerra con Chile y que en el momento mismo de pelear hasta quemar el último cartucho, no sabe si uno de sus hijos -artillero del Ejército-, ha caído en la Batalla de Tacna. 

En esa semana final, Bolgnesi escribe una carta a su esposa en la que vuelca todo su sentimiento, su comprensión política de la situación, pero al mismo tiempo, su grandeza de inmolarse en nombre de todos nosotros. Sus palabras aún resuenan con claridad hoy:

“Esta será seguramente una de las últimas noticias que te lleguen de mí, porque cada día que pasa vemos que se acerca el peligro y que la amenaza de rendición o aniquilamiento por el enemigo superior a las fuerzas peruanas son latentes y determinantes. Los días y las horas pasan y las oímos como golpes de campana trágica que se esparcen sobre éste peñasco de la ciudadela militar engrandecida por un puñado de patriotas que tienen su plazo contado y su decisión de pelear sin desmayo en el combate para no defraudar al Perú. ¿Que será de ti amada esposa? Tu que me acompañaste con amor y santidad. ¿Que será de nuestros hijos, que no podré ver ni sentir en el hogar común? Dios va a decidir éste drama en el que los políticos que fugaron y los que asaltaron el poder tienen la misma responsabilidad. Unos y otros han dictado con su incapacidad la sentencia que nos aplicará el enemigo. Nunca reclames nada, para que no se crea que mi deber tiene precio...”

01 octubre, 2009

Las riquezas de los territorios perdidos VII

Juegos de Guerra.- El ensayo militar de Chile en el que ataca a un vecino país ubicado al norte del suyo, llamado eufemísticamente "Tarapacá", por desconocer tratados internacionales, es un ejercicio válido que no debería llamarnos la atención. Los ejércitos profesionales se preparan para la guerra en tiempos de paz. En lugar de llorar como rabonas -como el patético ministro de Defensa Rafael Rey- pidiendo que no se realicen estos juegos de guerra, deberíamos agendar los propios. Nadie quiere por supuesto animar un clima de hostilidades; sería absurdo. Pero tampoco debemos permanecer pasivos ante las maniobras y ensayos del sur. Deberíamos empezar por remover la desértica franja costera que tenemos entre Tacna e Ilo, abriendo zanjas o levantando lomos de piedra, como lo han hecho los chilenos en Arica. Igualmente deberíamos asistir a las maniobras militares de la "Operación Tarapacá 2009". Y analizar con rigor las potencialidades del vecino. Está probado que en combate, la mejor arma sige siendo el hombre.
De otro lado, seguimos desarrollando este capítulo doloroso de nuestra historia, tratando de explicar el impacto económico que tuvo para Chile la conquista de nuevos territorios en la Guerra del Pacífico y el usufructo de sus recursos naturales. Luego de repasar el valor económico que tuvieron el guano de las islas y el salitre, iniciamos una serie de artículos sobre el tercero de los más preciados recursos que aportaron los nuevos territorios conquistados: el cobre. (Nota del editor).


El capital norteamericano

Como todo recurso natural perecible, el ciclo del salitre, lo mismo que el guano, llegó a su fin. Dos hechos se sumaron a la desaparición del salitre: la llegada de capitales norteamericanos a nuevas áreas mineras y el invento alemán del salitre sintético.


A partir de 1925 llegó a Chile capital y tecnología norteamericana. Nacen las ciudades María Elena y Pedro de Valdivia, llamadas "ciudades del nitrato", elemento químico éste necesario para el tratamiento industrial del cobre.

Por otro lado, el salitre sintético inventado por químicos alemanes durante la Prirnera Guerra Mundial originó que la industria del salitre declinara lentamente hasta la crisis financiera de la Bolsa de Nueva York, en 1929. A partir de esta fecha la mayoría de las salitreras de Tarapacá, Antofagasta y Atacama paralizaron sus labores, convirtiendose en un conjunto de ruinas abandonadas y saqueadas en el desierto.

Hubo excepciones como la oficina Chacabuco, en el cantón Central, que continuó trabajando hasta 1938 y se ha mantenido hasta hoy en precario estado; Santa Luisa (que operó hasta 1943) y Alemania (hasta 1973), en el cantón Taltal; así como las oficinas María Elena y Pedro de Valdivia, pertenecientes a la Sociedad Quimica y Minera de Chile S.A. (SOQUIMICH), que han seguido operando hasta nuestros días.

