03 junio, 2018

Escudo de promoción


Todos los muchachos nos emocionamos con pintar nuestras camisas al terminar quinto de secundaria. Es una tradición colorear y llenar de mensajes de despedida las camisas de promoción, pero también puede considerarse un símbolo de liberación. Una manera de poner fin a la monotonía de vestir iguales durante cinco años —el pantalón y chompa gris oscuro, camisa blanca—. Una forma de dejar una huella en una prenda de los compañeros que probablemente no veremos más.

Es también una suerte de tatuaje camuflado. Si no puedes pintarte el cuerpo, al menos puedes hacerlo en la camisa. Grupos de música, rostros de cantantes, símbolos deportivos, escudos extranjeros, calaveras, cadenas rotas, dragones, águilas, serpientes aladas, eran los símbolos que la mayoría de mis amigos del colegio Roque Sáenz Peña de San Miguel escogió como elemento central de su pequeño mural de tela de vestir.

Yo elegí el escudo nacional.

¿El escudo nacional? los muchachos se reían al ver mi dibujo. No podían entenderlo. Un elemento que habíamos usado siempre en el colegio, un símbolo de la Patria, dibujado de manera gigante en tu espalda, no era precisamente un monumento a la irreverencia.

Era el comienzo de los ochenta, el país recobraba su democracia tras doce años de dictadura y la juventud se abría al mundo. Si de algo estaban un poco hartos los jóvenes de la época era de los símbolos nacionales, usados hasta el hartazgo por el gobierno militar.

Para mi, en cambio, el escudo simbolizaba lo que sentía el colegio me había dado. Una identidad, un sentido de pertenencia a una comunidad. Una historia común. Era como graficar un sentimiento de orgullo por haber nacido en este país. Los dibujos copiados de casacas de motociclistas hippies los sentía ajenos, cuando no frívolos.

Escogí mi mejor camisa blanca manga larga para dibujar el escudo nacional. Recuerdo que pensé en usar tinta de color para pintar el escudo, pero al final lo hice solo con tinta negra. Me tomó unos días delinear su forma. No recuerdo otra camisa pintada con un símbolo patrio.

Un día, una de las compañeras de la promoción me pidió la camisa para dejarme un mensaje. Eran los momentos finales del colegio. Pasaron días, luego semanas y nada. Terminó el colegio y yo me olvidé de la camisa. Muchos años después, la encontré y conversando de varios temas salió el de la camisa. Me dijo que aún la conservaba, que la tenía dentro de una bolsa, limpia y dobladita... y que algún día me la retornaría.

Nunca más la volví a ver. Ni a ella, ni a la camisa. 

Hoy que veo estos polos con el escudo impreso en el pecho me acordé de mi camisa de promoción. Los tiempos han cambiado. El orgullo nacional se exhibe en forma abierta. Se grita. Se lleva a todos lados. El escudo nacional ha pasado de la espalda al pecho. Y ya no es necesario dibujarlo. Lo encuentras en un polo que puedes comprar en cualquier sitio. Y si estás fuera del país puedes adquirir tu camiseta por internet. 

El escudo nacional es ahora un ícono de pertenencia y orgullo y, estoy seguro, un motivo de inspiración mucho más popular en las camisas de promoción de los muchachos de hoy en día.



27 mayo, 2018

Cambios en las alturas


Occopata es una comunidad rural andina, en la que se respira el cambio. Hasta hace diez años tenía un camino afirmado que la distanciaba del Cusco. Hoy cuenta con una carretera asfaltada que permite llegar a la capital de la región en 20 minutos.

Hasta el 2007 no había teléfonos. Apenas un aparato público que funcionaba a energía solar y con una tarjeta que permitía recibir llamadas más que hacerlas. Hoy tienen electricidad, señal de televisión abierta y teléfonos celulares que llegan con buena señal incluso en los alejados y elevados campos de cultivo.

Casi la totalidad de hijos de estas familias campesinas salieron de la comunidad y estudiaron carreras técnicas agropecuarias en institutos. Algunos se fueron a estudiar a Cañete, Ica y otros a Lima.