En 1996, sin embargo, cerró el campamento de la oficina Pedro de Valdivia.

El historiador chileno Eugenio Pereira Salas observa este cambio de los territorios conquistados y su aporte al desarrollo de la economía de Chile:

“El país se bifurca en áreas diferentes. El norte minero de Antofagasta y Tarapacá forma una clase desconocida en nuestra historia. Es un ambiente frenético, cuna de la conciencia del individualismo capitalista, frente a las concepciones tradicionales del resto del país. Un nuevo tipo de sociedad, sin arraigo colonial, sin encomienda o latifundio, más liberal en sus concepciones, más realista en su conducta, iba surgiendo allí, al borde de la pampa, donde a su vez el proletario naciente ensaya sus primeras reivindicaciones”.

El naciente Chile industrial, apoyado por capitales norteamericanos, tiene al cobre como su nuevo abanderado de desarrollo. Las fundiciones de este mineral dan paso a nuevas ciudades, nuevas costumbres; germinando una clase capitalista nueva, como bien anota el historiador chileno "desconocida en nuestra historia".


La era del cobre

Al igual que el resto de países andinos, Chile tiene una relación de origen con la minería. Aún desde tiempos prehispánicos los habitantes de esta parte del territorio sudamericano se relacionaron con los frutos de la tierra.


La explotación de minerales continuó en la Colonia y República, aunque no tuvo la importancia en calidad ni volumen que alcanzó en Bolivia o Perú.


Aún así, existen evidencias de que Chile exportaba cobre aún antes de la mitad del siglo XIX. Según información de fuentes chilenas la mayor producción chilena de cobre de ese siglo se registró en 1876, con 52.308 TM.


La caída de precios de los minerales alrededor de 1870 afectó el desarrollo minero de Chile, lo que coincidió con el descubrimiento de grandes depósitos cupríferos en España y EE.UU., además de la aplicación de técnicas más avanzadas.

De alguna manera, la exportación del salitre en el siglo XIX retrasó el desarrollo de la explotación del cobre. Su crecimiento sería visible recién en el siglo XX con el ingreso de capitales norteamericanos.


La explotación del cobre a gran escala empieza en 1912 con la mina El Teniente. En 1915 se abre Chuquicamata. En 1923, Potrerillos y en 1950 El Salvador, los más importantes centros mineros de Chile.


El capital norteamericano en la minería chilena se consolida a partir de 1920. A decir del historiador chileno Anibal Pinto, la minería “ha sido y lo es todavía, el cordón umbilical de la alianza entre el imperialismo y la oligarquía nacional” .


Cifras de 1967 indican que la relación entre la producción de la gran minería extranjera y la pequeña minería nacional era de cinco a uno: en 1967 la producción cuprífera de la Gran Minería fue de 534,400 TM, en tanto que la de la Pequeñay Mediana Minería fue 123,800 TM.


El cobre ha sido -y sigue siendo- tan importante en la historia del país del sur que no es posible entender su desarrollo sin el aporte de este mineral... (continuará).

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P.d. Un abrazo a todos los periodistas en su día. El 1 de Octubre se celebra el Día del Periodista en el Perú.

19 septiembre, 2009

Las riquezas de los territorios perdidos VI

Nota del autor.- Ahora que Chile anuncia su ejercicio de guerra llamado "Salitre", en la que un país ficticio -Tarapacá- se resiste a aceptar los tratados internacionales y es atacado por aire, mar y tierra, es conveniente continuar con esta serie histórica sobre el enorme impacto económico que tuvieron los recursos apropiados por Chile a Perú y Bolivia en la Guerra del Pacífico. Conocer no es provocar. Es simplemente ser conciente del pasado para que nunca más vuelva a repetirse. Sigamos la historia:

El salitre y la renta ordinaria de Chile


La economía chilena cambió con la guerra. El Perú perdió su acceso a las riquezas que en ese momento dominaban el mercado mundial. Perdió el salitre, considerado el “royalti” del siglo XIX.

Chile, en cambio, usufructuó el botín, pero a la larga actuó más como recaudador de impuestos. No fue exportador directo del preciado mineral. Cobró impuestos sobre las exportaciones del recurso, explotado por capitales y empresas internacionales en forma predominante.

Los recursos naturales que se agenció mejoraron sus ingresos fiscales.