Muchos de ellos están regresando a Occopata. Vienen a veces con sus nuevas familias y también con nuevas ideas. Abren agroveterinarias, crían cuyes o instalan fito-toldos o invernaderos para contrarrestar las heladas, una característica de las zonas altoandinas, y de Occopata ubicada a 3.950 m.s.n.m. En estos pequeños invernaderos cultivan fresas o rosas para venderlas en el mercado.

También hay pequeños invernaderos en los colegios, en este caso, apoyados por el Centro Internacional de Post Grado de la Universidad San Ignacio de Loyola en Cusco. Los niños aprenden aquí a cultivar el alimento y a luchar contra la helada. 

Jóvenes de la Universidad de Arizona que estudian en la USIL-Cusco han instalado sistemas de filtración y potabilización de agua en los colegios de Occopata para mejorar la salud de los niños. La universidad busca ahora extender esta experiencia a cada vivienda. Sería una revolución silenciosa. El agua contaminada que consumen nuestros campesinos les impide absorver eficazmente los nutrientes de los alimentos.

Las 500 familias que viven aquí se dedican principalmente a la agricultura y crianza de ovejas. Cultivan sobre todo papa de la que conservan cerca de 300 variedades. La Universidad Nacional de San Antonio Abad del Cusco viene brindando asesoría mejorando la calidad de las semillas. USIL también asesora en la  elaboración de planes de negocio que permitan mejorar los ingresos de las familias.

Por ahora, los lugareños siembran la papa de manera mixta o mezclada, es decir, diversas variedades en un mismo terreno. Pero, en el siguiente periodo de siembra, pondrán las semillas de una variedad en un mismo surco, para mejorar el trabajo de post cosecha.

En términos generales, la economía de Occopata responde a la descripción que John Murray hizo en los años setenta, es decir, control vertical de la tierra en los diversos pisos altitudinales. Los comuneros poseen tierras en diversos nichos ecológicos para asegurar la diversidad de sus productos.

El impacto climático amenaza y profundiza este, de por sí, precario equilibrio medioambiental. La educación, la mejora en la infraestructura, las nuevas tecnologías y la asesoría técnica, se suman a la economía vertical, causando un impacto positivo en la comunidad de Occopata.


Sembrar rosas o fresas en plena helada, identificar la papa nativa que requiere el mercado, hacer planes de negocio, estar conectados con celulares, y regresar a la tierra para emprender un negocio o interesarse en la política y pensar en asumir cargos públicos por elección, son señales de estos nuevos vientos que soplan en las alturas y los cambios que vienen ocurriendo en nuestras comunidades campesinas. La imagen de este niño hablando por celular a casi 4 mil metros de altura, quizás simbolice el cambio que se siente aquí.

20 mayo, 2018

La memoria larga de la Nación


En el país se ha puesto en discusión el tema de la memoria. No la memoria de las personas, sino de la Nación, de la colectividad, de los hechos que ocurrieron entre 1980 y hoy y que algunos no quieren aceptar que ocurrieron, o no quieren entender o simplemente quieren tergiversarlos o negarlos.

La verdad, como la Historia, es una sola, aunque la mayoría de las veces, en la práctica, existan muchas “opiniones” y muchas “mentiras”. La historia la escriben los vencedores, dijo George Orwell. La historia, sí, pero el relato de los hechos, no necesariamente apuntan a la verdad.

En el Perú el proceso post violencia terrorista no termina. Ni de cerrarse, ni de comprenderse. Mucho menos de superarse. Es una herida abierta. Lo demuestra el hecho de que exista hoy un grupo de poder que pretenda alterar la memoria y re-escribir la historia.

En el Perú hubo terrorismo. Sí. Es una verdad tan grande como el atentado a Tarata. Pero también hubo asesinatos extrajudiciales a manos de las Fuerzas Armadas contra campesinos y contra terroristas y allí están Putis, Accomarca y otros para señalarlo.