Más del 50% de la renta ordinaria del gobierno chileno en 1910 provenían de los recursos expropiados en la guerra. En la primera década del Siglo XX, por ejemplo, la industria salitrera ocupaba más de 400.000 personas y exportaba 2.336.000 toneladas métricas.

La guerra definió el desarrollo de Chile y lo dividió en un norte minero y un sur agrícola, exportador de materias primas e importador de bienes de consumo.

El historiador chileno Francisco Encina -citando a su compatriota historiador y urbanista, Eugenio Garcés Feliú, “Las ciudades del Salitre”-, no deja dudas de la forma abrupta en que se interrumpió el crecimiento económico que el Perú tenía en el manejo de la exportación del salitre (1) .

La investigación de Encina demuestra que hasta 1878 el Perú producía el 57% del salitre del mundo. Inglaterra producía el 20%, Chile el 14% y Alemania el 7%. Para 1895 la realidad era otra. Perú había desaparecido del mapa. Inglaterra producía el 60% y Chile el 13%. Finalmente, en 1965, Chile dominaría la producción mundial de salitre con el 65% de participación.

El Instituto de Economía de la Pontificia Universidad Católica de Chile (2), afirma por su parte que la Minería que hasta 1879 significaba para Chile 80.868 millones de pesos, subió al doble al final de la guerra, en 1883: 162.031 millones de pesos.

En cuanto a la producción del mineral, los números son elocuentes. El salitre pasó de 59,344.111 kilogramos al comienzo de la guerra a 559,646.321 kilogramos al final de la misma; diez veces más.

El historiador chileno Eugenio Garcés resume así lo que significó para su país la anexión de los territorios conquistados (3) .

- La actividad salitrera tendió un puente entre el siglo XIX de la Revolución Industrial y el siglo XX de la Modernidad.

- La explotación del salitre está asociado al desarrollo de la producción agrícola.

- Aportó al desarrollo de Chile.

- El norte de Chile se incorporó a la actividad productiva a partir de la explotación, beneficio y exportación del salitre.

- El desierto de Atacama, poco apto para la agricultura, empezó a ser explotada a partir de la década de 1870 a partir del beneficio de un recurso abundante como es el salitre.

- La explotación del salitre permitió la organización del territorio a partir de la construcción de oficinas salitreras, ferrocarriles y puertos.

- Se construyeron numerosas instalaciones industriales, oficinas de equipamiento y viviendas- Una extensa red ferroviaria conectó las oficinas salitreras con los principales puertos: Tocopilla, Antofagasta, Mejillones, Caleta Coloso y Taltal.

- Se desarrollaron represas y bocatomas de agua sobre el río Loa, captación de aguas subterráneas y la primera planta desalinizadora solar de agua en el mundo (1872).

- Se puede afirmar que con la posesión y usufructo de los territorios conquistados, Chile ingresa con buen pie al desarrollo de la Revolución Industrial al instalar en esos lugares verdaderas Villas o Ciudades Industriales.

- Entre 1860 y 1870 comenzaron las actividades salitreras en la región, en particular en las inmediaciones del actual puerto de Antofagasta (1869), con la fundación de oficinas salitreras, labor que más tarde se amplía a las áreas que constituirían los principales cantones de la región: El Toco, Central, Aguas Blancas y Taltal.

- Capitales ingleses, chilenos y alemanes principalmente (ignora los capitales peruanos), contribuyeron al desarrollo de las oficinas salitreras, a partir de la disposición de 1os tres elementos básicos de la ciudad industrial, cuales son la industria, 1os equipamientos y la vivienda.

- Se calcula que se abrieron 70 empresas salitreras con capitales chilenos y extranjeros.

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1 Garcés Feliú, Eugenio. “Las ciudades del salitre”. Impresos Esparza. Santiago de Chile, Chile, dicembre de 1999.

2 Braun, Juan / Braun, Matías/ Briones, Ignacio y otros. “Economía chilena 1810 – 1995: Estadísticas Históricas”. Oficina de Publicaciones. Santiago de Chile, Chile, enero, 2000. P.25.

3 Garcés Feliú, Eugenio. Op. Cit

29 agosto, 2009

Las riquezas de los territorios perdidos V

La exportación salitrera *

El salitre fue el segundo producto exportable que explica la riqueza de Chile. Diversos historiadores han estudiado el impacto económico que significó para el vecino del sur la apropiación del salitre. En esta oportunidad presentamos tres cuadros que en conjunto explican cómo la guerra nos despojó de uno de los recursos más importantes para nuestra economía.

La primera serie histórica es 1830 hasta 1860 y fue publicada por el historiador Emilio Romero en su libro “Historia económica del Perú”, Tomo 2. Así se movía la exportación de salitre peruano diecinueve años antes de que estalle la guerra:


El crecimiento geométrico permite comprender el peso que tuvo este mineral en los ingresos del fisco peruano. Si en la década del 30 al 39 del siglo XIX, se exportaba 1 millón de quintales, treinta años más tarde, entre el 60 y 69, una década antes del conflicto, esta cifra se había multiplicado por veinte.

La segunda serie histórica, entre 1870 y 1879, es del historiador Jorge Basadre. El autor de “Historia de la República del Perú”, toma como referencia las cifras anotadas en el puerto de Liverpool, la puerta de entrada a Europa. En este periodo las exportaciones salitreras son fluctuantes:


La tercera serie histórica es del embajador Juan Miguel Bákula quien reproduce las cifras de producción y comercialización de salitre posteriores a la guerra, de una investigación realizada por Carlos Palacios Moreyra.

Aquí se observa la evolución que tuvo la exportación y el precio por quintal del salitre desde 1880, en pleno furor de la guerra, hasta el crack económico mundial de 1929.

"En los primeros años, hasta 1881, el precio se mantuvo alrededor de 14.5 y 15.5 peniques el quintal, para bajar en la medida que aumentó la producción a 12 peniques", refiere Báckula.

“Sin embargo, al comenzar el siglo XX la demanda aumentó, también por requerimientos industriales del armamentismo creciente, con el consiguiente beneficio pues hacia 1910 los nitratos chilenos abastecían cerca del 70% de la demanda mundial”.

Según estas cifras la exportación de salitre al finalizar la guerra, se triplicó, y los impuestos para el Estado chileno, también.

Sólo el descubrimiento alemán del salitre sintético y la posterior caída de la economía mundial en 1929 motivaron su paulatino descenso en las exportaciones chilenas. (Continuará...)



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* Con este artículo retomamos nuestra serie histórica sobre lo que significó para el país vencedor la conquista de territorios en los que se encontraban los principales recursos naturales de los países vencidos.

18 mayo, 2009

Las riquezas de los territorios perdidos IV

Impuesto, terremoto y nacionalización

Una cadena de hechos ocurrió con el salitre pocos años antes de la guerra. Las consecuencias de estos hechos –impuesto, terremoto y nacionalización-, impactaron de manera definitiva sobre los tres países involucrados en la Guerra del Pacífico.

Durante la guerra de anexiones entre Perú y Bolivia el mariscal Santa Cruz declaró un impuesto del 4% a todas las riquezas que salieran de Tarapacá.

Esta medida afectó a las empresas de capitales extranjeros y nacionales que explotaban el salitre en esa región.

Gamarra para luchar contra Santa Cruz tuvo ayuda de Chile; esto lo obligó luego a declarar la liberalización de los derechos aduaneros, renunciando al legítimo derecho que tiene todo Estado de recibir una renta o regalía por el usufructo de sus recursos naturales.

El 13 de agosto de 1868 Tarapacá fue sacudido por un fuerte terremoto que arruinó su incipiente economía salitrera.

El sismo destruyó el muelle de Iquique, terminando con el salitre almacenado en sus bodegas. El precio del producto subió iniciando el punto de partida de su veloz crecimiento y exportación.

Según la historiografía chilena, para ayudar a la reconstrucción de su ciudad, el alcalde de Tarapacá acordó cobrar un arbitrio de 20 centavos por quintal.

Basadre, sin embargo, anota que “un decreto del 30 de noviembre de 1868 (firmado por Balta y García Calderón) estableció un impuesto de 4 centavos por quintal sobre la exportación del salitre”.

El historiador peruano Emilio Romero afirma que desde 1873, el Perú se fijó en el salitre como una forma de salir de sus apuros financieros ante la caída del guano.

Ese año Pardo creó el Estanco del Salitre, por el cual el Estado compraba la producción.

En realidad, la idea inicial de Pardo era aplicar un impuesto según el precio del mercado. Pero los pequeños y medianos mineros, se opusieron y fueron ellos los que propusieron la creación del Estanco, mediante el cual el Estado se comprometió a comprar la producción.