Reconocer que se cometieron delitos en ambos lados no es ser pro terruco. El Lugar de la Memoria (LUM) está allí para recordarnos a todos lo que pasó. No lo que hubiéramos querido que pase.

Es doloroso reconocer los hechos de sangre que hubo en nuestro país en nombre de la democracia. Como es terrible reconocer que hubo grupos organizados que combatieron contra Estado y el gobierno con métodos terroristas.

Pero es necesario aceptar los hechos tal y como fueron si en verdad queremos no volver a cometerlos. Acomodar la historia a un plan para hacernos creer que la estrategia anti-subversiva estuvo exenta de crímenes es alterar hoy nuestra memoria corta para afectar la memoria larga.

Hannah Arendt nos enseña que borrar la línea divisoria entre la verdad de hecho y la opinión es una de las muchas formas que la mentira puede asumir.

La memoria larga del país es necesaria para saber quiénes somos, qué hicimos y a dónde vamos. Tergiversar los hechos, repetir mentiras de forma permanente o simplemente eliminar aquello que no reconocemos, puede, de tanto insistir, alterar la memoria larga de la Nación que es la única que como ocurre en nuestro cerebro, consiente almacenar información por periodos extensos. No permitamos que cierren el LUM.



13 mayo, 2018

¿Conspiración?


Hace bien el presidente Martín Vizcarra en deslindar que no fue parte de un complot o conspiración para defenestrar al presidente Pedro Pablo Kuczynski. Aunque la traición sea moneda corriente en política, no es nunca una buena compañera.

Era necesario hacerlo porque venía cargándose una nube negra en torno a la renuncia de PPK en el sentido de que había sido víctima de una conspiración para expectorarlo del poder. ¿Hubo realmente una conspiración? ¿Fue Mamani un lobo solitario o fue mas bien parte de un esquema mayor, una pieza seleccionada para cumplir una misión?

Algún día se sabrá. Lo cierto es que actuó con intención proterva, oscura, cainita. Buscó,  promovió y logró pescar en cocha sucia. Su deleznable acción no limpia a quienes cayeron en su trampa. Pero héroe de la democracia... ni por asomo.

Kuczynski renunció legalmente. Se adelantó, se asustó o se cubrió. Sea como sea, tiró la toalla y Vizcarra la recogió legalmente. Hoy sabemos que arrinconado por la amenaza de los audios o para librarse de una inminente censura parlamentaria, el plan de PPK fue renunciar con sus dos vicepresidentes y tirar todo por la borda.

Mercedes Aráoz se lo pidió a Vizcarra directamente, pero el entonces embajador del Perú en Canadá, ante la disyuntiva de patear el tablero o aferrarse a la sucesión constitucional, prefirió lo segundo. Y así se lo hizo saber al propio Pedro Pablo.

¿Fue la decisión de Vizcarra parte de un acuerdo? ¿Hubo en su determinación solo un análisis personal o de su entorno? ¿Y el premier Villanueva? ¿Su diligencia para promover la vacancia de PPK respondió también a un plan mayor? ¿O lo hizo pensando en el país? ¿Para salir del entrampamiento en el que estábamos? ¿Mamani es solo un taimado traidor o parte de un complot?

Ante los rumores de conspiración cada vez más altos, el presidente Vizcarra se vio obligado a salir esta semana a decir que NO. Que no hubo tal conspiración. Que él decidió asumir el derrotero legal que la historia le puso en el camino. El presidente Vizcarra reveló que durante su conversación con Kuczynski fue claro en señalar que si bien era leal a la presidencia, también lo era con el país.

En palabras de Vizcarra, le dijo a PPK: “lo que más quisiera es que termine su periodo de mandato, y estoy para respaldarlo. Pero si en caso por un factor que establece la Constitución no puedo renunciar, no es una falta de lealtad... pero tengo una responsabilidad con el país'". ¿No podía renunciar el primer vicepresidente? Nadie puede discutir ahora el resultado. La sucesión democrática funcionó y el país sigue su marcha.

¿Es esta la verdad? Eso es otra cosa. Algún día quizás la sepamos. Nos quedamos mientras tanto en la esfera política.