Este sistema de nacionalización indirecta del salitre fue combatida por los grandes mineros acantonados en Tarapacá quienes tenían deudas contraídas por adquisición de maquinaria.

En 1875 la Ley del Estanco del Salitre se derogó y se ordenó la expropiación de las salitreras para su completa –esta vez sí– nacionalización.

No fue un buen negocio para el estado peruano esta nacionalización de las salitreras. Como anota el historiador Basadre citando a su vez al historiador José M. Rodríguez, la medida impuso al gobierno dos operaciones difíciles de vigilar: la producción y la exportación.

14 mayo, 2009

Las riquezas de los territorios perdidos III

La aparición del Salitre

El salitre está ligado a la etapa más dolorosa de nuestra historia. Por eso se puede afirmar que si el guano abrió una etapa de abundancia, la codicia por el salitre truncó este auge a consecuencia de la guerra.

El primer título que se concedió sobre el salitre en estas tierras fue en 1571, cuando el Rey Felipe II, por Real Cédula, reservó para sí el recurso y creó el Estanco del Salitre . Los jesuitas lo explotaron luego hasta 1767.

A fines de la siguiente década, en 1778, una expedición científica española a cargo del naturalista Dombey divulgó en Europa la existencia de depósitos de Nitrato de Sodio en las Pampas de Tamarugal en Tarapacá.

En 1809 Tadeo Haencke realizó los primeros estudios científicos del salitre y logró mediante una técnica de reducción el estado puro del nitrato.

Setenta años después, en 1878, Santiago Humberstore introdujo el método de lixiviación del nitrato con lo que quedó listo para su uso comercial.

La explotación del mineral llegaría recién en 1820, pero empezó a ganar mercado una década después.

Las primeras exportaciones

En 1835, Perú y Bolivia exportaban 166 mil quintales a 2 pesos 2 reales el quintal.

En el siglo XIX el mercado mundial se desarrollaba en el Atlántico. En ese escenario, el Perú estaba en desventaja geográfica. Para llegar a España, Alemania o Inglaterra -los principales mercados-, los buques cargados con el salitre debían salir por el Estrecho de Magallanes.

Los puertos que más desarrollaron en esa época fueron los del Atlántico sudamericano, principalmente Buenos Aires, Sao Paulo. A ello se sumó la participación del puerto chileno de Valparaíso que opacó el desenvolvimiento del Puerto del Callao en el Pacífico.

Por lo general, las transacciones comerciales del salitre se hacían en Valparaíso. Por esa razón, se creía en Europa que el salitre que llegaba de este puerto era chileno. Esta idea se reforzó con el origen extranjero que tenían las principales empresas exportadoras del mineral: inglés, alemán, chileno y peruano. (Continuará...)

11 mayo, 2009

Las riquezas de los territorios perdidos II

La prosperidad falaz

La Guerra del Pacífico significó para el Perú la pérdida de sus campos ricos en nitratos y la mayor parte de sus decrecientes reservas de guano.

Para tener una idea del colapso económico que significó la guerra anotaremos un dato: de 20 bancos que había en 1877 en el Perú sobrevivió sólo uno, el protegido Banco de Londres, México y Sudamérica, de propiedad europea.

El Perú perdió su sistema fiscal. Quedó quebrado. La inflación llegó a 800%. Los ingresos del gobierno se redujeron a menos de un tercio del nivel anterior a la guerra.

Gootemberg anota: “Los dos legados de la era del guano fueron una deuda extranjera impagable de unas 40 a 50 millones de libras y una red de ferrocarriles a medio hacer a lo largo de los Andes” .

Durante cuarenta años, el Perú exportó unos 11 millones de toneladas de guano lo que generó ingresos del orden de los 750 millones de dólares. La disparidad es notable en relación al cálculo de Pardo: 150 millones de dólares en cincuenta años. En todo caso, la cifra es asombrosa para el mercado mundial del siglo XIX.

El historiador Jorge Basadre llamó a esta etapa la “prosperidad falaz”.

Pero si el guano había sido el producto estrella del naciente estado peruano, todavía estaba por comenzar el auge de otro recurso natural que también se encontraba en abundancia en los territorios perdidos en la Guerra del Pacífico: el salitre. Esta historia continuará...

06 mayo, 2009

Las riquezas de los territorios perdidos I

La naciente República y el guano

El guano fue la principal materia prima que la naciente república independiente del Perú utilizó para sostener su precaria economía. Este fertilizante natural logró no sólo un aumento de los ingresos fiscales, sino que permitió a la aristocracia criolla peruana una holgura económica llena de lujos y confort debido al manejo monopólico que tuvo de este recurso.

Manuel Atanasio Fuentes en sus “Estadísticas de Lima” revela que el 5% de la población pagaba el 65% de las importaciones, principalmente artículos de lujo, vestido, casa, refinada comida y bebida producida en Europa para la nueva y acomodada clase limeña.

Paul Gootemberg afirma que el descubrimiento europeo del guano ocurrió en 1841, dos décadas después de nuestra independencia, y que su influencia en las finanzas públicas tomó desde 1845 hasta antes de la guerra con Chile.

La explotación de este recurso dinamizó el crecimiento de la economía peruana. De menos de 700 mil dólares que se exportaron en 1845 (24,701 TM), se saltó a 6 millones de dólares en 1853 (316,116 TM), lo que representó tres cuartas partes de todas las exportaciones de la época.

En ese mismo periodo de tiempo las importaciones peruanas se duplicaron a unos 6 millones de dólares. Había tantos recursos que se empezó a pagar la deuda.

Entre 1852 y 1857 las exportaciones del guano subieron de 4.3 millones de dólares anuales a 12.5 millones de dólares al año, hasta que se estabilizó en alrededor de 20millones de dólares anuales en la década siguiente.

“Para 1860 el presupuesto del Perú era de alrededor de 20 millones de dólares, tres cuartas partes de él gracias al guano”, señala Gootemberg.

Sin embargo, todo crecimiento, si no es convenientemente administrado tiene sus riesgos. Para 1865 el boom del guano hizo que estallara la inflación. Ese año los precios se elevaron en 70% en tanto que los salarios cayeron a una cuarta parte de lo que fueron en la primera década exportadora.

José Casimiro Ulloa advirtió en 1860 -diecinueve años antes de la Guerra del Pacífico-, que “las exporaciones del guano sólo podrían mantenerse por quince años más”.

Dos años después el jefe de finanzas, José Gálvez, dio a conocer oficialmente la mala noticia: las oscilaciones del precio del guano en el mercado mundial habían hecho que técnicamente el Perú quedara en bancarrota.

En 1864 vino la guerra con España, muy costosa desde el punto de vista financiero. En medio de la guerra, España tomó brevemente las islas guaneras.

Poco a poco, cayó la época dorada del guano. Manuel Pardo, líder y fundador del Partido Civil, señaló en su “Estudio sobre Jauja”, la necesidad de impulsar la conexión de los bolsones productores locales, buscando alternativas a la riqueza del guano.

Pardo señaló que durante los últimos cincuenta años el guano había dado al Perú unos 150 millones de dólares de renta pero que dicha riqueza –pasada la mitad del siglo XIX- “fue ya y el recuerdo es inútil” para el desarrollo.

En 1869 el Perú destinaba la cuarta parte de los 4 millones de libras que generaba el guano al pago de la deuda que ascendía a 35 millones de libras. Para 1876, los 2.6millones de libras que generó el guano sirvió para pagar sólo los intereses de la deuda.

Así, tres años antes de la guerra hubo imcumplimiento de pago al mercado de Londres. La crisis económica de 1876, originó que se detuviera la construcción de ferrocarriles. 20 mil obreros quedaron sin trabajo. Los hacendados, sin crédito en los bancos, dejaron de sembrar. El país se paralizaba.

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A partir de hoy publicaré de forma periódica una serie de artículos organizados bajo este título, que reúne información preliminar sobre las riquezas naturales que Chile heredó de la Guerra del Pacífico y que resultaron extraordinarios recursos económicos para su desarrollo.

No hay ninguna añoranza, ni afán revanchista, ni encono, ni antichilenismo. Es sólo un ejercicio por presentar de manera ordenada la información contenida en diversas investigaciones históricas.

Los artículos fueron escritos a fines del 2007 y forman parte del tercer capítulo de un trabajo académico presentado para obtener un diplomado sobre Relaciones Internacionales Perú, Chile y Bolivia dictado por la Cátedra Mariátegui en convenio con la Universidad Particular Ricardo Palma.
LACH.